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Las tres razones por las que Cataluña se ha convertido en un ‘infierno’ para las empresas

Cataluña ha perdido más de 250 empresas en el último año. Los empresarios dejan una comunidad autónoma que lastra impositivamente la actividad económica y que vive en un contexto de incertidumbre política.

Cataluña no solo ha registrado un evidente deterioro institucional a lo largo de los últimos años, fruto del utópico e irresponsable proceso secesionista que ha impulsado el nacionalismo, sino que también ha sufrido un importante declive económico cuyas causas, más allá del lógico y extendido impacto que ha tenido la crisis en el conjunto de la economía española, responden a la errónea y perjudicial política fiscal, económica y presupuestaria que el Gobierno regional puso en marcha tras el pinchazo de la burbuja crediticia.

Uno de los indicadores más palpables del citado declive es, entre otros, el constante goteo de empresas que deciden trasladar su sede a otras autonomías algo más proclives al nacimiento y desarrollo de negocios. Así, no por casualidad, Cataluña registró la mayor fuga neta de empresas en 2016, tras perder 279 compañías, mientras que la Comunidad de Madrid, por el contrario, incorporó un total de 407 nuevas sedes procedentes de otras regiones, cosechando, una vez más, el mejor resultado del país, según los últimos datos de D&B. No se trata de un hecho puntual. Cataluña lleva cuatro años consecutivos encabezando este particular ranking de huidas empresariales.

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Salidas (rojo) y entradas (verde) de empresas en las CC.AA. durante 2016. Datos: D&B

Además, fue la autonomía que perdió un mayor volumen de facturación el pasado ejercicio como consecuencia de estas salidas, con cerca de 1.162 millones de euros, mientras que la llegada de nuevas empresas aportó al tejido productivo de Madrid otros 1.153 millones en ventas. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón por la que una empresa decide cambiar su domicilio dentro de España? El desarrollo del Estado autonómico ha permitido una progresiva, aunque todavía limitada, competencia fiscal y regulatoria entre regiones que, de forma similar a lo que sucede entre las diferentes jurisdicciones a nivel internacional, ofrece a las empresas la posibilidad de comparar el conjunto de ventajas y facilidades que existe en uno u otro territorio para establecer su negocio.

Una economía globalizada

Y, dado que el desarrollo y crecimiento de una empresa precisa de una economía flexible, una fiscalidad atractiva y una elevada seguridad jurídica para aprovechar al máximo su potencial, los territorios que reúnan estas tres condiciones tenderán a atraer un mayor número de empresas e inversiones, con la consiguiente generación de riqueza y empleo. El problema de Cataluña es que, lejos de seguir esta senda, ha optado justo por la vía opuesta en los últimos años.

En 2008, cuando se desencadenó la crisis financiera internacional, dicha autonomía era la sexta más libre de España, pero en 2011 ya había caído al puesto décimo del ranking nacional para, posteriormente, bajar a la undécima posición en 2013 y 2015, según el Índice de Libertad Económica que elabora desde entonces el think tank Civismo, que analiza el comportamiento del sector público en su doble rol de suministrador y financiador de bienes y servicios, por una parte, y de regulador de la actividad del sector privado, por otra.

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Índice de libertad económica desde 2011 a 2015. Datos: Civismo

Cataluña se sitúa hoy en la parte media-baja del ranking autonómico de libertad económica, mientras que Madrid se mantiene a la cabeza. La estricta regulación que existe a nivel comercial y medioambiental, las numerosas trabas administrativas para conseguir una licencia, la imposición lingüística, la elevada politización del ámbito educativo y de la sociedad civil, así como la escasa o nula solvencia que presenta la Generalitat, tras años liderando las cifras de déficit y deuda, son algunos de los factores que explican esta negativa evolución.

A todo ello se suma, además, una fuerte carga impositiva que, en comparación con Madrid o País Vasco, convierte a Cataluña en una especie de infierno fiscal dentro del panorama autonómico: es la región que posee más impuestos propios; aplica el IRPF más alto de España a las rentas bajas y medias (entre 12.000 y 30.000 euros); mantiene el Impuesto de Patrimonio; y grava de forma sustancial las herencias, las donaciones y la transmisión de activos inmobiliarios, tal y como revela el Panorama de la Fiscalidad Autonómica y Foral 2017 del Consejo General de Economistas.

Hartazgo frente al desafío soberanista

Madrid, por el contrario, es la autonomía que menos castiga a sus contribuyentes en todos los niveles de renta; además de eliminar Patrimonio, bonifica casi al 100% Sucesiones y Donaciones y aplica los tipos más bajos y las condiciones más ventajosas en el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados.

Por si fuera poco, el contexto de alta incertidumbre política que ha generado el proceso independentista constituye un factor de riesgo añadido que, por desgracia, incentiva aún más la fuga de empresas e inversiones. Asimismo, el hecho de que ERC pueda ganar, en caso de que se adelanten de nuevo las elecciones autonómicas, y el peligroso auge de movimientos populistas y de extrema izquierda, como es el caso de las CUP o Podemos -de la mano de Ada Colau-, pintan un escenario de inseguridad jurídica que no ayuda en nada al mundo de los negocios. Escasa libertad económica, impuestos altos y mucha incertidumbre… El cóctel perfecto para plantearse muy seriamente si merece o no la pena trasladar la sede a regiones más afables con el empresario.

Foto de portada: Vista panorámica de la ciudad de Barcelona, Cataluña.
Escrito por

Periodista. Redactor jefe de Economía de Libertad Digital y Libre Mercado. Miembro del Instituto Juan de Mariana. Máster en Periodismo por la USP CEU-El Mundo.

Ultimo comentario
  • Si, lo que acabo de leer, es periodismo, yo no entiendo que supure mas carga ideologica politica que objetividad, o a mi me lo parece

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