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El antinatalismo . Sus implicaciones apocalípticas y su aceptación real en España

El antinatalismo salta a la palestra. Seguramente hay pocos antinatalistas “puros”, contrarios a engendrar nueva vida por creer que somos dañinos para el planeta. Pero en la práctica, los españoles se comportan como si fuesen en un 40% antinatalistas.

Antinatalistas. “Tié q’haber gente pa’tó”, dijo en memorable ocasión el torero El Gallo, cuando le presentaron a Ortega y Gasset y le explicaron que era filósofo, oficio que consistía en dedicarse a pensar. Se ve que en materia de natalidad y demografía ocurre lo mismo. Últimamente han salido en prensa artículos donde nos presentaban a los “antinatalistas”, gente que cree que no deberíamos tener hijos. Según ellos, el ser humano es tan dañino para nuestro planeta y sus ecosistemas que sería bueno que desapareciera. Que los humanos hemos producido cierto daño ecológico desde que comenzó la civilización, y más aún en los últimos 200 años, es innegable. Que eso no es ideal y que debemos procurar que ese daño sea de dimensiones pequeñas y razonables, también. Pero que no seamos capaces de lograrlo y podamos vivir indefinidamente en la Tierra de manera sostenible para nosotros y el medio ambiente es una afirmación harto discutible, máxime cuando hay una conciencia ecológico-conservacionista creciente en la opinión pública, la comunidad científica y las autoridades, en prácticamente todo el mundo.

También alegan los antinatalistas radicales que los seres humanos sufrimos mucho. Y, por esa razón, engendrar una nueva vida humana es hacerle una “gran faena” al hijo al que los progenitores traen a este mundo. Si así piensan, es de suponer que ellos mismos lo hayan pasado francamente mal en la vida, y cabe empatizar con su sufrimiento. Pero no creo que sea esa la percepción de la inmensa mayoría de sus prójimos. En primera persona, como todos, he sufrido mucho, y muchas veces. En no pocas ocasiones, de manera dolorosísima. Y seguiré sufriendo en el futuro. Pero la cara amable de la vida, la del gozo por pequeñas o grandes satisfacciones, físicas y mentales, mundanas y espirituales, materiales e intelectuales, al menos en mi caso, ha sido apreciablemente mayor. Me encanta vivir. Y nunca podré agradecer lo suficiente a mis padres por haberme engendrado con amor y por amor, y por haberme criado con el cariño con el que lo hicieron.

El apocalipsis de los antinatalistas

¿Qué ocurriría si los antinatalistas tuvieran éxito y convencieran mañana mismo a todo el mundo de no tener hijos? Veamos. Dentro de nueve meses, dejarían de nacer niños y todas las maternidades echarían el cierre, quedando en paro los que se dedican a atender embarazadas y partos. En los años subsiguientes, irían dejando de vender una escoba los proveedores de productos y servicios para niños pequeños: pañales, potitos, cunas, ropita de bebés, guarderías, vacunas, etc. Poco a poco, más y más profesores y pediatras quedarían sin trabajo, y dejaríamos de ver niños, chavales y jóvenes. En unos 20 años, habrían cerrado todos los colegios. En unos 30, la última universidad. Y en esos 20 a 30 años, el PIB ya habría sufrido una carcoma continua, por ser cada vez menos los consumidores, así como las inversiones en capacidad productiva e infraestructuras, que siempre han creado muchos puestos de trabajo, además del coste para el Estado en protección de los parados que se habrían ido generando (pediatras, empleados de maternidades, profesores, productores y distribuidores de ropa infantil y juvenil, de alimentos infantiles, etc.), salvo que se les dejase abandonados a su (mala) suerte.

Más que jugar en familia, padres e hijos deben compartir momentos que generen recuerdos

Los primeros signos del apocalipsis definitivo para la calidad de vida de los jubilados empezarían en unos 20 a 25 años y su llegada se notaría con mucha fuerza a partir de la mitad de este siglo, y no digamos con posterioridad: cada año habría muchos más jubilados nuevos que los que fallecerían, pero nadie ingresaría en la fuerza laboral para producir la riqueza de la que, entre otras cosas, sale el dinero para atender a los mayores (pensiones, sanidad, dependencia..). La vejez de los antinalistas actuales, y no digamos de los que son más jóvenes que ellos, sería espantosa, sin un Estado ni familiares más jóvenes que ellos para cuidarlos y cada vez menos gente produciendo los bienes y servicios necesarios para vivir. Y todo eso sin considerar la eventualidad de que, por ejemplo, en unos 40 o 50 años, otro país que no hubiese dejado de tener niños nos quisiera invadir. ¿Con qué soldados nos defenderíamos?

Un 40% de antinatalistas

Casi con certeza, los antinatalistas puros son muy pocos. Y, sin embargo, con nuestras pautas de fecundidad de los últimos 30 años, alrededor de un 30% de los españoles adultos con menos de 50 años han hecho o harán lo que los antinatalistas predican: no tener hijos. Y como los demás tampoco tienen muchos peques de media, nuestra fecundidad es tan baja que cada nueva generación de españoles tiende a ser alrededor de un 40% menos numerosa que la anterior. Muy probablemente, los antinatalistas explícitos y rotundos son cuatro gatos. Pero en la práctica –obras son amores y no buenas razones-, desde hace décadas, en conjunto, los españoles jóvenes y de mediana edad son ya en un 40% antinatalistas. Muy preocupante.

Escrito por

Ingeniero y consultor empresarial . Director de la Fundación Renacimiento Demográfico.

Ultimos comentarios
  • Casi todo el artículo es un lloro de, “hay que ver, que si no hay niños quien nos va a cuidar en el futuro”. Argumento un tanto egoista si se me permite añadir.

    cordial saludo.

  • es muy egoista imponer la vida a otros,no hay mas que razones equivocadas para procrear

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