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Sánchez se encuentra con un Presupuesto generoso pero sus aliados no le darán tregua

Pedro Sánchez deberá continuar con el esfuerzo de contención para bajar el déficit al 3%. Dos son las opciones: subir impuestos o abordar nuevos recortes. Su camino a la Moncloa tiene un precio que los que le han apoyado se querrán cobrar.

Pierre Moscovici ha enviado una bienvenida cordial a Pedro Sánchez. El socialista, del mismo partido al que pertenece el comisario de Asuntos Económicos, toma el timón de un país que, en cálculos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), crecerá este año cerca del 3%. El mismo día en el que el Congreso votó favorablemente su moción de censura, la bolsa subió un 1’76%. En apariencia, todo son parabienes para el nuevo presidente. El peligro estriba en que las apariencias, como bien le podría explicar un Mariano Rajoy escarmentado de su alianza con el PNV, engañan en ocasiones.

Un Gobierno con el apoyo de la extrema izquierda tras una moción que nadie evitó

Ya en los días previos, las turbulencias que registraron los mercados de renta fija y variable a medida que se avecinaba el debate nos hicieron temer lo peor. Después se demostró que, para los inversores, la tensión política en España era secundaria frente a una Italia que, al borde del abismo institucional, resucitaba el fantasma del euro a dos velocidades. Con el problema aparentemente resuelto en Roma, las aguas volvieron a su cauce. También ayudó el hecho de que Pedro Sánchez, con el fin de amarrar el apoyo del PNV, se comprometiera a acatar, ya veremos si a ejecutar, el presupuesto bendecido por Bruselas. Pero si aceptamos que la bolsa es un termómetro fiable de la situación económica, el Ibex delata la preocupación que despierta nuestro país. En lo que va de año, la bolsa española registra una caída superior al 4%, cuando el retroceso del Eurostoxx no llega al punto y medio. Si rastreamos en los análisis de las firmas de inversión no cabe duda de que ese talón de Aquiles es político, por lo que el acceso al gobierno de un partido débil, sustentado por solo 84 diputados, sustentado por separatistas y populistas que no le van a dar tregua, les mantendrá en alerta. Ya se lo advirtió Ana Botín: “empieza a preocupar en el extranjero si va a cambiar la tendencia positiva en España”. Cada una de sus decisiones se mirará con lupa, cada movimiento provocará una sobrerreacción que puede llegar a desestabilizarle.

Sánchez pretende una subida de impuestos

El autoproclamado socialdemócrata Cristóbal Montoro ha dejado a Pedro Sánchez un presupuesto extremadamente generoso en gasto público que bien podría haberse firmado en Ferraz, así que habrá que esperar a ver las intenciones en política económica del nuevo presidente y a que lleve al Congreso el proyecto que anunció para 2019. Como habrá de continuar, le guste o no, con el esfuerzo de contención para rebajar el déficit al 3%, puede confiar en unos ingresos crecientes fruto de la subida de impuestos o de la floreciente actividad económica, sirviéndose del ejemplo de su predecesor, o coger la tijera del gasto. Sus declaraciones apuntan a que optará por la primera opción, gravando aún más los extenuados bolsillos de los ciudadanos. Craso error ahora que los vientos de cola están a punto de agotarse. El precio del petróleo al alza puede ser una china en su zapato, pero más averías le hará la anunciada decisión del BCE (Banco Central Europeo) de retirar progresivamente los estímulos, es decir, de dejar de comprar deuda pública sustentando a gobiernos manirrotos como los de España que no han hecho más reformas que las estrictamente imprescindibles. Pedro Sánchez carece de margen para aprobar las rentas básicas que exigirá Podemos y apenas si podrá abrir la mano para satisfacer a las autonomías que llevan años demandando un nuevo sistema de financiación. No hizo en sus intervenciones mención alguna a la reforma laboral que tanto ha criticado desde la oposición y su capacidad para introducir cambios se verá limitada por acreedores y socios europeos.

Su osadía le ha colocado en el centro del tablero, descolocando a sus adversarios y dejándole en posición de ventaja. Pero su aventura tiene un precio que los que le han apoyado se querrán cobrar. Su capacidad para agitar la vida política es la que puede acabar pasándonos la factura más alta. Que tome nota de lo que ha ocurrido en Italia.

Imagen de portada: el nuevo presidente del Gobierno Pedro Sánchez bajo una nube de fotórafos | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid, colabora con EsRadio, El Economista y es profesora de la Escuela de Marketing ESIC. Autora del libro "Gabinete de crisis".

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