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Las cuatro grandes taras que la universidad pública en España se resiste a resolver

Baja calidad educativa, igualdad mal entendida, escasa competencia entre centros y una limitada inversión en investigación. Las universidades públicas españolas no consiguen remontar en los ranking internacionales y necesitan replantearse sus esquemas. 

A lo largo de los últimos años, los rectores de las universidades públicas han aprovechado la crisis para quejarse tanto de los recortes presupuestarios que ha registrado la educación superior como de los cambios introducidos en el sistema de becas, desviando así la atención de los auténticos y graves problemas estructurales que padece el modelo universitario. Y es que no es cuestión de dinero, sino de eficiencia. No en vano, si la calidad educativa dependiera exclusivamente del volumen de recursos públicos destinados a esta materia, España habría experimentado un avance significativo en los estándares internacionales durante los ejercicios de mayor expansión presupuestaria, cosa que, sin embargo, no se ha producido.

La economía nacional, pese a ser una de las más ricas del mundo, se sitúa, por desgracia, a la cola de los países desarrollados (OCDE) en cuanto a nivel educativo, incluyendo el ámbito universitario. La grandes taras que presenta la universidad pública española se resumen en cuatro puntos:

Baja calidad educativa

Aunque la universidad se concibe, en términos generales, como un espacio de excelencia para el desarrollo del conocimiento y la investigación, lo cierto es que el modelo español se queda lejos de dicha definición. Prueba de ello es que tan solo once centros nacionales entran dentro de las 500 mejores universidades del mundo (ARWU), situándose la primera en el puesto 239 del ranking. Es decir, no hay ninguna universidad española entre las 200 mejores del mundo. El top 5 es para Harvard, Standford, Cambridge, Massachusetts Institute of Technology y California-Berkeley. EE.UU. cuenta con un total de 135 universidades entre las 500 mejores y 48 entre las 100 primeras.

universidades públicas

Fuente: Statista

Otro dato significativo a tener en cuenta es que España atrae muy pocos estudiantes extranjeros a sus aulas, en comparación con otros países ricos -excluyendo el programa Erasmus-, con apenas un 0,8% en estudios de grado, un 5% en máster y un 16,2% en doctorados, frente al 4,9%, 12% y 27% de media que presenta la OCDE, respectivamente. Las diferencias son todavía mayores en comparación con Francia o Reino Unido.

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Fuente: La universidad española en cifras 2015-2016

Poco rendimiento

Otro de los graves fallos estructurales que presenta el actual modelo es el escaso rendimiento que ofrecen los estudios universitarios a nivel laboral y salarial, en comparación con su elevado coste, fruto de un concepto de “igualdad” mal entendido, en donde se facilita el acceso universitario a amplias capas de la población a base de dinero público y de rebajar los umbrales de exigencia. Igualar por abajo, dejando a un lado los criterios básicos de esfuerzo y meritocracia, no contribuye en absoluto a fomentar la igualdad de oportunidades, sino a reducir la calidad de la educación, perjudicando con ello al conjunto de la población.

Así, a pesar de las habituales críticas sobre los recortes en becas, lo cierto es que el porcentaje de alumnos becados ha aumentado en los últimos años hasta rozar el 22%, frente al 18,6% del curso 2011/2012 y, aunque la cuantía de estas ayudas -descontando el pago de la matrícula- ha bajado hasta los 2.649 euros de media, todavía se sitúa en niveles de 2007, en pleno pico de la burbuja inmobiliaria, justo antes de que estallara la crisis.

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Fuente: La universidad española en cifras 2015-2016

Además, no se tiene en cuenta que el 100% de los estudiantes de universidades públicas están subvencionados, ya que, aunque no cuenten con beca, las tasas que tienen que pagar apenas representan el 20% del coste real de sus estudios -el 80% restante procede del presupuesto público-, muy por debajo de lo que sucede en otros países. En concreto, de las 20 economías de la OCDE que aplican tasas a nivel de grado o equivalente, España se sitúa entre las 10 con precios inferiores a 4.000 dólares al año. De hecho, el importe medio de la matrícula durante el presente curso ronda los 1.300 dólares. En Australia, Canadá, Chile, Japón, Corea, Nueva Zelanda y EE.UU., las tasas son muy superiores, pudiendo exceder los 4.000 e incluso los 8.000 dólares anuales en las públicas.

