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Xi Jinping visita Madrid. ¿Por fin somos importantes para China?

La visita del presidente Xi Jinping a Madrid es un buen momento para abordar los grandes desequilibrios en la relación comercial, migratoria y de inversiones entre España y China.

España registra un déficit comercial con China de 22.000 millones de euros. Este grandísimo elefante en el salón, obviado por los sucesivos Gobiernos del PP y del PSOE, llegó a alcanzar 27.000 millones con José Luis Rodríguez Zapatero. No solo es escandalosa la magnitud, sino la naturaleza de nuestra balanza de pagos con China, en números rojos: el grueso de las exportaciones de España a China son productos de baja tecnología, como minerales y carne de cerdo, lo que exportaría un país en desarrollo; y las exportaciones de China a España se concentran en la maquinaria eléctrica y mecánica de tecnologías medias y altas. En suma, el buen producto o servicio tecnológico español o las contratas de infraestructuras que dominan nuestras exportaciones tienen grandes problemas para alcanzar los mercados chinos. Sin embargo, los productos chinos que incorporan tecnología arrasan en los mercados españoles.

Detrás del superávit chino está el proteccionismo; el dumping medioambiental y social; la quiebra de derechos humanos; la discriminación, xenofobia y canibalización de la propiedad intelectual de las empresas occidentales en China. No es, pues, España la que tendría que levantar la voz sobre estos abusos, sino la Unión Europea en conjunto, para neutralizar la estrategia de “divide y vencerás” de la República Popular China en Europa, de modelar el panorama económico y político europeo a medida de los intereses de Pekín. Véanse los resultados para los intereses franceses cuando Nicolas Sarkozy denunció la violación de los derechos humanos en China.

China no invierte demasiado en España, y raramente en sectores clave para la internacionalización. Al contrario, China compite y desplaza a empresas españolas en mercados iberoamericanos, en los que España concentra el grueso de su inversión exterior: telecomunicaciones, energía, transporte, infraestructuras y ferroviario. En el viaje de Xi Jinping a España, Portugal, Argentina y Panamá, China pretende cerrar acuerdos en sectores de este tipo, o afines, con sus partenaires iberoamericanos.

Por tanto, sorprende el reciente acuerdo de colaboración entre Adif y Renfe con la China Railways sobre alta velocidad ferroviaria. Si bien los chinos quiebran las reglas de la competencia internacional con su política industrial de subsidios, contando con el apoyo financiero de su Gobierno de bolsillos más que llenos, pletóricos, a efectos de la internacionalización, no parece inteligente meter al lobo chino en el gallinero, dándole acceso a nuestro know how puntero. Véanse, por ejemplo, los flamantes vagones nuevos del metro de Buenos Aires, fabricados por empresas chinas, competencia de CAF y Talgo en España.

Si China piensa invertir algo más en España en 2018 (que no sea apropiarse de puertos españoles, gracias a inversiones como la realizada en Noatum), es porque Estados Unidos, Alemania y otros países de la OCDE ya limitan la inversión china por razones de Seguridad Nacional. Poco invierte China en España en sectores de futuro y, sin embargo, España deslocaliza todo tipo de industrias a China.

La estrategia china del collar de perlas para ganar la batalla comercial

Es decir, las inversiones chinas suelen responder a su estrategia de control logístico y comercial planetario de la Ruta de la Seda, en energía, transportes, infraestructuras (puertos, carreteras, telecomunicaciones). Por ejemplo, China compra la eléctrica EDP de Portugal, con acceso a la red eléctrica asturiana y la central nuclear de Trillo. En suma, las consideraciones de guerra híbrida deberían contar en toda negociación con los chinos.

Pero el problema fundamental es migratorio: el día que haya 200.000 ciudadanos españoles (o de toda Iberoamérica) en Shanghai, entonces habrá paridad y no discriminación. Todo español que intenta montar una pyme en China se ve sujeto a la corrupción, discriminaciones y grandes problemas a la hora de trabajar. Sin embargo, en España todo han sido ventajas para los chinos: no extraña, pues, que Zapatero consiguiera que China acaparara el 12% de la deuda soberana española para cerrar enormes agujeros en las cuentas públicas, consecuencia de su penosísima gestión. Es esta una red de distribución paralela, mal regulada. La verdadera inversión china en España es la destrucción de nuestro comercio minorista en todas nuestras esquinas, para colocar productos chinos de dudosa calidad, a través de pymes cuyos empleados, en la mayor parte de los casos, no han terminado la educación secundaria. Solo en Madrid, ciudad que visita Xi Jinping, ya residen 200.000 chinos.

Imagen de portada: Felipe VI recibe en el Palacio Real de Madrid al presidente chino, Xi Jinping | Agencia EFE
Escrito por

Economista, Doctor en Paz y Seguridad. Investigador del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado-UNED. Consultor económico para el sudeste asiático.

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