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David Calle: “Una ecuación se puede olvidar, pero la generosidad y el respeto no”

David Calle es un ingeniero de telecomunicaciones al que la crisis reconvirtió en profesor de academia. Fue la misma recesión que le dejó un día el aula vacía porque el paro azotó a muchos de los padres de sus alumnos. Por ello, decidió apartar la vergüenza y la timidez y comenzó a grabar sus clases para que todo el mundo tuviera acceso a estas enseñanzas. Hoy, su canal Unicoos acumula más de un millón de suscriptores y ha sido reconocido como una de las cien personas más creativas del mundo por la revista Forbes. Además, en 2017 quedó entre los diez finalistas del Global Teacher Prize, los Nobel de la Educación.

DESTACADOS

“Es muy triste que la autoridad que tenía antes un profesor se haya perdido por el camino”

“Es muy poco halagüeño lo que puede ocurrir de los 12 a los 16 años si pasas de curso por decreto aunque suspendas todas”

“ El mejor favor que le pueden hacer  las familias a sus hijos es transmitirles que estarán ahí siempre, pero que no pueden solucionarles sus problemas ”

“Hay que educar a los alumnos en la capacidad para resistir el fracaso, la llamada resiliencia, y la capacidad de adaptarse a los cambios”

“A los profesores no se les pide nunca opinión cuando se está inmerso en algún proceso de cambio”

ENTREVISTA

David Vicente: ¿Cómo se reconvierte un ingeniero de telecomunicaciones en un profesor youtuber?

David Calle: De casualidad. En la misma academia donde yo había dado clase cuando estaba en la universidad para poder pagarme la carrera, descubro que me encanta enseñar, ayudar a los jóvenes con sus deberes y sus problemas. Sobre todo a aquellos alumnos que no solo tienen problemas con las ecuaciones, sino también con la parte emocional, la motivación.

Termino la carrera y me pongo a trabajar de ingeniero, pero me quedo en el paro con apenas 30 años y me vuelven a rescatar en esa misma academia. Allí es donde descubro que mi verdadera vocación es dar clase y monto mi propia academia dos años después.

D.V.: ¿Cómo ha sido recibido su proyecto en la comunidad educativa?

D.C.: Muchísimo mejor de lo que esperaba. Los niños y los profesores me han recibido con los brazos abiertos. Cuando empecé a grabar vídeos, lo hice porque no me daba tiempo a explicar a mis alumnos todo lo que necesitaban. Aunque esa no es la razón fundamental, porque me daba mucha vergüenza grabar vídeos. La razón fundamental fue que cuando empezó el curso hace 7 u 8 años, descubrí que la mitad de los alumnos se había borrado de la academia. Preocupadísimo, llamé a sus padres, les pregunté por qué y me dijeron que la razón era que se habían quedado en el paro y no se lo podían permitir. Toda esa vergüenza que tenía y el pánico escénico despareció de repente para poder ayudar a esos jóvenes que no podían permitirse venir a mis clases. Jamás pensé que tendría luego tanta repercusión. Muchos padres me dicen que por fin sus hijos utilizan el ordenador o el móvil de una forma útil.

D.V.: ¿Cuál cree que es el secreto de su éxito?

D.C.: Humildemente, creo que es la pasión, simplemente. De alguna manera, esa pasión o esa esperanza que les doy a los alumnos se transmite en los vídeos y los han viralizado ellos. Nadie les obliga a ver mis vídeos y, sin embargo, los comparten los unos con los otros. Son 20 años dando clase en una academia y muchísimas dudas enfrentadas de muchísimos alumnos o institutos diferentes y poco a poco coges la experiencia suficiente para abordar sus problemas.

D.V.: ¿Hacia dónde camina la educación? ¿A qué nos enfrentamos?

D.C.: Nuestra educación está a la deriva ahora mismo. Hay profesores haciendo cosas maravillosas que han conseguido adaptarse a las nuevas generaciones, pero esta generación no tiene nada que ver con la mía ni con la tuya, seguramente. Encuentro a los alumnos muy desmotivados a día de hoy , desorientados porque cada vez se cambian más cosas con menos sentido. No hay que olvidar que la educación está orientada a ellos y ellos son los verdaderos protagonistas. El aula y su mundo se han convertido en dos mundos diferentes y les cuesta mucho conectar. Hay que luchar por que todos estos alumnos sean lo mejor que puedan ser, porque son el futuro. Además, todas las cosas que tienen que ver con educación no cuentan con el consenso ni de los alumnos ni de los profesores en muchos casos. A los profesores no se les pide nunca opinión cuando se está inmerso en algún proceso de cambio. Debería haber una comunión entre todos: padres, profesores, Administración, expertos y llegar a un consenso educativo para toda España y que no esté cambiando continuamente.

