Diario de análisis, reflexión y valores    

 

El adoctrinamiento nacionalista ha debilitado a España y la escuela es el lugar para sanarla

En la escuela, la regionalización ha venido siendo un medio de lucha por el poder ideológico y político. Al adoctrinamiento tergiversador de la historia de España y de sus raíces comunes por parte de los nacionalismos, hay de añadir dos causas que han dado eficacia al proceso desintegrador: la renuncia a la tradición y el modo en el que se ha articulado la pluralidad.

En Cataluña, asistimos a un prolongado proceso de adoctrinamiento llevado a cabo por el poder político y cultural, sobre todo en la escuela.

El proyecto nacionalista trata de crear una conciencia nacional, condición necesaria en sociedades con población de origen muy dispar para la integración social en torno a un ideal cuya realización política tendría que acabar siendo, aplicando el principio de las nacionalidades, “una nación, un Estado”. Este proceso de adoctrinamiento identitario explicaría el llamativo apoyo de una cantidad nada desdeñable de ciudadanos de origen no catalán al ideal separatista. El elemento aglutinante en el nacionalismo catalán no es el origen o la raza, sino el proyecto, a cuyo proceso de realización deben sumarse cuantos más mejor.

Se ha escrito mucho sobre la cuestión del control y la reprogramación de la escuela por los nacionalismos separatistas. Quisiera ir más allá y mostrar cómo en este proceso de construcción identitaria se ha dado, en paralelo, un fenómeno semejante en toda España. Desde la Transición, la escuela ha recuperado raíces culturales amenazadas del patrimonio de todos los españoles, en esta tan plural España de siempre. Pero, lamentablemente, la escuela, en manos de los 17 gobiernos autonómicos, ha sido un medio para legitimar la existencia de la propia autonomía como entidad histórico-política, cuando la intención del legislador fue una radical descentralización política con un fuerte control democrático vía Parlamentos regionales. Lo que para las Ciencias Sociales fue una mayor atención hacia la dimensión regional de los fenómenos como ejemplo de una tendencia general, en la escuela, la regionalización ha venido siendo un medio de lucha por el poder ideológico y político: pugna entre partidos por el control regional, pugna del poder regional contra el Gobierno para legitimarse en sus reivindicaciones. Este proceso no puede darse sin ir en detrimento de la fortaleza de lo común sobre lo particular.

Las causas del proceso desintegrador de la conciencia española

Al adoctrinamiento tergiversador de la historia de España y de sus raíces culturales y espirituales comunes por los nacionalismos, a la tendencia regionalista y localista de carácter centrífugo por razones de poder, hemos de añadir dos causas que, a mi entender, han dado eficacia a ese proceso desintegrador de la conciencia española. La primera, la renuncia explícita e implícita a mantenerse fiel a una tradición histórica realista que sitúa la obra común de todos los españoles como una de las cimas civilizadoras de la humanidad, con una unidad espiritual común fundada en la Fe Católica, nervio inspirador de todos los aspectos de la mentalidad colectiva, de las instituciones sociales y políticas de nuestras Españas, con todos sus frutos a nivel universal: defensa de la Cristiandad ante las amenazas islamistas de la unidad europea, frente a un modo desviado de entender la religión que somete la conciencia al poder del Estado y es, frente a este, una garantía de la más noble libertad personal.

Finalmente, la inclusión para siempre en los ámbitos de la civilización occidental clásica a más pueblos que ningún otro país europeo haya realizado jamás. Y un arte y una literatura que emerge con una extraordinaria penetración de los misterios de la vida humana. ¿No tendría esto solo que constituir motivo suficiente para conocer y estudiar ese ingente e imbatible monumento de Hispanidad? ¿De los distintos pueblos de España y en cada una de sus lenguas? ¿Está esto en el espíritu y en la letra de los programas de Humanidades en todos los colegios de España? El servil sometimiento de los gobiernos de izquierda y de derecha al proceso de demolición ideológica de nuestro patrimonio cultural común, bajo los postulados de la izquierda cultural, alimentada por todos los tópicos de la “Leyenda Negra” y la alianza de un liberalismo que solapadamente pretende fundar España a partir de la Constitución de 1812, puro acto de voluntad, como lo son todas las Constituciones. ¿Por qué tendríamos que protestar contra las pretensiones de separatismo, fundadas también en puros actos de voluntad? Y más en una modernidad que ha ido negando la primacía de la realidad sobre la razón, de la razón sobre la voluntad y de las emociones irracionales sobre la voluntad misma, sumergidos, como estamos, en un mundo mediático donde todo se mueve sutilmente a la conquista de adhesiones emocionales. No cabe duda de que la destrucción autoflagelante del patrimonio histórico común, de una grandeza insoslayable, ha creado el vacío que las ideologías precisan para ganarse afectos y voluntades.

La diversidad, cuestión de Estado

La segunda causa del éxito del exclusivismo centrífugo es el modo en el que se ha articulado la pluralidad de España: no debiera haber correspondido a cada autonomía defender su propia identidad ante la asumida como común por el Gobierno del Estado. La defensa de la identidad diversa de España debe ser una cuestión de Estado, evitándose así que ningún grupo político, atrincherado en su autonomía, utilice su tradición cultural, la defensa de su lengua, como argumento reivindicativo para fines políticos contra el Gobierno central. Parece ridículo y es causa de grandes males ver al Estado defender una unidad común fundada en la Constitución -¿no hay más España que la Constitución?-, frente a quienes arguyen razones de peso identitario e histórico, lenguajes distintos jamás se van a entender. ¿Y si fuera el catalán una cuestión de Estado? ¿Y si se explicara, como decía con insistencia Felipe II refiriéndose a Fernando el Católico, “a él se lo debemos todo”? ¿Y si se explicara en Sevilla o Valladolid que la gesta del 11 de septiembre de 1714 fue en su catalanidad un canto a la “libertad de toda España”?

Queda pendiente en España una pedagogía de la historia de los distintos pueblos de España nacidos de la Reconquista, como una manifestación de un nervio, un genio y un proyecto común, persistentemente buscado: España. Pero también, aplicando el principio aristotélico de la analogía, “España se dice de muchas maneras”, se precisa una pedagogía de lo catalán, de lo vasco, de lo gallego… como modos de lo español.

Solo por el vacío y la ausencia de España vienen a ocupar su lugar las ideologías, las manipulaciones históricas, los proyectos voluntaristas de signo separatista o legalista, las ambiciones políticas y los intereses de grupo. Si no habla la democracia de los siglos, hablará la de las masas cambiantes. No es más Estado, más Constitución lo que nos falta, es más España. Esa que aún ha emergido del corazón de las gentes en estos días de prueba. España está herida. La escuela es el lugar para sanarla.

Ilustración de portada: La pizarra de la manipulación | Pablo Casado
Escrito por

Licenciado con grado en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona. Profesor de Historia de la Educación e Historia de los Grandes Proyectos Educativos en los Grados de Educación Infantil y Primaria, así como Historia y Sociedad en los Grados de Derecho y Psicología en la Universidad Abat Oliva-CEU.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons