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El caso Mas . Quienes gritaban “España nos roba” se ven devorados por su propio veneno

El dinero se ha convertido desde el inicio del ‘procés’  en la causa de todo y supondrá la ruina de aquellos que presumían de moverse entre la impunidad y la inmunidad política.

En su última presencia en España, para ser investido doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, se refirió a los nacionalismos como venenosos. La palabra subrayaba la consecuencia política de su acción destructiva tanto en el pasado como en el presente y, por supuesto, en el futuro. La crisis en Cataluña no solo es española sino también europea, al ser una modificación de las fronteras interiores. dinero

Si el intento de secesión triunfara, el proceso de Unión Europea se vería dañado, casi de manera irreversible, al abrirse el baúl de los recuerdos patrios en muchos Estados miembros que albergan movimientos separadores en su interior. En cualquiera de ellos aparece siempre el dinero como el motor que activa los sentimientos y, por lo tanto, los venenos que inundan las arterias de la sociedad. Es un catalizador en todas las direcciones capaz de generar un haz de manipulaciones que abarque a todos los sectores sin exclusión, con independencia de la formación recibida. Suelen ser las élites las que empiezan, para terminar externalizando a las calles el movimiento.

Es lo que ha ocurrido en Cataluña. El dinero como causa abre y cierra el período que comienza con el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, reclamando un sistema foral en La Moncloa en 2012 y que ha terminado con varios de los actores protagonistas en prisión o suplicando unas monedas para devolver al Tribunal de Cuentas el dinero malgastado en uno de los referéndum ilegales. La imagen de Mas en una televisión pidiendo “una mica de generosidad” a todos los participantes en la votación ilegal del 9 de noviembre de 2014 demuestra que la inoculación del veneno ha alcanzado unos niveles insospechados en cualquier fenómeno político de los últimos 40 años en España. Como si fuera un telepredicador arruinado por sus mentiras, planteó la contribución como la solución a un problema político que es de índole personal. Pidió el dinero país, los dos millones ochocientos mil euros que le faltan para cumplir con el Tribunal de Cuentas antes de final de mes y así no ser embargado. La ruina de Mas es la de su proceso independentista y la de todos en general.

Cuando en el verano de 2012 optó por pedir, en vez de asumir su responsabilidad y recortar el gasto público, se escondió detrás de la muchedumbre para seguir adelante. Se puso al frente de una manifestación que ha concluido con una situación personal que le lleva a suplicar dinero en televisión para pagar las deudas con la justicia. En el verano de 2012, cuando “no entraba un euro en España”, como contaba un ministro que sigue en el Gobierno, Mas planteó un imposible a Rajoy, no solo por el agujero de las cuentas públicas, sino porque el sistema foral para Cataluña suponía subvencionar desde el Estado a diez millones de personas, si suman los habitantes del País Vasco y Navarra. No era posible entonces y tampoco ahora. Expertos como Gabriel Tortella, Mikel Buesa o Ángel de la Fuente demuestran el estado inviable en el que quedarían las cuentas si al privilegio de vascos y navarros se suman los catalanes.

Dinero: el veneno que ha devorado a los independentistas

El dinero ha guiado todo el proceso de independencia desde el origen y su mal uso va a ser el fin de todos aquellos que han pretendido saltarse la legalidad constitucional. Mas ya lo está sufriendo en carne propia, pero los procesados por el golpe de octubre lo padecerán en el juicio al que serán sometidos la próxima primavera en el Tribunal Supremo. A la rebelión y a la sedición las acompaña en un discreto plano la malversación de caudales públicos. Por encima de los 50.000 euros está penada con entre 4 y 8 años de cárcel. La Fiscalía cifra en más de seis millones de euros el dinero empleado por los querellados para intentar la independencia.

Al final, el dinero, es decir, la causa de todo, aparecerá en la sentencia arruinando a todos aquellos que se movían entre la inmunidad y la impunidad. Lo peor de todo es que este último episodio ha sido cometido a sabiendas de las consecuencias, porque ya estaba Mas pidiendo dinero país en plazas y televisiones. El supremacismo se ha hecho piel en todos los protagonistas de este drama político que ha hecho regresar la crisis económica a Cataluña. Según pasen los meses, el agujero hecho entre septiembre y octubre se verá con nitidez. Ya está afectando al empleo y a la inversión. Los que empezaron con el “España nos roba“, en imitación al italiano “Roma nos roba”, se han visto devorados por su propio veneno. La sociedad partida, familias y amigos, el tejido empresarial descompuesto y una clase política fallida dejan un paisaje devastado que tardará algunas generaciones en recomponerse.

Imagen de portada:  El expresidente de la Generalitat Artur Mas durante su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Institucionales del Parlament para dar explicaciones sobre la financiación de CDC | Agencia EFE.
Escrito por

Periodista. Presentador de La Linterna de COPE.

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