Ahora se promueve que no haya suspensos en secundaria. Eso es algo fatal. Si ya han bajando el nivel y aun así sigue habiendo fracaso escolar, si cuanto menos exiges a los alumnos, menos estudian, es muy poco halagüeño lo que puede ocurrir de los 12 a los 16 años si pasas de curso por decreto aunque suspendas todas. Me preocupa muchísimo y no quiero ni pensar en el papel de los profesores en ese sentido y cómo puede funcionar un instituto de esa manera.

D.V.: Estamos viviendo una época en la que los profesores, por primera vez en mucho tiempo, han visto en algunos casos su autoridad mermada o cuestionada. ¿A qué cree que es debido?

D.C.: Son muchos factores, pero es muy triste que la autoridad que tenía antes un profesor se haya perdido por el camino, que las familias se la han perdido y supone una de las mayores lacras de la educación hoy en día. No se respeta ni su trabajo en clase ni su capacidad. Yo siempre digo que una gran forma para prestigiar la profesión docente sería endurecer la carrera de Magisterio, cambiar el sistema de oposiciones, que llegaran los más brillantes -y no hablo de las notas, sino de otras capacidades-. Los profesores tienen que tener otras capacidades, que no sean los que más memoria tienen para aprobar una oposición.

Las familias debemos ayudar muchísimo a que tengan ese respeto que se les ha tenido siempre. Cuando yo era pequeño, mi madre le decía al profesor “haga con él lo que estime oportuno, no pienso llevarle la contraria”. Y, sin embargo, ahora eso no ocurre. Los profesores también deben hacer autocrítica y analizar por qué se ha llegado a esta situación.

D.V.: ¿Cómo juzga usted la educación en valores y la importancia de las habilidades blandas?

D.C.: Para mí son las más importantes. Más importante que un niño saque buena nota en Matemáticas o sepa muchas ecuaciones o saque un 10 en Historia es darle la oportunidad de descubrir esas habilidades, que son las claves de la vida para tener éxito. El éxito es ser feliz y tener un trabajo que te guste, no es ganar mucho dinero. Hay que enseñar a los alumnos a ser asertivos, a hablar en público, a no faltar al respeto, a trabajar en equipo, a colaborar, a compartir… Una ecuación o una lección de Historia se puede olvidar, pero el ser una persona generosa, respetuosa o que colabora con los demás de manera adecuada no se olvida. Los estamos formando no como posibles ingenieros o médicos sino como personas.

D.V.: ¿Cómo se complementan las enseñanzas en el aula escolar con el aula digital?

D.C.: Sumando. Yo siempre digo que los vídeos, en mi caso, o toda la tecnología que nos rodea siempre suma. Doy clases en la universidad en un máster de profesorado y contamos a los alumnos de hoy y futuros profesores del mañana todas las oportunidades que tienen a su alcance para que luego ellos tomen, en su aula, en su clase o en su día a día, la opción que más se adecúe, porque luego no hay recetas mágicas. No hay que obsesionarse con la tecnología: innovar no es que todos los alumnos tengan un iPad en clase. Se pueden hacer cosas innovadoras con un folio y un bolígrafo o con un cubo de agua y un trozo de madera para explicar el principio de Arquímedes, pero tenemos que conseguir formar a los profesores, darles todas las competencias digitales que necesitan para que luego elijan las más adecuadas. La tecnología está para sumar, no para sustituir a nadie, porque lo que hace un profesor en clase es insustituible.

D.V.: ¿En qué han perjudicado y en qué han beneficiado a la educación las nuevas tecnologías?

D.C.: Han enseñado una nueva forma de transmitir los conocimientos a los alumnos, de que los descubran por ellos mismos. Deberíamos insistir más en enseñarles a usar las redes sociales e Internet de forma responsable, pero han beneficiado sobre todo en dar nuevas oportunidades diferentes de enseñar los mismos contenidos de siempre. En cuanto a las desventajas, si las usamos de forma responsable no les encuentro ninguna, hay que evitar que los alumnos se queden con lo primero que vean o copien y peguen exclusivamente

D.V.: ¿Cómo se explica a los jóvenes de hoy que el día de mañana se dedicarán a profesiones que actualmente no existen?

D.C.: YouTube no existía hace 13 años y dar clases online en un canal de YouTube, menos. Hay que educar a los alumnos en la capacidad para resistir el fracaso, la llamada resiliencia, y la capacidad de adaptarse a los cambios. No pasa nada por confundirse, por intentar cosas nuevas. El mejor maestro es el error, ya lo dice el maestro Yoda. Si están bien preparados y no tienen miedo a confundirse, saborearán el éxito

D.V.: Un consejo a los jóvenes.

D.V.: Que no se rindan nunca y que trabajen muy duro. Que los padres estaremos allí para ayudarlos.

D.V.: Y a las familias.

D.C.: Que el mejor favor que le pueden hacer a sus hijos es transmitirles que estarán ahí siempre, pero que no pueden solucionarles sus problemas ni hacerles sus deberes ni preocuparse de su agenda. Que colaboren con los profesores. Si familias y profesores están juntos, el sistema mejora exponencialmente.

Escrito por

Periodista. Redactor jefe de El Debate de Hoy. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. @dvicentecasado

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