Por esta razón, el esfuerzo económico medio que deben realizar las familias españolas para pagar las tasas universitarias apenas ronda el 3,5% de su renta per cápita. Es decir, la inmensa mayoría del coste universitario, cerca del 80%, se financia vía impuestos. Sin embargo, a pesar de que el gasto por alumno en universidades públicas se sitúa en la media de la OCDE, el rendimiento de dichos estudios es inferior. Bastan cuatro datos para demostrarlo:

  • España presenta un porcentaje de trabajadores sobrecualificados elevado en comparación con la OCDE, próximo al 20% -38% en el caso de universitarios que ocupan su primer empleo-, de modo que uno de cada cinco titulados desempeña un puesto inferior al que le correspondería por su nivel de formación.
  • En 2015, la tasa de empleo de la población con estudios superiores era del 78,2% en España, frente al 82,4% de la OCDE.
  • Aunque los universitarios españoles cobran casi un 40% más de media que los trabajadores que tan solo cuentan con estudios secundarios, la media de la OCDE es del 46%, 51% en el caso de Reino Unido, 66% en EE.UU. o 70% en Irlanda, por citar algunos ejemplos
  • Y la tasa de paro entre los trabajadores con título universitario es del 12,4%, frente al 4,9% de la OCDE.

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Fuente: La universidad española en cifras 2015-2016

Escasa autonomía y competencia entre centros

Asimismo, las universidades públicas españolas carecen de autonomía a nivel económico y curricular y apenas compiten entre sí, lo cual acaba dañando, igualmente, la calidad educativa. Según el último informe de University Autonomy in Europe, el sistema universitario nacional se sitúa en el puesto 24 de 29 países europeos en cuanto a autonomía organizacional, financiera, académica y de personal, a la cola, por tanto, de la Unión Europea. Este factor influye muy negativamente en la búsqueda de la excelencia, alimentando con ello las habituales prácticas de nepotismo corporativo y clientelismo político que tanto abundan en los centros públicos.

Pobre actividad en I+D

Por último, pero no menos importante, una de las principales razones por las que España sale mala parada en los ranking internacionales es la baja actividad investigadora de las universidades públicas. En concreto, España es el segundo país, tras Portugal, que menos gasta en I+D entre las mejores universidades del mundo.

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Fuente: La universidad española en cifras 2015-2016

Y la causa de dicho desatino radica en la escasa relación que existe entre universidad pública y empresa. Según el informe COTEC, que refleja la situación de la I+D en España, más del 70% de los directivos, investigadores y expertos encuestados afirma que los centros públicos no orientan sus actividades de I+D a las necesidades tecnológicas de las empresas, mientras que más del 60% cree que el sistema no proporciona a sus alumnos competencias adecuadas para las necesidades empresariales. A diferencia de otros países donde empresarios y multinacionales destinan cuantiosos recursos a proyectos de investigación en universidades, España es un páramo en esta materia, debido a la enorme politización y estatalización que existe en el ámbito universitario.

Así pues, para elevar la calidad de la educación terciaria, España debería apostar por la plena autonomía universitaria, fomentando la competencia entre centros, al tiempo que impulsa la meritocracia entre los alumnos y facilita la colaboración con las empresas, tal y como sucede, por ejemplo, con las escuelas de negocio, que se sitúan entre las mejores del mundo. No hay que inventar nada. El éxito internacional cosechado por estas escuelas marca el camino a seguir. Tan solo hace falta convicción y voluntad política para sustituir un modelo caro e ineficiente por otro de alto valor añadido.

Imagen de portada: Escultura ecuestre en la Universidad Complutense de Madrid | UCM
Escrito por

Periodista. Redactor jefe de Economía de Libertad Digital y Libre Mercado. Miembro del Instituto Juan de Mariana. Máster en Periodismo por la USP CEU-El Mundo.

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