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Los bajos tipos de interés y la pasada crisis bancaria dejan a muchos pueblos sin cajeros

Ante la bajada de rentabilidad por los bajos tipos de interés y la crisis, las entidades bancarias se han visto obligadas a reducir sus costes y adoptar medidas como la concentración y el cierre de sucursales. Este hecho ha dejado a muchos pueblos sin cajeros ni oficinas, lo cual supone un grave problema para las personas mayores que no están familiarizadas con el mundo digital. 

Según los recientes datos del Banco de España, un total de 775.000 millones de euros es el importe de los depósitos que las familias españolas guardan en nuestras entidades bancarias. Constituye un máximo desde la crisis, que tiene lugar precisamente cuando el tipo de interés ofrecido a los depositantes está en mínimos históricos: 0,09 por ciento.

Ni siquiera en 2012, cuando las entidades bancarias ofrecían un tipo de interés del 5 por ciento, había tanto dinero de los clientes depositado, que apenas alcanzaba los 713.000 millones de euros. Unos clientes que se mantienen todavía sensatamente cautelosos y preocupados por seguir desendeudándose y acabar de pagar sus préstamos e hipotecas pasados, antes de que llegue la anunciada nueva subida de tipos.

Daños colaterales de la intervención del BCE

Una de las razones de tal situación es la política expansiva del Banco Central Europeo, inyectando liquidez en el sistema. Esta “respiración asistida”, que busca ayudar a la salida de la crisis, ha acabado con la rentabilidad de los depósitos, modalidad de ahorro calificada como de menor riesgo y, por tanto, menos retribuida.

Pero ello ha tenido también otros efectos secundarios. Por un lado, ha bajado la rentabilidad del negocio bancario por esos bajos tipos de interés oficiales, tanto en Europa como en Estados Unidos, y el menor número de préstamos solventes solicitados.

Los tres hitos de la economía española durante la crisis

Por el otro, consecuencia del anterior y de la propia crisis económica, es que las entidades bancarias supervivientes se han visto obligadas a reducir costes en todas las partidas posibles. Entre estas, la de concentración y consiguiente cierre de oficinas. A ello se sumó la quiebra de las cajas de ahorros, afectadas por su mala gestión y los impagados del sector de la construcción, que cubrían muchas áreas rurales. Y luego se ha añadido la introducción de progresivas e imparables mejoras tecnológicas y la eclosión de la banca por internet.

Esto provoca -entre otros- un problema para dos colectivos: las personas mayores no familiarizadas con las TIC’s (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y los residentes en pequeños pueblos, que han visto cómo se quedaban sin oficinas, dada su escasa población, insuficiente para dar viabilidad al mantenimiento, ni de empleados ni de una mínima infraestructura operacional.

La solución al tal problema no es fácil, ya que, por una parte, los bancos españoles tienen que seguir las tendencias del mercado bancario internacional para continuar siendo competitivos y mantenerse en el mismo. Y no cabe la asistencia pública a empresas privadas.

Pero la realidad es que hay personas mayores y pequeñas localidades que se quedan desasistidas de tales servicios. Además, en el caso de estas, redunda en un mayor desequilibrio territorial y despoblamiento rural.

Soluciones ante el cierre de oficinas en los pueblos

En el caso de la Comunidad de Madrid y de algunos Ayuntamientos, incluso han llegado a ofrecer instalaciones municipales para el establecimiento de cajeros, lo que no ha servido para motivar a las entidades bancarias, dado que hoy la mayor parte de las operaciones pueden realizarse mediante smartphones e internet  y esta tendencia va a seguir en aumento.

pueblos sin cajeros

Sin embargo, la empresa alavesa Alegría Activity -que tuve ocasión de visitar hace un año, invitado por su presidente, Jesús Alegría– está ofreciendo una forma alternativa para que se preste el servicio necesario. Consiste en unos autobuses especialmente diseñados como oficinas bancarias móviles que recorren varios pueblos y, en determinados días y horas, ofrecen la posibilidad de paliar el importante problema planteado. Especialmente, para las personas de mayor edad.

 

Escrito por

Catedrático de Economía Aplicada. Grupo de Investigación MAPFRE-CEU San Pablo. Miembro del Consejo Editorial de El Economista y UNISCI Journal.

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