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El desprecio a la donación de Ortega y el mal trato a la figura del empresario en la educación

La figura del empresario no se valora lo suficiente en la etapa educativa. En unos años en los que se necesita fomentar el emprendimiento y la creación de empleo, el sistema imperante muestra desinterés, cuando no desprecio. 

Cuando un niño muere porque sus padres se niegan a realizarle una transfusión de sangre, el dogmatismo de sus padres produce un rechazo casi unánime en la sociedad. La inmensa mayoría considera natural que se apliquen los remedios sanitarios aportados por los avances científicos para curar a una persona enferma. ¿Cómo justificar, entonces, que una parte del sector sanitario público desprecie una ayuda millonaria para la investigación y la cura del cáncer? ¿No es acaso su dogmatismo similar al de los testigos de Jehová?

Carta abierta de una paciente indignada

El Círculo de Empresarios, entre otros agentes económicos, lleva advirtiendo desde hace más de una década que el sistema educativo ofrece una visión distorsionada de la labor empresarial y de la imagen del empresario. Aunque estas denuncias han sido escuchadas y recogidas en las nuevas leyes, la rectificación iniciada todavía está lejos de dar fruto. Uno de los aspectos más beneficiosos y menos comentados de la maltrecha LOMCE fue la incorporación de la ética empresarial y la función del empresario en los planes de estudio de varias materias –no estrictamente económicas-. Este esfuerzo legislativo quedará diluido si no llega a los profesores, que son los responsables de aplicarlos, y a los libros de texto.

Hay que reconocer los grandes avances que se hacen para incentivar el espíritu empresarial desde la infancia. Sin embargo, además de promover la innovación y las competencias emprendedoras en la enseñanza básica, hace falta cambiar actitudes recelosas sobre la economía de mercado y la actividad empresarial, desgraciadamente frecuentes en algunos ambientes culturales que han resurgido tras la crisis de 2008, de la mano de corrientes populistas y simplificadoras. Es verdad que hay empresarios que no contribuyen a mejorar la imagen de su profesión, pero eso ocurre en cualquier rama de la actividad humana y no justifica que se aliente la animadversión a la importante y arriesgada labor que supone la decisión de constituir una empresa.

Una postura hostil en los libros ante el empresario

Lo interesante es preguntarse dónde está la raíz de este rechazo a la cultura empresarial. En el año 2003, el Círculo publicó un estudio sobre la figura del empresario y la economía de mercado en los libros de texto en el que se denunciaba el sesgo ideológico que adoptaban para juzgar la labor empresarial. En el 60% de los libros de Historia y Geografía exponían posturas hostiles al empresario y el libre mercado. Con estos planteamientos, fomentados cuando se construyen nuestros referentes y nuestros sistemas de creencias, no es de extrañar que en nuestro país se produzcan reacciones tan increíbles como las de algunos sectores de la sanidad pública en contra de las donaciones de Amancio Ortega.

https://twitter.com/circulodempresa/status/872366650955362304

El Círculo ha seguido interesándose por el tema y ha elaborado un nuevo estudio, dirigido por el catedrático José Luis García Delgado, Empresarios y Bachilleres. Reconocen en este libro los pasos positivos que se están dando para comprender la función irremplazable de la economía de mercado. Poco a poco, se ha ido creando un ambiente cada vez más favorable al papel que desempeñan las empresas, incluso idealizando a veces la figura del emprendedor.

Los autores del estudio observan que predomina el desinterés a la hora de incorporar a la pedagogía la explicación de la función social de la labor empresarial. Tras revisar los textos de distintas editoriales (SM, Santillana, Anaya, Algaida, MacGraw-Hill, Bruño, etc.), advierten que hay una gran diferencia entre las descripciones que aparecen en los libros de Economía y materias afines, escritos por autores con conocimientos económicos, y los comentarios dedicados para explicar la función del empresario en otras disciplinas donde se suscriben con frecuencia prejuicios ideológicos o se limitan a comentar lugares comunes.

Adoctrinamiento y educación

En los manuales de Historia y Geografía (14 analizados), detectan la falta de referencias que valoren la figura del empresario. Normalmente, el comentario de su figura aparece entre expresiones dudosas, como “elites burguesas” o “bloques dominantes”, donde no se alude, o muy escasamente, a la aportación del empresariado al progreso económico ni a su papel en el proceso histórico de modernización. Ponderan los revisores que, aunque se ha mejorado considerablemente, todavía permanecen valoraciones reacias a la función empresarial, imprescindible para el crecimiento económico y el sostenimiento de la sociedad del bienestar. A veces, se usan expresiones sutiles para reproducir viejos prejuicios ideológicos o para sembrar la sospecha sobre la adecuación de la labor empresarial a la ética social. La globalización suele tratarse siempre negativamente, en lugar de ver en ella también una fuente de oportunidades y un potencial enriquecedor por fomentar, gracias a la tecnología, la colaboración y la innovación a través de la participación a distancia en el conocimiento y el aprovechamiento de la experiencia de otras persona. Se centran en que puede ser causa de desigualdades, o de destrucción de empleo, pero olvidan que puede favorecer la integración de pueblos y culturas, simplificar el esfuerzo del trabajador, agilizar las comunicaciones, aumentar la productividad y el acceso democrático a toda clase de bienes y servicios.

Docentes preparados y con rigor

Este libro añade al análisis una propuesta muy adecuada para orientar a las editoriales sobre temas que relacionen el papel de los empresarios con el progreso económico y social y el tratamiento de que puede ser objeto tanto en materias estrictamente económicas como en aquellas más sociológicas o culturales. Subrayan la importancia que tiene que los docentes estén bien preparados en sus áreas de conocimiento y adecuadamente formados para servir con rigor como profesionales de la transmisión del saber, una función que no es compatible con los prejuicios ni con las actitudes dogmáticas.

El libro Empresarios y Bachilleres demuestra que la educación y los libros de texto pueden servir como fuente de legitimación de la labor empresarial. Según todos los informes (GEM), la falta de reconocimiento social de la función empresarial es uno de los principales motivos del bajo espíritu emprendedor en nuestro país. Es una grata noticia que esté creciendo la mentalidad start-up y que aumenten los proyectos de apoyo al emprendimiento en todas sus versiones, pero no son signos suficientes. Hace falta cambiar definitivamente la actitud hacia el empresario, procurando el reconocimiento social de su función. La iniciativa empresarial prospera en aquellas sociedades que acreditan a sus empresarios. No por casualidad son las más prósperas.

Ocurre actualmente en los libros de texto como en muchas de las iniciativas de fomento del emprendimiento actualmente en marcha en el mundo educativo. No es que haya una visión negativa del empresario, sino hay más bien una omisión de la importancia de su labor, un olvido o una ambigua actitud hacia el papel social que les corresponde, una explicación aséptica de la actividad empresarial. Si queremos construir un futuro más próspero, nuestra sociedad tiene que desprenderse de una vez por todas de esas perniciosas reticencias.

Escrito por

Experta en emprendimiento en el sistema educativo. Doctora y profesora de postgrado en la Universidad Camilo José Cela y la USP CEU.

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