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Rebelión en las aulas. Los neo-derechos y el fin de las figuras de autoridad

La rebelión en las aulas contra el código de vestimenta en un instituto de Torrevieja es un ejemplo sintomático de una sociedad que lucha por unos neo-derechos y unas libertades que se alejan de cualquier representación de autoridad.

Del Estado de derecho a la rebelión en las aulas no hay más que un paso. Las aulas de nuestros colegios e institutos patrios son reflejo de lo que ocurre en nuestra sociedad y en ellas lleva ya un tiempo exacerbándose el concepto de derechos y deberes.

Cuando los individuos entran a formar parte de un colectivo, aceptan llevar a cabo un proceso de negociación por el que se establecen unos acuerdos de mínimos que, aun significando la renuncia a una parte de las libertades individuales, garantizan un bien común mayor. Aquello de “mi libertad termina donde empieza la del otro” es el honroso precio que pagamos las sociedades democráticas. Es el eje vertebrador de nuestro sistema de derecho, imperfecto pero crucial para el avance social.

Recientemente, ha salido a la palestra mediática una noticia que se desvanecería en el rincón de las curiosidades de no ser por el cambio de paradigma social que conlleva en cuanto a la conquista de derechos y libertades. Varios medios de comunicación se hacían eco de una noticia sucedida días atrás en un instituto de Torrevieja en el que se aprobó una normativa que indicaba que “los alumnos acudirán al centro debidamente vestidos. No se permitirá el uso de: bañadores, la exhibición de ropa interior, camisetas con carácter sexual, racistas u otros tipos de frases que puedan dañar u ofender a los miembros de la comunidad escolar, pantalones tipo short y camisetas de tirantes a los alumnos (chicos)”. La medida fue considerada machista y un grupo de alumnas asistió al centro con faldas cortas, apoyadas por sus padres, propiciando una rebelión en las aulas por la conquista de sus derechos.

Más allá de las consideraciones que se puedan hacer respecto al peligro de unas modas que abundan en la traslación de cánones estéticos a la infancia o a la pansexualización de nuestra sociedad, conviene analizar este incidente anecdótico desde una perspectiva sociológica.

El final de las figuras de autoridad

Las sociedades, por el movimiento pendular de la misma historia, cabalgan entre sus extremos sin solución de continuidad; así, de una contracción de las libertades como se vivió en el siglo XX hemos pasado a una maravillosa expansión de los derechos individuales con el desarrollo de nuestra democracia para llegar a una exacerbación manida de unos supuestos neo-derechos y nuevas libertades, como el “derecho a ir fresquita al colegio” (así defendía una de las madres la protesta estudiantil contra la decisión de la dirección escolar).

Al mismo tiempo, hemos pasado de la veneración de la figura de autoridad a una suerte de empoderamiento –palabro de moda- sistemático frente a cualquier representante o administrador del “acuerdo común de mínimos”. Hoy, los pacientes llegan al médico con su “diagnóstico google” y los padres a las tutorías con la lista de quejas de sus hijos y exigencias de reparación al tutor.

La falta de disciplina en las aulas y sus graves consecuencias en el proceso de aprendizaje

Hubo un tiempo, algunos lo recordaréis, en que el profesor gozaba del respeto y el respaldo sistemático del conjunto de la sociedad, incluidas las familias; actualmente, no nos extraña encontrar a padres enfrentados por sistema a los docentes de sus hijos o que apoyen y promuevan este tipo de rebelión en las aulas. No es raro ni alarmante ver a un adolescente oponiéndose a la figura de autoridad (ya sea el maestro o el progenitor); la adolescencia es el tiempo de la rebeldía por antonomasia, de la autoafirmación del individuo en contraposición a la ingenua sumisión de la infancia. La adolescencia es un período convulso y complejo al cual los adultos encontramos un sentido como proceso de conformación de la identidad.

Hiperpadres e hiperhijos

Lo verdaderamente preocupante es que muchos padres se han convertido en paladines del antojo de sus hijos y se enfrentan contra viento y marea por defender sus arbitrios. Bajo este prisma, el profesor, el colegio o cualquier autoridad que ponga en cuestión la percepción de sus retoños se convierte en un estorbo.

Respecto a esta nueva relación paterno-filial, se han empezado a realizar estudios que ponen de manifiesto las consecuencias en el desarrollo psicosocial de los niños, como la falta de empatía, dependencia, ansiedad… Ya se habla de padres helicóptero o hiperpadres, que llevan a cabo una crianza exacerbada de sus hijos.

Decía Eva Millet, autora del libro Hiperhijos, que “hemos confundido el tener derechos con saltarnos las normas. No hay una educación en deberes. Se está perdiendo la idea de comunidad para pasar a una sociedad yoísta”. Es el egocentrismo de las primeras etapas del desarrollo humano elevado a la categoría de derecho, neo-derecho.

Como profesor, como testigo de la realidad que vivimos los que formamos parte del sistema educativo, propugnaría una verdadera rebelión en las aulas, que trascendiera los intereses partidistas pero también el influjo de las editoriales y, por supuesto, el antojo de padres y alumnos. Si vamos a amotinarnos, hagámoslo por el derecho de nuestros hijos y alumnos a ser felices, a desarrollar en plenitud su creatividad y capacidades innatas, a vivir en una sociedad que siempre busque la defensa de los derechos fundamentales.

Escrito por

Profesor de Educación Primaria en el Colegio CEU Jesús María. Coordinador de Innovación. Profesor asociado del CEU- ILEAD

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