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La Bolsa tras las primeras medidas de Trump . Subidas a corto pero muchas dudas después

Los inversores de todo el mundo fijan sus posiciones en Bolsa atendiendo a los movimientos de Trump en la Casa Blanca. El Dow Jones, principal índice norteamericano, recibió al presidente alcanzado los 20.000 puntos por primera vez en su historia.

Donald Trump ganó las elecciones bajo el eslogan de volver a hacer América grande otra vez, pero en lo que respecta a las empresas y los índices bursátiles que las representan nunca han dejado de serlo. Así lo atestigua la evolución reciente del Dow Jones, que batió máximos históricos hace ya varias jornadas. Aunque después los perdió, caben pocas dudas de que consolidará los nuevos máximos a corto plazo. Y no debería resultar extraño para aquellos inversores que hayan observado un gráfico a largo plazo del índice (por ejemplo desde la década de los 80), cuya pendiente es creciente casi de forma constante. La economía americana funciona, mantiene el nivel de pleno empleo y la progresiva normalización de la política monetaria (que, recordemos, aún sigue en marcha) no se ha llevado por delante las expectativas de los empresarios, que ahora viven pendientes de la próxima decisión fugaz del 45º presidente de los EE.UU.

Pinche en este enlace para comprobar en tiempo real la evolución del Dow Jones desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca

Este entorno, tan difícil de mejorar como de estropear, es el que se ha encontrado Trump a su llegada a la Casa Blanca. Con un ánimo aún por definir y sin ningún tipo de cortapisas, le ha faltado tiempo al presidente para reafirmarse en algunas de sus ideas más proteccionistas, sobre todo en lo que concierne a la ruptura de acuerdos de comercio internacional y la creación de aranceles a aquellos productos fabricados fuera de sus fronteras. La demanda interna es el principal motor de la economía americana y Trump quiere llenar los bolsillos americanos todo lo que pueda, “barrer para casa” en el sentido más amplio de la expresión, arengando a los ciudadanos a “contratar y comprar americano”.

Sin embargo, como sucede tantas veces en la economía, las cosas se ven de distinta forma desde fuera que desde dentro.

Trump es, en terminología bursátil, un fenómeno contrario: un político que hace lo que dice, lo que no es necesariamente malo para la inversión

Paradójicamente, muchos analistas nacionales están preocupados por el posible impacto que tendría en los resultados de las empresas españolas una política exterior americana de corte proteccionista. En concreto, durante estos días se analiza con lupa la exposición de las compañías más importantes del Ibex35 al mercado mexicano, a priori primera y principal víctima del discurso del presidente de EE.UU. Sin embargo, observo poca preocupación por las consecuencias directas sobre las empresas españolas, muchas de ellas con importantes intereses en suelo estadounidense que también podrían verse afectadas por este nuevo liderazgo. No creo que se pueda pensar que el proteccionismo vaya a afectar en exclusiva a China o a México.

Trump es, en terminología bursátil, un fenómeno contrario (un político que hace lo que dice, lo que no es necesariamente malo para la inversión) que está sorprendiendo incluso a muchos de sus propios votantes, esos que en campaña se mostraban convencidos de que el entonces candidato relajaría su discurso en caso de victoria. Sus anuncios permiten anticipar un Estados Unidos más fuerte pero más cerrado y más americano, pero menos global. Con el mayor número de medidas aprobadas en algo más de 15 días de presidencia de toda la historia, la pregunta que todos se hacen es cómo sentará todo ello a sus índices de referencia que, no lo olvidemos, se mueven al calor de los resultados empresariales.

Nacionalismo y proteccionismo • Las etiquetas del gobierno Trump

En este contexto, a algunos inversores les puede parecer muy interesante invertir en una empresa apoyada explícitamente por el presidente de su país, que además grava a la competencia extranjera con importantes impuestos.  Otros, en una línea parecida, pueden pensar que gana atractivo una compañía cuya facturación proceda sobre todo del mercado americano. Incluso alguno podría verse satisfecho porque, por ejemplo, siendo accionista de una empresa de papelería en Estados Unidos, su competencia mexicana tuviera que pagar un arancel por competir.

Siguiendo este razonamiento, gana sentido una revalorización de las acciones americanas en el corto plazo, sobre todo si las ventas al exterior no se ven afectadas por alguna suerte de boicot o guerra comercial, como anticipaba George Soros, erigido ya como uno de los principales detractores de Trump. En el medio y largo plazo, que es el horizonte con el que hay que invertir en renta variable, aún habrá que medir las consecuencias y ser pacientes.

Escrito por

Fundador y CEO de la consultora especializada en sector financiero iDen Global Business & People Network Solutions y asesor financiero EFPA. Ha sido profesor en materia financiera en diferentes masters y cursos.

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