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Guardar dinero debajo del colchón, una mala decisión de muchos ahorradores

Muchos jóvenes optan por guardar su dinero debajo del colchón. El Banco de España ha presentado un estudio en el que analiza el trato que se da a los ahorros, dejando en evidencia la falta de formación financiera que impera en la población.

Guardar el dinero debajo del colchón es la expresión que utilizamos los economistas para referirnos al efectivo ahorrado en metálico y escondido en los hogares que, por consiguiente, no llega a canalizarse a través del sistema financiero. Obviamente, lo del colchón no hay que entenderlo de manera literal, ya que ubicaciones tan dispares como el microondas, la nevera o, incluso, los calcetines, pueden llegar a ser los peculiares destinos de nuestras reservas monetarias. Sin embargo, más allá de la anécdota del colchón, lo que realmente merece ser analizado son los motivos que impulsan a los españoles a no confiar nuestro dinero a las instituciones financieras, así como las posteriores consecuencias de este curioso hábito.

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Según un estudio llevado a cabo por el Banco de España entre finales de 2016 y principios de 2017, el 38% de los españoles guarda su dinero en casa en lugar de en el banco. La cifra, siendo ya de por sí elevada, no es homogénea entre las diferentes comunidades autónomas: en Andalucía y Baleares, por ejemplo, esta puede aumentar hasta el 50%, mientras que, por el contrario, se reduce al 25% en Aragón o Navarra. No obstante, el porcentaje más llamativo de españoles que deciden preservar el dinero debajo del colchón surge al examinar su distribución por edades.

En un principio, se podría llegar a pensar que las tendencias más conservadoras en el comportamiento de los colectivos de mayor edad los inclina hacia una mayor propensión a recelar de las entidades financieras y que, por lo tanto, estos grupos de población son más proclives a guardar el dinero debajo del colchón. Sin embargo, son los jóvenes de entre 18 y 34 años los más reacios a depositar sus ahorros en el banco. De hecho, según el mismo estudio del Banco de España, hasta el 77% de los españoles en el rango de edad citado decide dejar su dinero en casa, por tan solo un 45% de las personas en edades comprendidas entre los 65 y los 79 años.

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Los motivos que pueden explicar esta tendencia son variados. Por un lado, el propio perfil de los jóvenes que optan por esta vía alternativa, ya que suelen ser personas con escasos o, incluso, nulos conocimientos financieros, sin estudios superiores y, por lo general, empleados por ETT (Empresas de Trabajo Temporal) o con contratos temporales. A la desconfianza -cuando no, directamente, ignorancia sobre el funcionamiento del sistema financiero– se le une la procedencia de ese dinero guardado debajo del colchón, ya que en muchas ocasiones se trata de efectivo cobrado en negro o que, por cualquier otra circunstancia, prefieran no declarar, de forma que, al no dejar constancia del mismo, este permanece en el circuito de la economía sumergida. A estas razones habría que añadir el coste de abrir una cuenta bancaria que, en el caso de pequeñas cantidades, podría no llegar a compensar la escasa rentabilidad que ofrecen las entidades financieras.

Guardar el dinero debajo del colchón no suele ser aconsejable, aun en un contexto como el actual de tipos de interés tan sumamente bajos que llegan a desincentivar el ahorro, ya que, como bien es sabido, la inflación erosiona inexorablemente el poder adquisitivo del dinero atesorado en nuestros domicilios. Aun así, las consecuencias van más allá de las posibles pérdidas de rentabilidad individuales, puesto que todo ahorro que no sea encauzado a través del sistema financiero impide a este ejecutar con eficiencia su labor de intermediación entre prestamistas y prestatarios limitando, de esta forma, la inversión nacional. Con una perspectiva que aborde el largo plazo, quizás el colchón de casa no sea un lugar tan seguro para guardar nuestros ahorros como algunos podrían llegar a pensar.

Ilustración de portada: Pablo Casado
Escrito por

Doctor en Ciencias Económicas por la USP CEU. Profesor de MBA en la Universidad Antonio de Nebrija. Miembro del Grupo de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la USP CEU-MAPFRE-IdL

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