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Cómo la secularización social en España llega a la celebración de las primeras comuniones

El juez de menores Emilio Calatayud publicó en su blog una entrada haciendo hincapié en la pérdida de identidad de las comuniones y pidiendo mesura en las mismas: “Lo que antaño era un chocolate con churros y un relojito, hoy es un almuerzo ‘masterchef’, un viaje a EuroDisney y el móvil de última generación”.

Existen momentos para las familias cristianas que están destinados a dejar huella. Momentos que se cuidan especialmente, destinados a permanecer nítidos e intactos en nuestra memoria. La comunión es uno de ellos. Será el primer paso del niño en la vida de fe adulta y es la puerta de entrada a una relación más personal y consciente con Dios, un cambio grande en su vida espiritual.

No es casual que se celebre en primavera, no es casual que señale el fin de la primera infancia. La Iglesia, sabia maestra, ha custodiado los ritos de paso que la humanidad ha ido forjando desde tiempos ancestrales y los ha ido enriqueciendo, llenándolos de su significado más profundo.

La familia, ese lugar al que siempre se vuelve

En España, parece difícil no reconocerlo, la consecuencia necesaria de una larga secularización social se manifiesta en una repaganización de los ritos que la fe católica había ido modelando durante milenios en nuestra sociedad. De forma particular y no exclusivamente en las comuniones, el signo de la opulencia ha arrumbado la elegante y sobria austeridad que caracterizaba su celebración y ha introducido el exceso en la celebración y una correspondiente falta de moderación en el regalo. Las comuniones parecen convertirse en bodas y las bodas se llenan de espectáculos adicionales como si no bastará celebrar con un banquete la unión de los cónyuges. Este es un proceso que se repite en distintos ámbitos: con la pérdida del significado verdadero de lo que se celebra se genera una inflación que se cifra en el exceso en los detalles, en poner en primer plano lo anecdótico.

El signo de la opulencia ha arrumbado la elegante y sobria austeridad que caracterizaba su celebración y ha introducido el exceso en la celebración y una correspondiente falta de moderación en el regalo

Que este diagnóstico sea certero no debe hacernos caer en el pesimismo. Su santidad el papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, nos da pistas para retornar a una celebración más propiamente cristiana de cualquier rito. En este sentido, parecen escritas unas palabras para la comunión de nuestros hijos cuando dice que “quizás la invitación más contagiosa sea la del profeta Sofonías, quien nos muestra al mismo Dios como un centro luminoso de fiesta y de alegría que quiere comunicar a su pueblo ese gozo salvífico.” (…) «Tu Dios está en medio de ti, poderoso salvador. Él exulta de gozo por ti, te renueva con su amor, y baila por ti con gritos de júbilo» (3,17) y el papa Francisco, recogiendo la sabiduría secular del Antiguo Testamento, invita a disfrutar de lo que verdaderamente importa: “(…): «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […] No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14) (…)” (Exhortación apostólica Evangelii Gaudium).

Papilla, biberón y la tablet con control

Alegría y sencillez, celebración y reunión y poner en el centro lo que verdaderamente importa es la tarea de las familias que abordan cada comunión de uno de sus hijos tratando que ese día contribuya en todo y sirva a hacer posible “el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva». (Carta Encíclica Deus caritas est, Benedicto XVI)

Escrito por

Doctora en Derecho por la USP CEU. Profesora Adjunta de Teoría del Derecho. Secretaría Académica del Instituto de Estudios de la Familia.

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