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Pablo Ferrari: «Mi trabajo era la tecnología. Mi “hobby” eran los “homeless”»

La vida del emprendedor es dura, de eso sabe mucho Pablo Ferrari. Pero este ingeniero informático reconoce que otros lo pasan mucho peor y decidió iniciar un proyecto en Estados Unidos para ayudar a los sin techo.

Pablo Ferrari es un ingeniero informático madrileño de 36 años que trabaja en Silicon Valley. Está coyunturalmente en España, donde su mujer, Patricia, ha querido venir a dar a luz a su segunda hija. Apasionado por multitud de cosas, llega a la entrevista con dos maletas enormes en las que lleva cervezas para sus amigos.

Está metido en mil proyectos y las ideas le surgen a borbotones mientras habla. Empezó como consultor estratégico en una de las grandes consultoras mundiales, Bain & Company. Aprendió mucho, pero la vida en la corporación era muy dura. Por eso decidió emprender. El resultado fue mucho más duro todavía. Estuvo en ello 9 años. Y de aquellos proyectos sobrevive Ibercheck, una empresa española con muy buena salud.

Decidió irse a Estados Unidos, tierra de oportunidades, para seguir emprendiendo, pero la necesidad de un visado le hizo buscar un empleo. Lo encontró en Verbio, una empresa catalana de inteligencia artificial y voz que quería penetrar en el mercado norteamericano. Estuvo allí 2 años como head of Cognitive, pero decidió salir para abordar un nuevo proyecto de emprendimiento solidario que ayuda a los homeless de San Francisco, Berkeley y Oakland.

Jorge Martínez Lucena: ¿Cómo comenzó a ayudar a los sintecho?

Pablo Ferrari: En California es habitual tener un pet project, un proyecto personal que vas realizando en tus ratos libres. En Estados Unidos me encontré una situación de crisis humanitaria gravísima. He visto incluso dar a luz en la calle. Solo en San Francisco hay 7.000 personas que no tienen techo. Contando el área de la bahía, son unas 10.000. En todo el país hay medio millón de personas en esa situación, aunque muy probablemente las cifras estén muy maquilladas.

Jorge Martínez Lucena: ¿Qué tiene que ver un ingeniero de Silicon Valley con los pobres del Tenderloin de San Francisco?

Pablo Ferrari: Mi trabajo era la tecnología. Mi hobby eran los homeless. Yo solo los junté. Empecé con una metodología de investigación científica. Para saber cuál era el problema de aquella gente y cómo podía ayudarlos, inventé diversos métodos basados en diferentes hipótesis y me dediqué a probarlos haciendo trabajo de campo. Uno de esos métodos sacó de la calle al 71% de las personas con las que lo practiqué. Estuve trabajando en mis ratos libres durante cuatro años. Ayudé a unas 250 personas en total.

Pablo Ferrari montando casas nómadas en Homeless Camp

Jorge Martínez Lucena: Entonces, encontró un método bastante fiable.

Pablo Ferrari: Sí, lo llamo el método Campeón. Empieza con la selección. Me paro a hablar con ellos en la calle. Les doy un dólar. Les pregunto para qué lo van a usar. Busco personas que me digan que tienen un proyecto, que están ahorrando para realizarlo o algo así. Quedo con ellos al cabo de unos días en un lugar, a una hora concreta. Esa es la segunda prueba. Si están ahí según lo convenido, ya sé que son capaces de organizarse mínimamente. En el restaurante donde suelo quedar con ellos nos sentamos a la mesa y comemos mientras empezamos a trabajar su proyecto personal. Me da igual lo que sea. Algunos quieren ser músicos, otros quieren ir a ver a otro estado el partido de fútbol americano de su hijo, al que hace muchos años que no ven, otros quieren fabricarse un carrito mejor. Trabajando sobre eso acaban saliendo de la calle.

Jorge Martínez Lucena: ¿Ayudarlos a que realicen su proyecto les hace salir de la calle?

