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Europa se debilita ante la guerra comercial entre Estados Unidos y China

La reunión del G20 evidencia que la Unión Europea pierde competitividad respecto al resto del mundo. La economía se enfría, los Gobiernos no han completado las reformas estructurales y se ha desatado una guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Con un balance desmesurado, de 2’6 billones de euros, el Banco Central Europeo (BCE) pone fin a la impresión de billetes. No habrá estímulos monetarios adicionales en la eurozona, pero tampoco se retiran los vigentes. De retirar esa respiración asistida, como había prometido hacer desde la pasada primavera, Mario Draghi dejaría al borde del colapso a la Hacienda de más de un país y comprometería la viabilidad de la moneda única. Tres argumentos ha apuntado el presidente del BCE: la economía se enfría y no detecta presiones inflacionarias; los Gobiernos, en buena medida gracias a sus transfusiones de dinero, no han acometido las reformas estructurales necesarias para elevar el potencial de crecimiento y, por último, la guerra comercial que han desatado China y Estados Unidos.

Xi Jimping, el Mr. Marshall del siglo XXI

Los dos grandes están echando un pulso. Viene de lejos. Barack Obama, el presidente del soft power, jugó a aliarse con los adversarios de Pekín en el Pacífico, tratando a un tiempo de desactivar a Teherán. Fue solo un pellizco para los comunistas, que ya han comprado media África, avanzan posiciones en América Latina y hacen buenas migas con los tradicionales adversarios de la hiperpotencia americana, Rusia e Irán. Llegó Donald Trump y, fiel a ese soez estilo que tan pocas simpatías despierta a este lado del Atlántico, dio un puñetazo sobre la mesa haciendo aflorar una guerra comercial que estaba soterrada, endureciéndola, pero, al mismo tiempo, sacando a los chinos de la zona de confort económica en la que han vivido en las últimas décadas. Entre uno y otro han convertido a Europa en el aliado deseable en su contienda, pero también en la víctima colateral de un pulso en el que la gran mayoría, por no decir todos, tienen más que perder que ganar.

Xi Jinping visita Madrid. ¿Por fin somos importantes para China?

Los sucesivos viajes al viejo continente de Xi Jimping no son casuales, ni tampoco fruto del gusto por el turismo del emperador rojo. Busca amigos entre los damnificados por la brutal subida de aranceles a los metales que ha impuesto la Casa Blanca. En las cortes europeas han recibido con boato al Mr. Marshall del siglo XXI, porque tiene la llave de un mercado casi virgen de millones de consumidores, la que abre la puerta para expandirse a sus empresas. La duda es si ese potencial, que para nosotros puede ser estratégico, es solo un señuelo, si una vez Mr. Marshall logre sus objetivos nos dejará solo con la foto de su paso por estas tierras.

La tregua del G20

China compra empresas y yacimientos fuera de sus fronteras, pero ni cuenta con los trabajadores locales ni permite hacer lo propio a las empresas foráneas en su territorio. Cualquier emprendedor que pise Tiannanmen sabe que debe ir de la mano y en posición minoritaria de un socio local. Y la propiedad intelectual por aquellos lares goza de menos fortuna que en España, que ya es mucho decir. La detención de la hija del fundador de Huawei, horas después de firmar una tregua en el G20, por, según la Casa Blanca, saltarse los embargos en favor de Irán, representa un órdago en toda regla. Pero tras esa acusación subyace la obligación de todas las multinacionales chinas de colaborar con sus autoridades. Otra ventaja para Pekín, para un país donde el mercado es tan libre como sus ciudadanos. Es decir, poco o nada.

Por eso, si algo hay que agradecerle a Trump es que con sus bravuconerías los ha obligado a moverse, les está exigiendo que depongan su posición de ventaja y jueguen con las mismas reglas que el resto de actores internacionales. La duda es si el vaquero se pasará de frenada en la guerra comercial que ha declarado. Una contienda que, como todas, tendrá un coste y solo el tiempo dirá si ha valido la pena.

De momento, la subida de aranceles ya vigente puede restar entre tres y cuatro décimas de crecimiento al PIB mundial, pero si Estados Unidos los eleva al máximo, como amenaza, serán ya puntos los que detraigan. Y lo pagarán los americanos, también los chinos, pero esta Europa que no ha sabido ni ha querido hacer las profundas reformas estructurales que requería su economía para salir fortalecida de la crisis no saldrá impune. El Mr. Marshall comunista no ha venido a tirar billetes desde la ventanilla del avión, solo a ofrecer pactos que, en el mejor de los casos, resulten ventajosos para ambos. Nuestra debilidad la ha reconocido el propio Banco Central Europeo al admitir que los estímulos monetarios, esos que han empobrecido nuestra posición competitiva como ciudadanos con respecto al resto del mundo, se mantienen sine die. La excusa ahora para seguir durmiendo la siesta es que la guerra comercial obliga.

Imagen de portada: Foto de familia de la Cumbre de Lideres del G20 | Flickr/G20 Argentina
Escrito por

Periodista. Actualmente presentadora de 'TRECE al Día' en 13TV. Ha sido también coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid. Autora del libro "Gabinete de crisis" y "Ana Botín, nacida para triunfar".

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