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Confiar está bien, pero controlar es mejor . El bien común es el antídoto contra la corrupción

Pisos o becas “black” para los Ramón Espinar o “errejones” de turno. Comunidades, como la catalana de Pujol-Mas o la andaluza de Chaves-Griñán, carcomidas por la corrupción y rapiña de familiares y allegados de partido; sindicatos recibiendo millones por supuestas “medidas activas de empleo” y cursos inexistentes; continuos casos “populares”… ¿Cómo ha llegado a caer España hasta el puesto nº 40 en el Índice de Corrupción?

España tiene que aumentar contrapesos y controles en su sistema público y acelerar un cambio cultural. El dicho alemán Confiar está bien, pero controlar es mejor (“Vertrauen ist gut, Kontrolle ist besser”) es muy aplicable a la situación de España, donde la corrupción no ha tenido color político. Falta un control eficaz de las empresas públicas y de los gestores políticos.

La corrupción del entorno

Mientras la mentira en el Norte de Europa está muy mal vista, en el Sur de Europa es más tolerada, en muchos casos se podría considerar una herramienta de supervivencia. “En España se diferencia entre el hecho de no decir algo o no contar la verdad. Lo primero para nosotros no es en una mentira. Es una actitud bastante habitual y a veces deseada”, dice el empresario Álvaro Rodríguez, “pero realmente hay que considerarlo un claro engaño.”

El último caso de corrupción, vinculado al equipo de Esperanza Aguirre, es otro ejemplo tipo en el que los criterios base a la hora de elegir personal estaban más centrados en la apariencia, en simpatías personales y en su entorno familiar que en buscar a las personas mejor capacitadas para el trabajo a realizar.

La búsqueda de personal empieza muchas veces en el círculo de amigos

Muchos puestos de trabajo se consiguen a través de contactos, networking, pero en este caso se hace entre los ya conocidos. “Esto en Alemania a alto nivel también puede ser lo habitual, pero no para puestos de nivel medio”, dice Matthias Meindel, que trabaja en el sector inmobiliario en España y Alemania. Ello se explica también por la desconfianza generalizada que existe en España hacia los desconocidos, mientras que para la familia y los amigos se tienen las mayores consideraciones. “Estos vínculos emocionales y la confianza total que se crea en algunas empresas o entornos políticos favorece la corrupción. La gente se vuelve ciega”, dice Antonio Biondini, un empresario italiano residente en Madrid: “En Italia tenemos el mismo problema. La transparencia y la sinceridad no tiene valor para muchos.”

Sin control, la gente de confianza se puede convertir en destructiva

Esperanza Aguirre es el ejemplo de una persona que se ha convertido en ciega gracias a sus valoraciones basadas en una confianza total en su equipo sin sistemas de control. No era capaz de reconocer que sus colaboradores estaban actuando contra ella y contra todos los españoles, aunque aparentemente muchas personas la estaban avisando.

Aguirre se va entre reproches, melancolía y ataques

En muchas empresas, organismos y entes públicos no hay sistemas de control objetivos y eficaces para garantizar cierta calidad en el trabajo y ética en la ejecución. Y es que mucho depende del jefe y poco de los procesos de trabajo.

En una sociedad basada en la responsabilidad cívica hay menos corrupción

La falta de controles pasados en España y cierta ignorancia a la hora de enfrentarse con la realidad se experimenta ya en el seno de las familias que exigen que se cumplan las normas de casa, pero que no quieren ver ni saber lo que se hace fuera. Muchos padres parecen preferir mirar hacia otro lado cuando sus hijos hacen cosas ilegales, abusan de compañeros del ‘cole’ o tienen una doble vida: la de casa y la de fuera de casa.

Es necesaria una educación de las nuevas generaciones que apunte hacía más responsabilidad y autonomía y que permita un mayor civismo

“Pero si hablamos de un control, no debe ser un control autoritario, sino un control cívico”, dice Christian Felber, autor del libro La Economía del bien común. El filólogo cree que la única manera de garantizar que nuestros hijos y políticos no lleven una doble vida es tener debates abiertos con ellos: “Es importante la tolerancia de todas las opiniones que puedan existir en una familia o una sociedad y el hacer entender los beneficios del seguimiento de ciertos valores universales como la honestidad y el respeto dentro y fuera de la casa.”

Es necesario crear contrapesos para garantizar el bien común

En un sistema económico y político tan complejo como son las democracias actuales, es necesario tener organismos independientes que controlen colegios, empresas públicas, políticos, hospitales y universidades públicas. Pero también es necesaria una educación de las nuevas generaciones que apunte hacía más responsabilidad y autonomía y que permita un mayor civismo. Esta actitud no debe llevar a una cultura de denuncia al vecino, como se conoce en Alemania. Todo debe girar alrededor del “bien común”.

El profesor austriaco Felber, de 45 años, y su idea del “mercado del bien común” es muy popular y tradicional en España, desde la época de Larraz, primer catedrático del CEU, “porque la gente se da cuenta de que es esto lo que falta sobre todo aquí: un pensamiento solidario, no solamente para proteger a tus seres queridos, sino a toda la sociedad”, dice Felber. En este sistema del bien común, que ya han llevado a la práctica algunas comunidades y empresas en todo el mundo, todo está basado en principios cívicos y sostenibles. Valencia es ahora una región que ha declarado “Gemeinwohl Ökonomie” (Economía del bien común).

Valencia: hacia un sistema del bien común                         

Valencia, una comunidad también estigmatizada por la corrupción, propone dar un giro total hacia un cambio de su sistema económico y su modelo de sociedad. Este cambio está liderado por Francisco Álvarez, el exejecutivo de la Bolsa de Valencia y París que ha dejado su cómoda jubilación y ha vuelto con 70 años al escritorio para llevar la dirección de la Economía de la comunidad autónoma: “En febrero de este año hemos publicado una legislación que provee entre muchas otras cosas un registro de las empresas que siguen el balance del bien común y solamente estas empresas, que están obligadas a una estricta auditoría, pueden conseguir contratos de la administración pública.”

España necesita organismos independientes para controlar los gobiernos

En esta dirección, hay que crear en un futuro más organismos de control que realmente actúen por el bien común, como hacen en Alemania, en concreto, el “Bundesrechnungshof” (Tribunal de Cuentas) y el “Bund für Steuerzahler” (el lobby de los contribuyentes), que forman un contrapeso muy eficaz al poder de los políticos y defienden así los derechos de los contribuyentes.

Tres décadas de abusos en Cataluña

Además, los medios de comunicación deben funcionar como un cuarto poder en el sistema. Por desgracia, en España la mayoría de los grandes medios de comunicación públicos son partidistas y no tienen autoridad independiente. No existe un lobby eficiente y poderoso para los contribuyentes y el Tribunal de Cuentas, con escándalos de corrupción en el pasado, lamentablemente, tampoco ahora está funcionando con la diligencia suficiente.

Por todo ello, es necesario un cambio cultural y organizacional en España para que todos los actos políticos estén dirigidos a un “bien común” y no solamente al “bien de un partido”, de una familia o, en el peor de los casos, solamente al bien de una persona.

Escrito por

Doctora en Ciencias Económicas por la USP CEU. Analista internacional. Autora del libro "Cajas, Bancos y Gestión de riesgo".

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