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La visita de Keynes a España y los orígenes de las facultades de Economía tras la Guerra Civil

John M. Keynes visitó España una única vez en su vida, pero sus palabras calaron en una generación de economistas que sacó al país de la crisis posterior a la Guerra Civil. Las primeras facultades de Economía fueron el caldo de cultivo para la reforma. 

Una y otra vez merece la pena recordar la venida a España -no volvió más‑ de John M. Keynes en 1930. Dijo cosas sensatísimas, por ejemplo, sobre el tipo de cambio de la peseta, sobre medidas que debía adoptar el Banco de España y, pensando en el futuro, sobre el comportamiento, con consecuencias económicas, que iban a tener los nietos de aquella generación. Todo fue muy acertado. Pero observó también -sospecho-, gracias a la relación que tenía con aquel gran economista español que fue Luis Olariaga, el ambiente de disparate que existía en la política económica española. Por eso señaló que lo más urgente que debía ponerse en marcha en España para superar la crisis colosal que ya entonces comenzaba a amenazar al mundo era una escuela universitaria de Economía.

El caos de la Segunda República liquidó un válido intento en este sentido que había nacido en Barcelona. En Madrid, después de unos cursos muy interesantes creados a partir de la Facultad de Derecho de la Universidad Central, se propugnó el comienzo de ese proyecto para el curso 1936-1937, que naturalmente la contienda liquidó. En plena Guerra Civil, en la Universidad de Valencia se puso en marcha una Facultad de Economía, que fue muy bien estudiada por el profesor Ernest Lluch, pero que la derrota del bando republicano liquidó. Tras eso, hubo que esperar hasta que una reforma universitaria pusiese en marcha una propuesta que, si se lee el proyecto de ley enviado a las Cortes Españolas, era de una Facultad de Ciencias Económicas. Una enmienda de un conjunto de procuradores vinculados con Falange logró que definitivamente se convirtiese en Facultad de Ciencias Políticas y Económicas y que comenzase a funcionar en el curso 1943-1944, en un momento durísimo de la vida económica española, al ligarse el desastre generado por la Guerra Civil con el hundimiento económico realmente colosal derivado de la Segunda Guerra Mundial. Piénsese en el alto grado de dependencia que, a pesar del modelo proteccionista, tenía España -como había mostrado, calificándolo de autárquico en 1936, en De Economía Hispana, Román Perpiñá Grau, a causa de sus enlaces con el exterior-. Estos eran prácticamente reducidísimos entonces. Y su fruto es: el PIB -a precios de mercado-, que en 1929 había sido, por habitante, de 18.388,4 pesetas, en 1858, había caído en 1944 a 13.965,9, según la estimación reciente de Jordi Maluquer de Motes.

Pero, afortunadamente, en la nueva facultad, y en la sección de Economía, y ello a pesar de la existencia de tensiones personales entre muchos de ellos, el decano Fernando María Castiella, con la colaboración inmediata de los miembros de la sección de Economía del Instituto de Estudios Políticos -doctrinalmente ligado a los discípulos de Antonio Flores de Lemus-, consiguió incorporar al nuevo centro a los de José María Zumalacárregui, a uno de los fundadores de la Sociedad Econométrica, vinculado intelectualmente con la revolución docente académica de Julio Rey Pastor, como Olegario Fernández-Baños, a Luis Olariaga, a Perpiñá Grau, a un buen pedagogo aunque discutidísimo autor procedente de las Escuelas de Comercio, Emilio de Figueroa, y a un gran economista mundial, el profesor Heinrich Freiherr von Stackelberg, que ahora se sabe que había venido a España por estar unido a los conjurados contra Adolf Hitler, en el plan del almirante Wilhelm Canaris y el coronel Claus von Stauffenberg. Solo falló en esta muy amplia convocatoria el profesor Ramón Carande, que me explicó un día que había decidido huir para siempre de “los lares políticos de Madrid”, que mucho le habían marcado a partir de la etapa de Primo de Rivera. Carande permaneció en la Universidad de Sevilla.

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Y estos economistas, desde los años 40, comenzaron a enseñar, a publicar en Anales de Economía, en Moneda y Crédito, en la Revista de Economía Política, por qué caminos debería marchar la política económica española. A comienzos de los años 50 -ahí están trabajos como los primeros volúmenes de la Contabilidad Nacional, de la Tabla Input-Output o los libros de Torres-, aparecen las consecuencias de las primeras promociones de licenciados en la facultad, quienes, en nuevas revistas científicas como De Economía y en la prensa, como en la sección de Economía de Arriba, crearon la atmósfera precisa para la reforma, a la que se incorporaron personas tan importantes como Joan Sardá o, un poco más adelante, Jesús Prados Arrarte.

El resultado ha sido, desde entonces, ese alud de decisiones públicas que, con un Enrique Fuentes Quintana, o ahora con un Luis de Guindos, crearon la base para otra España económica. En el siglo que va, de 1850 a 1950, el PIB por habitante español, en términos reales, se había exactamente duplicado; de 1950 al 2000, o sea sobre el siguiente medio siglo, se había sextuplicado. Y por ese camino vamos, precisamente por haberse seguido el consejo de Keynes a partir de 1943. Este genial economista, una vez más, tuvo razón.

Imagen de portada: El economista John M. Keynes
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Escrito por

Presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

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