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El cuento de la lechera de Pablo Iglesias . Su propuesta económica es oportunista e inviable

La propuesta económica de Pablo Iglesias, presentada con motivo de la moción de censura contra Mariano Rajoy, constituye un batiburrillo de enunciados inconexos entre sí y oportunistas. Su nuevo paradigma es imposible de financiar.

No hace mucho que pisa moqueta. Tal vez por esa razón, Pablo Iglesias suele acertar a la hora de identificar algunos de los males que aquejan a nuestra economía. Durante el larguísimo discurso con el que se presentó ante el Congreso, el candidato a la presidencia del Gobierno ha enumerado, entre otros, la desigualdad de salarios y rentas, los desequilibrios fiscales, la temporalidad del mercado laboral o el fraude fiscal. A pesar de que nadie le puede negar la evidencia, que bien podemos encontrarla en la prensa de cada día, el aspirante se armó de datos oficiales para justificar su listado.

El problema viene después, cuando se pone las gafas de la ideología para buscar las causas de tales ineficiencias o, peor aún, cuando busca las políticas para paliarlas o el dinero con el que pretende financiar esas iniciativas. No solo constituyen un batiburrillo de enunciados inconexos entre sí y oportunistas, es que además no hay manera de pagarlos.

La propuesta económica de Pablo Iglesias en cinco vectores

El secretario general de Podemos identifica cinco “vectores de cambio” -así los denomina-, cinco pilares sobre los que construir un nuevo paradigma. Vayamos uno a uno.

Primer vector

Pablo Iglesias piensa que España debe hacer una transición energética. ¿Por qué? Pues, según él, para luchar contra el cambio climático, reducir la pobreza energética “que mata a las personas” y generar empleo. ¿Y qué pretende hacer para logarlo? Convertir en un servicio público el suministro energético, evitar que expresidentes o exministros trabajen para las grandes empresas del sector, garantizar un consumo mínimo vital, nacionalizar las centrales hidroeléctricas y cerrar las nucleares en 2024.

¿Existe pobreza energética en España, pobreza que mata a personas? Es cierto que hay familias que lo han pasado mal, que han atravesado serias dificultades para pagar la factura de la luz, negarlo sería cerrar los ojos ante una evidencia. Pero solo una persona ha muerto por ello. Ya se encargó Iglesias de rentabilizarlo políticamente con la conveniente manifestación. Por lo demás, tras ese desgraciado y terrible incidente se han reformado los protocolos para evitar que se corte el suministro a los usuarios.

Una medida contra los periodistas críticos

El candidato quiere cambiar el modelo evitando que expresidentes o ministros trabajen para las empresas. Es difícil vincular la evolución de los precios a su presencia en esas sociedades, pero obviémoslo, demos un paso más: ¿está dispuesto a remunerarles con un sueldo vitalicio para evitarlo? ¿No tienen derecho a desarrollar una carrera profesional al margen del servicio público? No ofrece alternativas… Tampoco explica por qué quiere cerrar las nucleares si lo que pretende es luchar contra el cambio climático. Esa energía no emite CO2 a la atmósfera. ¿Y cómo vamos a pagarlo? ¿Tendremos que financiar de nuevo los consumidores una nueva moratoria en nuestro recibo de la luz? ¿Tendremos que desembolsar también una nueva cascada de subvenciones públicas para fomentar las renovables? Si es así, algunos grandes fondos propiedad de jeques del Oriente Medio estarían encantados de firmar su propuesta, han ganado mucho dinero invirtiendo en paneles solares ineficientes financiados con dinero público en España.

Segundo vector

El segundo de sus “vectores” se centra en el desarrollo de sectores estratégicos.

Probablemente, nadie tenga nada que objetar a ese enunciado, a su empeño en impulsar el trabajo de investigadores o de fomentar la I+D+i. El problema viene en la política que usaría para hacerlo: convertir a Bankia en una banca pública. Suficientemente escaldados han salido los españoles con la experiencia de las cajas.

Tercer vector

Acabar con la precariedad en el mercado de trabajo, ese es su tercer “vector”. Acierta el candidato a la hora de identificar el problema. En España, la temporalidad se eleva al 26%, ocho puntos por encima de la media de la Unión Europea. Quiere hacerlo derogando las dos últimas reformas laborales y dotando de más poder a los sindicatos en la negociación colectiva.

Olvida Iglesias mirar la curva: cuando una economía sale de una recesión, lo hace con empleo temporal. El objetivo es convertir en estables esos puestos de trabajo. Y difícilmente lo conseguiremos dando más poder a unos sindicatos que, tal y como han demostrado a lo largo de la última década, solo pelean por los derechos de los trabajadores indefinidos. Las grandes centrales se han hecho de oro negociando expedientes de regulación de empleo.

Cuarto vector

El cuarto “vector”, que en la práctica es una extensión del tercero, es cambiar el patrón de distribución de la riqueza. Iglesias quiere lograrlo elevando a 950 euros el Salario Mínimo Interprofesional y la cuantía de las pensiones no contributivas y subiendo el coste del despido de los contratos temporales.

Moción de censura a Rajoy

Cualquiera con buenas intenciones firmaría su propuesta, pero el mundo es más complicado de lo que nos quieren hacer ver los populistas. En la práctica, esa subida sería inasumible para las arcas de la Seguridad Social. A menos que se elevaran las cotizaciones sociales que las empresas pagan por sus trabajadores, un impuesto al empleo como cualquier otro. Elevaríamos las barreras que tienen para contratar, como lo haríamos también subiendo el Salario Mínimo. En la práctica, se traduciría en más desempleo. En un mundo globalizado, en el peor de los casos forzaríamos una deslocalización de empresas nacionales en busca de un factor trabajo más competitivo. En el mejor, la inversión productiva extranjera no pondría un pie en España.

Quinto vector

Su último “vector” se centra en cambiar el modelo social para engrandecer el Estado del Bienestar. Iglesias propone reducir el déficit con más mesura, elevar la inversión en educación y sanidad pública, subir las pensiones o trasformar la SAREB en un banco de viviendas de alquiler.

La propuesta de subir el Salario Mínimo Interprofesional sería inasumible para las arcas de la Seguridad Social. Cualquiera con buenas intenciones firmaría su propuesta, pero el mundo es más complicado de lo que nos quieren hacer ver los populistas

Solo hay que objetar que requiere más y más y más dinero… Pero el candidato ha hecho las cuentas, él dice que puede pagarlo. Por retrasar el cumplimiento de los objetivos de déficit va a ingresar 7.000 millones. No explica cómo. Como tampoco calcula cuánto nos puede costar en multas de la Comisión Europea o la inmediata repercusión que tendría sobre los tipos de interés que pagamos por nuestra deuda. Al contrario, en su arcadia feliz eso se traduciría en más crecimiento y, por tanto, Hacienda ingresaría otros 4.500 millones adicionales. Ahí no acaba la suma: subirá los impuestos elevando la progresividad, incidirá especialmente sobre grandes empresas, fortunas, bancos y ahorradores y, como todos, luchará contra el fraude. En total, contará con 19.000 millones de euros adicionales.

Bien podría ser la mitad, un tercio o el doble. Y es que… ¿quién no ha soñado haciendo su propio cuento de la lechera?…

Imagen de portada: El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, durante el debate de la moción de censura contra Mariano Rajoy. | congreso.es
Escrito por

Periodista. Coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid, colabora con EsRadio, El Economista y es profesora de la Escuela de Marketing ESIC. Autora del libro "Gabinete de crisis".

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