Pablo Ferrari: Sí, aunque es un proceso lento. Voy quedando con ellos. Voy ganándome su confianza. Al principio creen que soy policía, cazarrecompensas o incluso del cártel de la droga. Con el tiempo les voy haciendo conscientes de los recursos de beneficencia que tienen a su disposición, gracias a un libro que tengo con todo lo que las ONG ofrecen en la bahía. Poco a poco, vas observando cómo llegan al restaurante más arreglados. Es bonito. En la mayoría de los casos, llega un momento en que recuperan la autoestima, dejan el proyecto y salen de la calle. Es curioso, porque la mayoría deja inacabado su proyecto.

Jorge Martínez Lucena: ¿Y cómo se convierte toda esta experiencia en emprendimiento social basado en la tecnología?

Pablo Ferrari: Yo puedo ayudar poco directamente. La inteligencia artificial puede hacer funcionar el método Campeón a gran escala. Además, estar en la calle tiene un coste emocional que yo no sé cuánto tiempo podré sobrellevar. No puedes pasarte la vida así. La tecnología te permite hacer mucho más evitando una implicación personal que no siempre es posible. De mi experiencia con los homeless han salido dos grandes proyectos: uno sobre software y el otro sobre casas.

Jorge Martínez Lucena: ¿Casas?

Pablo Ferrari: Si un individuo no duerme, no puede tomar ni una sola decisión adecuada. Por eso, esta gente toma atajos a la felicidad y se mete en la droga y entonces se hunde. De ahí que se me ocurriese dedicarme a la infraestructura nomádica.

Jorge Martínez Lucena: ¿Infraestructura nomádica?

Pablo Ferrari: Hemos creado una tecnología para hacer casas por mero ensamblaje y desensamblaje. Todo está hecho de piezas planas, de tal modo que te puedes llevar 150 casas en un camión. Es ideal para los campos de personas sin techo que monta la ciudad, ya que los cambian de lugar cada cierto tiempo, y así no hay que destruir la vivienda de nadie cuando se decide trasladar a los homeless a otro lugar.

Jorge Martínez Lucena: Es decir, que dan también una solución a los políticos…

Pablo Ferrari: Sí. Estas casas son mucho más baratas que una casa al uso y, además, reducimos el coste del montaje, porque evitamos el trabajo humano. Una sola persona, sin tener conocimientos previos de nada, puede construir su casa entera en un par de días, sin hacer carpintería ni utilizar ninguna herramienta. El sistema lo ha inventado mi socio Álvaro Domínguez de Luna, que es un arquitecto de Marbella que también vive en San Francisco.

Nomadic camper en las calles de Berkeley

Jorge Martínez Lucena: ¿Cómo lo conoció?

Pablo Ferrari: En un hackerspace llamado Noisebridge. Allí va la gente a trabajar, a realizar proyectos. Tienes ordenadores, impresoras 3D, herramientas, wifi, que puedes usar gratis. Hacker allí no tiene un significado peyorativo. En California, es un piropo, alguien creativo y original. Álvaro estaba allí fabricándose una cartera para su móvil con un módulo de batería extraultraplana. Cuando vio la casa que yo estaba diseñando, se mondó de la risa. Si una cosa he aprendido es que, una vez tienes la visión clara, si persistes lo suficiente, acabas encontrando a las personas justas para ayudarte.

J.M.L.: ¿Y cuáles son sus proyectos en lo concerniente al software?

P.F.: Mi software se llama nomads.ai. Lo estamos trabajando con los case managers de la ciudad, los gestores de casos de la Administración. Con nuestro programa, si introducimos la información de cada uno de estos vagabundos, podemos saber cuál es la mejor casa disponible para ellos. Nuestra inteligencia artificial intenta predecir en qué lugar tienes que meter a cada una de estas personas para que le vaya mejor en la vida. Aunque el eye también puede ayudar a los case managers a dirigir a las personas con problemas mentales a la ONG que más les convenga, y cosas así.

J.M.L.: Entonces, ¿ su software asiste a los trabajadores sociales en la gestión de sus casos de vagabundos?

