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La insólita excusa de Artur Mas, el matizado liberalismo de Ciudadanos y dos césares de hoy

EL PAISAJE NACIONAL La vida política discurre entre el descenso del independentismo catalán a las salas de Justicia, donde Artur Mas no logra dar una respuesta aceptable sino todo lo contrario, y los proyectos personales insustituibles de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, que se superponen a la vida de sus partidos. En medio, Ciudadanos recala en el liberalismo de la mano de Albert Rivera.

Artur Mas y el sentido (ausente) de la realidad 

De entre todos los pretextos que pudo aducir ante el tribunal que juzga su deslealtad, Artur Mas eligió el peor: es que no le avisaron que tenía que acatar una sentencia del Tribunal Constitucional. Si con ello pretendió probar su inocencia, el tiro le salió por la culata, porque lo que hizo fue un homenaje a la falsía política, a la irresponsabilidad de despreciar las leyes y las sentencias que obligan a todos, también a él.

La deducción fue incluso peor, pues con tal insólita excusa acabó sentando cátedra de antidemócrata. Ese apunte de sonrisa con que responde a las transgresiones que le placen –como cuando escuchó junto al Rey Felipe VI la pitada catalanista al himno español y al propio jefe del Estado- debió de tornarse llanto interno cuando cayó en la cuenta de su disparate.

Lo que se observa es que el cansancio de momento mina el ánimo nacional mientras Artur Mas aparenta seguir gozando con el desafío

Si es que cayó. Quienes manejan los hilos de la locura independentista en Cataluña se desvían tanto de su responsabilidad política que permiten la duda acerca de su sentido de la realidad. Su independentismo no cumple leyes ni sentencias y pretende que se le permita; gasta dinero de los impuestos de todos los españoles en su aventura y aspira a que se le absuelva; desprecia lo español y exige que se le aplauda.

Este es el delirio que ha fabricado el súbito independentismo que se instaló en la Generalitat, que alberga además el absurdo de que un día se le obedezca tras la prolongada historia de sus desobediencias. El resultado es una situación delirante, que no resulta paliada por una política de elusión gubernamental confiada en que un día se cansen. No hay que descartar esa hipótesis, pero lo que se observa es que el cansancio de momento mina el ánimo nacional de España mientras Artur Mas aparenta seguir gozando con el desafío.

Albert Rivera, Cs y su liberalismo con apellido

Ha sido un acierto que Albert Rivera haya conectado gráficamente el desembarco de Ciudadanos en el liberalismo con la incorporación de un significativo triángulo a su logo. No veo en ello una clave secreta para iniciados ni nada por el estilo sino una feliz coincidencia que, ustedes perdonen, se asienta en recuerdos afectivos. Aquí están los dos triángulos, el del nuevo partido liberal, en su color naranja, y el del viejo periódico liberal, en el azul que lo hacía brillar en los kioscos.

El nuevo logo de Ciudadanos y una cabecera histórica de Diario 16

Lo que no suscribo es que Cs haya matizado el adjetivo liberal con el adjetivo progresista, porque en vez de acrecentarlo consigue confundirlo. El término liberal es tan potente que no requiere calificativos. Si será recio y definitorio que todos los partidos han tirado de él para presumir de políticas; hasta el partido comunista se hizo liberal, nominalmente, cuando perdió el yugo de la Unión Soviética y pudo aludir a la libertad de prensa, a la libertad de reunión, a la libertad de conciencia… todo eso que alumbró el liberalismo y que los totalitarios persiguieron (y siguen y pretenden, no hace falta mirar muy lejos).

No suscribo que Cs haya matizado el adjetivo liberal con el adjetivo progresista, porque en vez de acrecentarlo consigue confundirlo

Ponerle al vocablo liberal el sombrero del progresismo tiene la pinta de un complejo. Algo así como si al abandonar el territorio socialdemócrata –el socialismo democrático y el centro izquierda, a lo que hasta ahora aludía- se intentara que no se note demasiado.

Pero al liberalismo no le añade nada el progresismo, que además es una palabra gastada en la que entran incluso los progres de salón. En todo caso, bienvenido sea Cs al liberalismo, ideología y actitud que le ayudará a pactar, que es su oficio de bisagra, con el centro izquierda y con el centro derecha, a quienes ayudará para la moderación y la puntería. De eso se trata.

Iglesias y Sánchez se ofrecen como insustituibles

De progres ya está el mundo de la política lleno. Como está de moda, o eso parece, a muchos les gusta presumir de adjetivo, hablar de la gente, más que del pueblo que parece antiguo, presentarse volcados hacia donde está la gente, o sea, el conjunto de sus votantes, decirse liberadores de la pobreza y de la escasez, cuyas cifras no se debaten ni se discuten sino que simplemente se proclaman. Ahora bien, esos liberadores a veces muestran un afán exclusivista que desmiente sus intenciones. Traeré dos ejemplos y por la misma causa: Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.

El líder de Podemos y el último secretario general del PSOE y candidato a repetir han advertido que si pierden su oportunidad de seguir liderando aplicarán la táctica de la retirada. Es muy sano que quien pierde abra paso al sucesor, pero el aviso de abandono ha sonado en ambos casos como amenaza. Iglesias muestra su intención de dimitir, si su equipo no es el más votado, como un ultimátum, porque entiende que su destino y el de su partido son la misma cosa.

Para Pablo Iglesias, Podemos no puede seguir sin él, y Pedro Sánchez tampoco entiende que en el PSOE pueda hacer otra cosa que liderarlo

Cuando se le pregunta en El País si su futuro político está en juego, atentos a la respuesta: “Es verdad que es así, pero está en juego el futuro de Podemos, que es lo importante”. Lo que Podemos no puede es seguir sin él. Como tampoco entiende Sánchez que en el PSOE pueda hacer otra cosa que liderarlo: si pierde en las primarias a las que se presenta, abandonará la política. Y la gente, que se fastidie por no confiar en nosotros.

Esto es cesarismo, el gran complejo del ser insustituible. En 1975, Chumy Chúmez publicó en Hermano Lobo, revista de humor continuadora de La Codorniz, un chiste en el que se veía a un orador que gritaba “¡O nosotros o el caos!”, a una multitud que replicaba “¡El caos, el caos!” y al orador que salía del paso así: “Es igual, también somos nosotros”. La vida ofrece a veces la humorada de repetirse.

Escrito por

Periodista. Ex director de Diario 16, columnista de El Mundo, tertuliano en TVE, Telecinco, Onda Cero y RNE en diferentes etapas. Profesor emérito de la USP CEU. Editor de El Debate de Hoy.

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