Diario de análisis, reflexión y valores
 

Salvar al euro para salvar Europa . Se necesita un presupuesto común que evite asimetrías

La Comisión Europea reconoce que los Estados miembro necesitan redoblar los esfuerzos en aspectos como la Unión Monetaria y Bancaria. Salvar al euro y consolidarlo es el primer paso para alejar los fantasmas euroescépticos. 

El euro es, casi con toda seguridad, el mayor logro conseguido hasta la fecha en el proceso de integración europeo. Sin embargo, el éxito que supone que 19 de los 27 países que componen la Unión Europea (excluyendo a Reino Unido) dispongan de una moneda común no es óbice para admitir que la primera crisis económica a la que el euro debía hacer frente logró desenmascarar los defectos congénitos de los que adolecía la divisa europea, tornándose imperativo la corrección de estos. Es, por este motivo, por lo que la Comisión, a través de su vicepresidente y comisario para el Euro, Valdis Dombrovskis, ha anunciado recientemente la adopción de medidas a corto y a largo plazo para fortalecer la Unión Monetaria antes de que la próxima crisis le sobrevenga.

Concretamente, el comisario Dombrovskis ha hecho especial hincapié en la posibilidad de emitir eurobonos y en la creación de una suerte de Ministerio Fiscal Europeo para que los países del euro dispongan de un presupuesto propio. Sin embargo, para ser capaces de aplicar soluciones correctas a un determinado problema, resulta indispensable disponer de un diagnóstico veraz y fidedigno y en este diagnóstico habría que tener en cuenta, sobre todo, que en la decisión de adoptar el euro tuvieron más peso los criterios políticos que los económicos ya que, en el momento en el que aquella se tomó, la Unión Europea carecía (y sigue careciendo) del requisito más básico de un área monetaria óptima, utilizando la terminología del experto en la materia y premio Nobel de Economía Robert Mundell.

Además de no ser aún un mercado único perfecto, al permanecer determinados sectores ajenos a la integración plena (como es el caso de las industrias de la energía, de las telecomunicaciones o del transporte) el principal defecto que padece la eurozona es la falta de convergencia entre las regiones que la componen, además de la ausencia de mecanismos para poder corregirla. A esta deficiencia ha aludido el propio Dombrovskis ya que, al tener que aplicar el Banco Central Europeo la misma política monetaria para toda la eurozona, es indispensable que las variables nominales de los países que la componen sean más o menos homogéneas entre ellas. De lo contrario, se podrían estar ejecutando políticas procíclicas que, lejos de solventarla, agravarían la coyuntura económica correspondiente y convertirían en contraproducente la política expansiva o restrictiva de la autoridad monetaria competente, según sea el caso.

La peseta no es la solución

Friedrich Hayek, en su obra de 1937 El nacionalismo monetario y la estabilidad internacional, ya señalaba las dificultades que podría entrañar un área monetaria formada por dos únicos países en la que uno presentara un mayor nivel tecnológico que el otro, ya que el país más desarrollado podría, gracias a su mayor productividad, obtener más bienes a un coste menor y, así, al aumentar la oferta agregada, disminuiría el nivel de precios. De esta manera, el diferencial de inflación entre ambos países persistiría como consecuencia de su propia estructura productiva y la única manera de evitar estos diferenciales en el nivel de precios, responsables de los tan temidos shocks asimétricos en la aplicación de la política monetaria, sería mediante la convergencia real de las distintas regiones que componen dicha zona monetaria.

Ahí radica la importancia de la transferencia de rentas dentro de un área monetaria y la relevancia que supondría para la eurozona contar con un presupuesto propio, ya que ello contribuiría a la ya mencionada convergencia real entre sus países miembro, sentando así las bases para una actuación efectiva del Banco Central Europeo (circunstancia, por cierto, no muy diferente a la que ya tenía lugar en España cuando la peseta era la moneda común de un área monetaria óptima formada por 17 regiones en la que cada una de ellas presentaba diferentes estructuras productivas). El euro no dispone aún de este mecanismo de corrección de disparidades y, por ello, desde un primer momento, la Unión Económica y Monetaria nació coja, al carecer de su correspondiente unión fiscal. Paliar esta carencia, según ha reconocido por fin la Comisión, resultará clave para salvar el euro y, de esta forma, ser capaces de prevenir con mayor efectividad la próxima crisis a la que este deba enfrentarse.

Imagen de portada: Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la Comisión Europea y comisario para el Euro, durante el Forum Económico de Bruselas | EC-AUDIOVISUAL SERVICE
Escrito por

Doctor en Ciencias Económicas por la USP CEU. Profesor de la Escuela Europea de Dirección y Empresa, EUDE.​ Especialista en proyectos de integración económica y acuerdos comerciales internacionales.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons