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Inseguridad adolescente y rendimiento escolar . El apoyo de los padres es esencial y positivo

La inseguridad es un rasgo común en los adolescentes, un factor que tiene repercusión en el rendimiento académico. Es una labor de los progenitores el acompañar el crecimiento y la educación de sus hijos. Los datos demuestran que este apoyo es positivo para ellos.

Nuestros hijos necesitan sentir nuestro apoyo en aquello que emprenden. También de nuestro cariño y atención para así encontrar en el hogar familiar,  el lugar en el que son queridos por lo que son y no por lo que se querría que fueran o por únicamente sus éxitos. Verse apoyados hará que miren al futuro con mayor seguridad y les permitirá creer en ellos mismos y entender los aspectos en los que mejorar, descubriendo a la vez cómo sus padres van entregando, en el día a día, su vida por ellos. A los padres nos corresponde la gran tarea, con tiempo y dedicación, de la cercanía, prestando atención a lo que nuestros hijos viven, a sus intereses y preocupaciones, a sus inquietudes y a la manera que afrontan sus dificultades.

La influencia de los padres se refleja en el rendimiento escolar de los hijos. Nos lo muestra el Informe PISA del año 2015 al recoger las puntuaciones de las pruebas realizadas a los alumnos de 15 años en las áreas de Matemáticas, Lectura y Ciencias. Éstos responden en sus cuestionarios de contexto cómo sienten el apoyo de sus familias en las tareas y circunstancias que rodean su vida escolar. Y los resultados que se derivan de estas respuestas muestran que, a mayor refuerzo de los padres, mejores rendimientos obtienen (recordemos que PISA valora sobre el valor 500).

InseguridadProfundizando en las cifras de PISA empleadas para realizar estos gráficos, es significativo recoger que el 63% de los alumnos sienten “Gran apoyo” de sus padres y otro 33% se considera “Apoyados”. Es decir, únicamente un 4% siente “Poco apoyo” o “Ningún apoyo”. Dentro de este 4%, el 1,1% afirma no tener ninguna atención de sus padres. Este porcentaje, por bajo que parezca, obligará a los centros a implantar medidas de corrección y destinar recursos a ello ya que, de reforzar a los que más carencias familiares presentan, dependerá la transmisión de valores y la coherencia de la propia escuela. Incluso podemos pensar que el 2,9% restante puede estar en riesgo de elevar el 1,1%, con lo que también disminuiría el rendimiento académico.

Por otro lado, reforzar a los hijos en su edad adolescente permite establecer bases firmes de cara a su capacidad futura de afrontar dificultades. Estas son edades en las que las intenciones y las emociones necesitan educarse, y a veces reconducirse, para que sirvan como palanca que les lleve a asentar su voluntad y a entender el significado del esfuerzo personal de cara a lo que quieran conseguir en el futuro.

Si recogemos ahora los datos que ofrece PISA 2015 sobre la preocupación que muestran los alumnos por no superar el curso, el nerviosismo ante los exámenes y la inseguridad que les genera el no saber resolver sus tareas de clase, podremos analizar la influencia que están ejerciendo la ansiedad y la estabilidad emocional sobre los resultados académicos. Obtenemos los siguientes resultados:

InseguridadSi completamos estos valores señalando que el 71,21% de los alumnos evaluados muestran “Inseguridad” nos alarmaremos porque, evidentemente, es una cifra muy alta, que muestra que un gran número de alumnos siente gran presión por obtener unos resultados académicos concretos. Esta presión puede que sea generada por ellos mismos, por sus familias, por el propio centro o por alguno de los profesores.

Lo que sí se muestra con claridad es que los alumnos más seguros de sí obtienen muy buenos resultados -superiores a las medias alcanzadas por España en el Informe PISA: 486, 496 y 493, respectivamente, para cada una de las áreas-. Obtener mejores notas genera más seguridad. Este es un bucle que se va autoalimentando y en el que es deseable que entren en él el mayor número posible de alumnos.

El miedo al fracaso

No es fácil interpretar correctamente todos los resultados, pero, por una parte, hay que considerar que la adolescencia es una etapa en la vida caracterizada por un gran cambio a nivel no sólo físico sino también afectivo, que conlleva inseguridad ante estos cambios. Es una edad en la que las relaciones personales adquieren gran importancia y se va produciendo el desapego de las figuras paterna y materna, sustituyéndolas en muchas ocasiones por la de los amigos u otros adultos. Pero, por otra parte, observamos que puede ser que nuestros alumnos no estén afrontando de manera adecuada los retos y sientan miedo al fracaso, costándoles salir de la protección y comodidad que siempre se les ha ofrecido en casa. Estas circunstancias también harán necesaria la reflexión de los centros ya que, reconociendo esta realidad, habrán de planificar mejor las actuaciones educativas de los tutores y profesores.

Al final, como padres, tendremos que potenciar  -conociendo lo mejor posible a nuestros hijos y ajustándonos a cada una de las etapas de su maduración- su autonomía y su propia responsabilidad, a fin de que sean capaces de desenvolverse ante las dificultades que tengan que ir enfrentando. Y esto sin menosprecio, claro está, de estar atentos a desarrollar en ellos su autoestima y su estabilidad emocional, buscando potenciar sus éxitos y aprovechar todo aquello que viven como lo que es: una oportunidad educativa que necesita de nuestro respaldo y comprensión.

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Escrito por

Profesor de ESO y Bachillerato. Doctor en Economía por la USP CEU.

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