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Evaluar algo más que el intelecto . Los informes se olvidan de la cultura del esfuerzo diario

El sistema educativo tiende a evaluar los resultados en función de los conocimientos académicos. Aspectos como la responsabilidad y el trabajo diario quedan ensombrecidos por un examen. Ante esta situación, hay quien se cuestiona: ¿merece la pena el esfuerzo?

Esta pregunta es la que se hacen nuestros hijos cuando, tras esforzarse y cumplir sus responsabilidades escolares, no consiguen el resultado que merecerían y ven cómo algunos compañeros que no estudian o que bordean de forma continua los límites de las normas de convivencia terminan superando las asignaturas y parece que consiguen sus propósitos.

Y, como padres, a veces nos quedamos sin argumentos. Les hablamos de las diferentes capacidades de cada uno y no paramos de decirles, reiteradamente, que no solo se trata de sacar la mejor nota, que lo realmente importante es tener fuerza de voluntad para superar las dificultades, crecer como personas y estar abiertos a las necesidades de los demás.

Con esta inquietud, siempre me he preguntado, como padre y como profesor, por qué es habitual que nuestras evaluaciones se centren normalmente en medir los conocimientos y las capacidades intelectuales, en unas pruebas o exámenes que no siempre muestran el nivel real de comprensión ni el esfuerzo realizado.

James J. Heckman, premio Nobel de Economía en el año 2000, también percibió esta inquietud y estudió cómo los resultados de muchos estudios estadísticos eran erróneos porque existían variables que no eran recogidas y que, sin embargo, influían decisivamente en los análisis. Aplicado a la educación, significaba que en la evaluación escolar no podía considerarse únicamente el rendimiento alcanzado en unas pruebas cognitivas, sino que era obligado tener en cuenta otras capacidades -que él denominó blandas o emocionales-. “Las habilidades generan mayores habilidades”, afirmaba Heckman para referirse a la interdependencia de todas ellas.

“Stranger Things” como alegato en favor de los buenos profesores y los buenos estudiantes

Las capacidades emocionales recogen las destrezas que, a pesar de no estar relacionadas directamente con la inteligencia o con el conocimiento, son importantes para el futuro desarrollo individual, social y profesional de los alumnos, con la perspectiva de mejorar sus competencias para enfrentarse a un mundo cambiante. En nuestro entorno cercano, ¿lo que afirma Heckman se hace realidad? ¿Podemos de alguna forma aportar datos concretos y fundamentar estas afirmaciones?

Si tomamos los resultados obtenidos por los alumnos españoles de 15 años en el último Informe PISA del año 2015 para Matemáticas, Lectura y Ciencias -que se presentan tomando como media 500 puntos- y tomamos los cuestionarios de contexto que los acompañan, podremos analizar la dependencia que estas habilidades tienen sobre el estudio.

El primer valor que podemos considerar es el grado de responsabilidad y de cumplimiento de las obligaciones escolares, considerando el control de las faltas al centro en las últimas dos semanas de clase. Al analizar los resultados observamos que, a menor número de ausencias y retrasos, mejores son las puntuaciones alcanzadas.

EsfuerzoSi estimamos ahora las respuestas que permiten valorar el compañerismo -analizando las actitudes de apertura a los demás y a sus necesidades, a diferentes perspectivas y a considerar el éxito de los compañeros de clase- se observa, igualmente, una relación clara respecto a las puntuaciones obtenidas en las materias.

esfuerzoFinalmente, revisando el sentido de pertenencia al centro y el cuidado de las relaciones personales en él, también se observa su vinculación con los resultados obtenidos.

EsfuerzoVistos estos resultados, ¿tengo ahora más argumentos para hablar a mis hijos sobre la importancia del esfuerzo y de cumplir sus obligaciones responsablemente?

La realidad es que sentirse reforzado en aquello que intuimos o creemos hace que nuestros argumentos tengan mayor peso. Nos confirma en la importancia de estimularlos para que no desfallezcan y, libremente, elijan educar su voluntad. Nos hace comprender que nuestra misión es conseguir que su motivación no decaiga -ahora en el estudio y en su realidad, mañana con lo que deban afrontar- porque su futuro, y con él el de todos, dependerá de su capacidad de ilusionar y de continuar aprendiendo.

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Escrito por

Profesor de ESO y Bachillerato. Doctor en Economía por la USP CEU.

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