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Cumbre ¿social? sobre migración

La Conferencia Intergubernamental para el Pacto Mundial sobre Migración ha pretendido institucionalizar este fenómeno como derecho fundamental y equiparar la condición de “refugiado” y “migrante”. 45 países no han asistido a esta cita en Marruecos.

Hay veces que la ONU se nos aparece como un organismo inquietante. Sin ser una entidad académica ni científica, elabora informes y estudios, bastantes de ellos discutibles dado su carácter político. Por ejemplo, elabora un “Indicador de Desarrollo Humano” sin incluir la variable “corrupción gubernamental” que determina, en correlación muy directa, el “bajo desarrollo humano” de un tercio de países del mundo. Desde 2004, en cuatro ocasiones he tenido ocasión de intervenir en su Asamblea General incluyendo dicha crítica.

Porque la extrema corrupción obstruye el progreso económico, expulsa emigrantes y favorece a sus Gobiernos de origen, para quienes un emigrante más es un problema menos; y, además, les trae divisas, consolidando su poder y evitándoles presión y reformas internas. Tampoco incluye la marginación de la mujer, que constriñe a amplias sociedades; sin hablar de la inflación o el abandono del sector agropecuario, que los hace dependientes de la producción occidental de alimentos. Y cuasi culpabilizando a Europa de supuestos “cierres de fronteras”.

El escalón entre España y Marruecos favorece la migración

La realidad es que dos centros de gravedad económica diferentes en tamaño generan una atracción del menor al mayor tantas veces más potente como el diferencial de renta que los separa. En este sentido, el escalón fronterizo entre el PIB de España y Marruecos es el mayor del hemisferio occidental, junto al de Italia-Libia hoy; incluso de los mayores del mundo, exceptuando casos como Arabia Saudí-Yemen, ya enfrentados militarmente.

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Como siempre, entre tales economías surge un comercio o intermediación, representado durante los siglos XVI-XVIII por la piratería berberisca. Hoy los nuevos negreros del XXI se permiten seleccionar su carga eligiendo quién está destinado a entrar en Europa. Así, un análisis sobre los 629 inmigrantes del famoso Aquarius muestra cómo embarcan siempre, además de los adultos, alguna mujer embarazada y niños menores, incluidos bebés, para urgir un rápido desembarco, infundiendo misericordia. En aquel eran 9 embarazadas y 68 menores de 16 años, acompañados o no: 1,2 y 1,4%, respectivamente.

Tristemente, ONG que podrían actuar en origen impulsando proyectos de cooperación, para crear sociedades eficientes, parecen haberse convertido en profesionales del comercio migratorio. Ahora Frontex les prohíbe avisar de su presencia mediante señales frente a la costa norteafricana para que salgan a alta mar los “taxis-patera” de los traficantes y luego en “transfer” ser conducidos a Europa. Tampoco podrán indicar su ubicación a los contrabandistas mediante el transpondedor de su radar, sumando colectivos deseosos de acceder a una sociedad del bienestar a la que no han contribuido, ni construido en sus países.

La solución a la migración es promover el desarrollo en origen

En España, apenas el 3% del total recaudado procede de dicha inmigración, sobrerrepresentada en la población reclusa (29%); también en la subsidiada y desempleada, y que ya rechaza una mayoría de la Unión Europea. Esta y las ONG tienen que actuar y promover el desarrollo en origen. La propia supervivencia comunitaria está ya en juego.

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En la reciente Conferencia sobre Migraciones de Marruecos -reconocido chantajista a este respecto-, se ha pretendido, a pesar de ser no vinculante, institucionalizar la migración de carácter permanente como derecho fundamental, con carácter ius cogens, sin posibilidad de ser derogado. Se pretende equiparar la denominación de “refugiado” y “migrante”, con pronósticos delirantes que, derivados de tal conferencia, estimaban que podrían llegar a Europa en los próximos años “entre 200 y 300 millones de emigrantes africanos”. Asimilar migrantes económicos a refugiados, con derecho a elegir país de destino, obligando a este a asumir sus costes de acogida, formación y manutención.

Y, al fin, acabar centralizando en la ONU la regulación y asignación de los contingentes migratorios internacionales que se les asigne, retirando a los países su potestad al respecto. No es extraño que se hayan ausentado de Marrakech más de 45 países, bastantes europeos, además de países tradicionalmente receptores de inmigrantes, como EE.UU. o Australia.

Imagen de portada: Entrada a las instalaciones de Marrakech, Marruecos, donde se adoptó el Pacto Mundial sobre Migración | ONU/Abdelouahed Tajani
Escrito por

Catedrático de Economía Aplicada. Grupo de Investigación MAPFRE-CEU San Pablo. Miembro del Consejo Editorial de El Economista y UNISCI Journal.

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