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El desgobierno en Italia y su giro euroescéptico se convierten en foco de riesgo económico

Las bolsas de la Europa mediterránea caen en picado y suben en vertical las primas de riesgo. Los problemas de Italia para formar gobierno suponen un riesgo latente que, potencialmente, puede ser muy grave para el bloque comunitario.

Italia es la que ha encendido el farolillo rojo que ha hecho saltar las alarmas en los mercados. No son los fundamentales de su economía el motivo de alerta, aunque tenga aún mucho trabajo por hacer, es el riesgo político que introduce el populismo rampante que asola la periferia europea el que preocupa, y mucho, a los inversores internacionales. Porque la política italiana se desliza peligrosamente por la misma pendiente que lo hizo Grecia, la que la abocó a un corralito que mantuvo en vilo a Bruselas. Pero Italia no es Grecia, es ni más ni menos que la tercera economía del euro.

El resultado de las últimas elecciones en el país transalpino ya presagiaba una difícil negociación para formar gobierno. La ultraizquierda podemita del sur y la derecha radical y xenófoba del norte, ambas antisistema y profundamente euroescépticas, estaban obligadas a forjar un pacto de gobernabilidad puesto que gozaban de mayoría en el Parlamento. Pese a los pronósticos en contra, lo lograron, pero su acuerdo era tal disparate económico, tal riada de gasto público, que el presidente de la patronal, Vincenzo Boccia, se vio obligado a salir a la palestra para preguntarles de dónde iban a sacar el dinero para tanto y para advertir que “somos un país industrial, pero nada es para siempre, no podemos dar por hecho que esta posición privilegiada se mantendrá sin cambios independientemente de las decisiones que adoptemos”. El comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea reforzaba ese discurso en rueda de prensa poniendo el dedo en la llaga sobre el abultado nivel de deuda del país: un 132% del Producto Interior Bruto. “Italia debe dar una respuesta creíble”, era la amonestación de Pierrre Moscovici.

El alto endeudamiento de su economía, solo superado por Atenas, es uno de los flancos débiles de Italia. Pero también su competitividad, en el puesto número 42 del ranking IMD, o su sector financiero, aún en precario proceso de consolidación. Dos factores de riesgo a los que no es ajeno la política, su gran talón de Aquiles. Su régimen electoral, que arroja sucesivas mayorías precarias, fuerza a conformar coaliciones frágiles que saltan por los aires al más mínimo escollo, abocando a los ciudadanos a acudir de forma recurrente a las urnas e impidiendo a los gobernantes la posibilidad de acometer las necesarias profundas reformas estructurales que requiere la economía para estabilizarse y crear riqueza y que necesitan de tiempo para consolidarse. Una precaria estabilidad que los populismos han aprovechado para colarse en el sistema a través de los resquicios que ha abierto la crisis económica.

Italia lanza un torpedo populista que puede hundir a la UE . Urge un liderazgo en Europa

Los herederos de Silvio Berlusconi y Beppe Grillo lograron, contra pronóstico, repartirse las carteras del Gobierno y presentaron al presidente de la República un candidato a primer ministro inédito. Un hombre sin experiencia política, con un abultado currículum que resultó ser falso en gran medida y que prometió ejercer, como jurista que es, de abogado defensor de los italianos. Sin embargo, a Giuseppe Conte le habían colado en la cartera de Economía a uno de los más furibundos euroescépticos. Paolo Savona, cual Yanis Varufakis italiano, considera que el euro es el instrumento de Alemania para dominar Europa y está más que dispuesto a convocar un referéndum para salir de la moneda única. Como la experiencia de los últimos años demuestra, las consultas públicas las carga el diablo y por eso el gabinete que los ganadores de las elecciones habían construido a su medida para Conte estaba condenado al fracaso.

Sergio Mattarella, presidente de Italia, rechazó la propuesta y ha encargado a un economista vinculado al FMI la formación de gobierno. Otro técnico, otro Mario Monti para tratar de salvar los muebles. La negativa de los populistas a apoyarlo en el parlamento apunta a que Italia tendrá que volver a las urnas, aunque en un país como este nada es descartable en política. Entretanto, la inestabilidad reinará en los mercados porque, por más que traten de impedir que lleguen al gobierno, de momento con cierto éxito, los resultados de las sucesivas elecciones que se han celebrado en los regímenes parlamentarios del continente demuestran que el peligroso populismo ha logrado hacerse un hueco en el corazón de los electores gracias, en gran medida, a la frivolidad y la ausencia de responsabilidad de los partidos que hasta ahora han gobernado. Costará mucho tiempo extirpar ese cáncer.

Imagen de protada: El presidente de Italia, Sergio Mattarella, comparece ante los medios tras reunirse con el candidato Giuseppe Conte | quirinale.it
Escrito por

Periodista. Actualmente presentadora de 'TRECE al Día' en 13TV. Ha sido también coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid. Autora del libro "Gabinete de crisis" y "Ana Botín, nacida para triunfar".

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