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El endeudamiento de las familias crece de forma racional, pero hay frenos en el horizonte

El endeudamiento de las familias vuelve a crecer, aunque de forma más racional que durante la recesión 2009-2013. Sin embargo, la situación se complica con el Gobierno de Pedro Sánchez, al aumentar el gasto público y anunciar una subida de impuestos.

Cómo dar sostenibilidad a la deuda se está convirtiendo en el gran tema de debate en la eurozona. La política monetaria ha venido marcada por las medidas excepcionales del Banco Central Europeo, BCE. Sus operaciones de refinanciación a largo plazo, compra de bonos y otros activos representan más del 40% del PIB de la eurozona, creciendo la preocupación por cómo impactará en la sostenibilidad del pago de la deuda española, pero también de la italiana y la francesa, tres de los cuatro países pilares del euro, cuando Alemania ya va desendeudándose.

Mientras España creciendo al entorno del 3 %, con tipos históricamente bajos, tiene más de un 2% de déficit público y la deuda (sin contar la privada) sumó 37.000 millones de euros en 2017, alcanzando el 98,4% del PIB: 3 décimas más del objetivo impuesto por la Comisión, habiendo reducido sólo 7 décimas; por tercer año no cumplimos la reducción de dos puntos porcentuales de la deuda fijada por la ley de estabilidad para años en que la economía crece más del 2%; y prolonga hasta 2035 el plazo para que España la rebaje hasta el límite legal del 60%: 15 años más tarde de lo que establece la legislación española. Eso nos muestra lo difícil que resulta equilibrar ingresos con gastos, en la España autonómica. Pero ahora con la presidencia de Pedro Sánchez todo se complica, al incrementar el volumen de gasto público y por tanto sobreendeudarse más.

El endeudamiento de las familias crece de nuevo

En este contexto, el endeudamiento de las familias está volviendo a aparecer. Pero este endeudamiento tiene características distintas a aquel que tuvieron entre los años 2008-2013. Entonces el hiperendeudamiento vino dado por la gran concentración de riesgo que tenían en el sector inmobiliario, debido a la compra de viviendas. Y dentro de la frivolidad con que actuaron a la hora de otorgar créditos las Cajas de Ahorro, que al final produjo también su propia quiebra.

El drama de la insolvencia se cebó especialmente con los colectivos de inmigrantes, en la medida en que, lamentablemente, muchas de las hipotecas habían sido concedidas a familias de procedencia foránea, con escaso arraigo social y laboral, y poco conocedoras de la Ley Hipotecaria Española, donde la “dación en pago” apenas resulta usual a la hora de firmar una hipoteca por su mayor tipo de interés.

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Lo normal era que el marido estaba trabajando en la construcción, ganando en torno a los 1.100 euros, y la esposa otros 750 euros, en el empleo doméstico. Se inclinaron, siguiendo el efecto imitación de la población española, por pagar una hipoteca por compra de vivienda de 600 euros mensuales, en vez de pagar una cantidad similar por alquiler. Pero al caer el empleo en la construcción y quedar en paro el marido, la unidad familiar quedó a expensas del salario único de la mujer, con lo que resultaba imposible el pago mensual de la hipoteca, viéndose abocados al impago y, por tanto, al desahucio o abandono de la vivienda, con la consiguiente pérdida de esta y del dinero ya entregado.

Un endeudamiento de las familias diferente

La situación actual está siendo diferente. La lenta recuperación económica, que viene produciéndose desde 2014 con crecimientos del 1’4 por ciento dicho año y crecimientos progresivos los años 2015, 2016 y 2017 , todos superiores al 3 por ciento, junto a la restricción salarial, ha llevado a un gasto de las familias mucho más reflexivo. Tampoco los bancos -ya desaparecidas las cajas- practican una política de préstamo tan ciega como la de estas en el pasado, y, en todo caso, los prestatarios están más respaldados por nóminas sólidas, siendo personas de empleos más estables.

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Era racional que durante los años de la “gran recesión” 2009-2013 las familias se dedicaran -quienes pudieron- a desapalancarse e ir reduciendo su endeudamiento. Así, si en el año 2013 la amortización neta suponía más de 46.000 millones de euros en préstamos, en 2017 apenas supuso 810 millones de euros, según el Banco de España.

Otra diferencia es que ahora muchos de los préstamos actuales son al consumo -no a la compra de vivienda-, con lo que el monto y el riesgo de impago también es menor. Se contratan más tarjetas de crédito, pero también el ciudadano deudor es más responsable y medido en su decisión de endeudamiento, cuyo crecimiento es de apenas 3.063 millones de euros, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. Así, la deuda total de las familias hoy ha bajado de los 0,9 billones de euros, que llegó a alcanzar en su momento cumbre de la crisis, a los 706.058 millones de euros en mayo de 2018; aunque haya aumentado un 0,36% respecto al mes anterior; es decir, apenas 2.575 millones de euros más que en abril. Debido, como decimos, al alza de los créditos destinados al consumo de los hogares, que se situaron en 180.622 millones de euros, elevándose un 1,9% a nivel mensual y un 0,7% a nivel interanual, según los datos que mensualmente ofrece el Banco de España. Normalmente son bienes de consumo duradero, como automóviles, menaje y mobiliario del hogar, compras en grandes almacenes y otros.

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Por un lado, hay una presión de la oferta por parte de los bancos para sumar préstamos, ante la presión competitiva entre ellos. Y, por otro, más seguridad y presión de la demanda por el crecimiento del empleo, los bajos tipos de interés de que todavía gozamos y las recientes alzas salariales en un buen número de empresas que han dejado atrás los números rojos. También el ascenso de la financiación interna mediante ahorros y, en menor medida, el mayor uso de fuentes alternativas de financiación externa habrían afectado en la dirección contraria.

Esta situación se puede ver amenazada por el aumento previsto en los tipos de interés, que subirán a principios de 2019, como ha anunciado el BCE. Y también las alzas salariales y el propio crecimiento de la economía y la actividad empresarial puede verse frenada por las subidas de impuestos anunciadas por el nuevo Gobierno del presidente Sánchez en los meses próximos.

Imagen de portada: El endeudamiento de las familias crece, aunque de manera más responsable que durante la gran recesión
Escrito por

Catedrático de Economía Aplicada. Grupo de Investigación MAPFRE-CEU San Pablo. Miembro del Consejo Editorial de El Economista y UNISCI Journal.

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