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La reestructuración del sistema bancario llega a Bankia, donde el Estado sigue desinvirtiendo

El Estado recupera parte del dinero utilizado para salvar a Bankia con su desinversión en la entidad. Parece imposible conseguir el retorno, ni siquiera de la mitad de lo necesitado para el rescate. Mientras tanto, la reestructuración del sistema bancario lleva a esta compañía a proponer un ERE en su plantilla. 

La reestructuración del sector financiero no ha terminado. La prueba es la vigencia de los Expedientes de Regulación de Empleo que han presentado en los últimos días Bankia o el Sabadell. No es solo un modo de rejuvenecer y abaratar el coste de la plantilla, como antaño, es fruto de un proceso de renovación que se inició con el estallido de la crisis, que continúa con la reducción de la sobrecapacidad instalada en los años de burbuja inmobiliaria y financiera y que se mantendrá porque la revolución tecnológica obliga a modificar profundamente la estructura de prestación del servicio. A estas alturas es aún difícil de cuantificar el efecto que tendrá el cambio en el patrón de consumo de los clientes, que prefieren operar en internet antes que en las oficinas, y la aparición de nuevos competidores sin ficha bancaria en la red. Pero, aunque todavía provisional, sí podemos hacer un balance del rescate del sector.

Si preguntáramos indiscriminadamente a las personas con las que nos cruzáramos por la calle por la entidad responsable, seguramente más de uno y más de dos citarían a Bankia. Efectivamente, ha sido un salvamento gravoso. No solo por la cuantía, sino también porque obligó a España a solicitar un préstamo a sus socios europeos que está por devolver y que significó una cesión parcial de soberanía, puesto que nos obligó a hacer profundas reformas estructurales, aunque necesarias para hacernos más eficientes y elevar nuestro potencial de crecimiento, con un elevado coste político y social.

Sin embargo, a pesar del ruido mediático, en términos relativos -y el tiempo dirá si también absolutos- no ha sido Bankia la más cara. Catalunya Caixa, la fusión de tres cajas catalanas presidida por Narcís Serra, recibió 12.347 millones de euros que el FROB ha dado ya por perdidos. En Bankia se han inyectado más de 22.000. Pero, a diferencia de la caja catalana, que se saneó y vendió por poco más de 1.000 euros y muchas garantías públicas a BBVA, en la entidad que preside Ignacio Goirigolzarri el Estado entró en el capital y ahora comienza a desinvertir colocando por tramos las acciones. Si el precio de venta de la última operación se mantiene, no regresará a las arcas públicas todo lo que salió, pero sí en torno a un tercio. Difícilmente la mitad, a pesar de que los mercados de renta variable son alcistas.

La banca trata de adaptarse a Basilea III . Un futuro tecnológico y de grandes entidades

Es un proceso todavía abierto y, por tanto, sería osado hacer un cálculo definitivo. Pero sí hay elementos suficientes para evaluar las decisiones, los procedimientos que se usaron para sanear a las entidades quebradas. Indudablemente, si el criterio es económico, el modelo de rescate que se usó en Bankia, entrando en su capital, ha sido el menos dañino para los intereses del contribuyente.

De los más de 122.000 millones que hemos gastado entre avales y ayudas directas a salvar el sector, quizá perdamos la mitad, tal vez más. Los grandes responsables fueron los gestores que fraguaron aquel desastre, la inmensa mayoría al frente de las cajas de ahorro. Pero también las autoridades deberían rendir cuentas de sus decisiones. Es probable que hubiéramos podido hacer lo mismo, incluso más, con menos. O con más garantías de recuperar la inversión.

Imagen de portada: Torres KIO de Madrid, una de las principales sedes de Bankia.
Escrito por

Periodista. Coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid, colabora con EsRadio, El Economista y es profesora de la Escuela de Marketing ESIC. Autora del libro "Gabinete de crisis".

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