P.F.: Sí, pero también tenemos una aplicación que se llama Félix y que es el Siri de los homeless, un asistente directo para vagabundos. Tras el Obama-phone, todos tienen un teléfono móvil Android. Se lo regalan por estar en la calle. Si tú le dices a Félix: “tengo hambre”, él te dice dónde puedes ir a comer gratis a un lugar cercano. Si tú le dices: “me quiero duchar”, él te contesta en qué lugares lo puedes hacer. “Necesito un abogado”. “Soy veterano”, etc. Te contesta en función de la información que tiene almacenada sobre la ciudad, sacada del libro gordo que he mencionado antes.

J.M.L.: ¿Cómo elaboró esta tecnología?

P.F.: La hicimos con APIs de Google, con otro socio que conocí en una hackaton dedicada a ayudar a los homeless. Él se llama Deep, es ingeniero en Google. El reto consistía en estar 48 horas seguidas programando para hacer la mejor app de ayuda a los sintecho. Ganamos. También se sumó un freelancer muy bueno que se llama Saad. Nos dieron un premio de 2.000 euros. Pero lo mejor que saqué de ahí fue, de nuevo, el equipo.

J.M.L.: O sea, que uno de sus productos estrella está hecho en 48 horas de trabajo intensivo.

P.F.: Sí, pero lo hemos ido mejorando. Hemos añadido funcionalidades. Ahora, por ejemplo, cuando no te puede ayudar, Félix te ofrece pasar la información a algún vecino, para ver si él puede. De momento estoy yo solo dado de alta como vecino, porque estamos en fase de pruebas, pero después podremos ir añadiendo otros.

Pablo Ferrari en Tenderloin junto a un sintecho

J.M.L.: ¿Y cómo ingresarán dinero en su empresa non-profit?

P.F.: Los distintos Gobiernos serán nuestros clientes. Nuestra intención es que, una vez esta tecnología esté más madura, los que se metan en esta aplicación, sustituyéndome a mí, sean los case managers. Y, en caso de verlo bien la ciudad, también los vecinos que así lo deseen. De esto último tenemos dudas, porque puede resultar un poco disruptivo meter a gente no profesional en esto.

J.M.L.: ¿Qué más querría que hiciese esta aplicación?

P.F.: Me gustaría organizar a los homeless en una especie de sharing economy para el reciclaje en la ciudad. Hemos encontrado unas máquinas de reciclaje holandesas que cuestan 2.000 dólares y son pequeñísimas. Querríamos instalarlas en los campamentos de la ciudad, para que los homeless reciclasen ahí mismo. Si les metes envases de plástico, estas máquinas te devuelven un filamento enrollado para impresoras 3D. Una vez producido este rollo, podemos distribuirlo y comercializarlo, lo cual sería fácil, ya que es un producto de mercado; o bien instalar en el campamento una impresora 3D con la que se podría fabricar cualquier objeto de necesidad.

J.M.L.: ¿Con esto permitirían que los que viven en la calle tuviesen un primer modo de ganarse la vida?

P.F.: Queremos montar smart camps, campos inteligentes. Para ello necesitamos organizar una fuerza de trabajo compuesta por estos homeless. A través del teléfono móvil, como en Uber, sabemos dónde están. Si, con ayuda de los servicios públicos, sabemos dónde se tienen que recoger cosas y sabemos dónde hay que dejarlas, la aplicación para gestionar esa fuerza de trabajo es relativamente sencilla. Gracias a ella, nos podríamos organizar muy bien, limpiar un poco el entorno reciclando y, además, como dices, sacaríamos algún rendimiento para los homeless. Sería otro paso para salir de la calle.

Escrito por

Periodista, escritor y profesor en la Universitat Abat Oliba CEU.

Ultimo comentario
  • Historias como esta deberían ser “lo normal” y no una excepción, pero no es
    “ lo normal “ por que, en este mundo globalizado de indiferencia y codicia en que vivimos, rige la “anormalidad”. Se muestra culto a la influencia, la riqueza y el dominio y se ignora la indigencia y la humildad. Bravo Ferrari.

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