Diario de análisis, reflexión y valores   

 

El nuevo argumento del populismo es destopar las pensiones e hipotecar el futuro de España

La idea del Gobierno de Sánchez de destopar las pensiones, supone una reacción en cadena de acontecimientos negativos para nuestra economía. Menos consumo, menos ingresos y contratos… Un empobrecimiento general que traerá consecuencias a largo plazo. 

El pasado 1 de junio, Pedro Sánchez se convirtió en presidente. Once días después, miles de jubilados se concentraban, de nuevo, en las principales capitales de España. El eco del nombramiento de los nuevos ministros, el día 7, ahogó su voz, los pensionistas apenas tuvieron espacio en las televisiones que tanto les habían jaleado en semanas anteriores. Pero mantendrán su protesta para exigir que se blinde por ley la actualización de sus prestaciones con el IPC, por lo que solo será cuestión de tiempo que aparezcan de nuevo en los informativos. Por eso, Pedro Sánchez ha aprovechado la oportunidad de la paralización de la Comisión del Pacto de Toledo,  a la espera de que el PP elija a su nuevo presidente, para lanzar su propuesta: destopar las pensiones.

Tal y como está diseñado el sistema de pensiones, los trabajadores cotizan a la Seguridad Social por el cien por cien de su sueldo. El tope o máximo de cotización se fija en un salario de 45.000 euros al año, catorce pagas de 3.200 euros al mes. Parecería injusto que, en términos relativos, los trabajadores con rentas más elevadas cotizaran menos si no fuera porque, cuando se jubilen, su pensión también estará topada. Al igual que se determina una paga mínima, también hay un máximo que se actualiza en cada ejercicio y que, en 2018, se ha fijado 2.850,13 euros mensuales.

Destopar las pensiones: terremoto laboral 

Con su intención de quitar el límite a las cotizaciones, que no destopar las pensiones que percibirá el trabajador una vez se jubile, Pedro Sánchez pretende taponar el déficit en las cuentas de la Seguridad Social, que arrojó un déficit al cierre de 2017 de 18.000 millones y que no genera ya ingresos suficientes para pagar las pagas extras de verano y Navidad. Y no cabe duda de que, a corto plazo, se apuntaría un gran tanto político: lograría su objetivo, puesto que la recaudación crecería exponencialmente. Pero, al tiempo, provocaría un terrible terremoto en el mercado laboral y en la economía.

Con las pensiones nos jugamos el mañana . Se necesitan reformas sin ventajismo electoral

En primer lugar, reduciría la renta disponible de los trabajadores, dado que ellos pagan una parte de las cotizaciones. Eso repercutiría en su nivel de consumo y, por tanto, dañaría los ingresos de las empresas. Pero son ellas las grandes damnificadas, puesto que son las que pagan la mayor parte de la cotización. Sus costes laborales se multiplicarían, anulando de un plumazo la competitividad que han logrado gracias a la devaluación salarial efectuada durante la crisis. Si sus productos se encarecen, sus ventas dentro, pero sobre todo en el exterior, se resentirán, lo que a su vez tendrá efecto sobre la balanza comercial del país. Y, si sus beneficios son más bajos, tendrán menos posibilidades de contratar a más empleados. Sin embargo, no será ése el único efecto sustancial sobre el mercado laboral. Los buenos profesionales, a partir de un nivel directivo medio, preferirán trabajar en el extranjero o, en el mejor de los casos, se darán de alta como falsos autónomos. Las estrellas de la gestión empresarial, del cine o del fútbol o la tecnología preferirán otros destinos a España. Estaremos ahuyentando el talento, lo que se traducirá en empobrecimiento general, no solo económico.

La obsesión de la clase política por los pensionistas sería merecedora de aplauso, si no fuera porque probablemente tras ella se esconda una gran bolsa de votos. Nueve millones de personas, de ellos seis millones de jubilados, pueden dar o quitar gobiernos. Por eso, nuestros representantes son incapaces de resistirse a la presión para elevar continuamente las prestaciones mínimas, a costa de cerrar la brecha con las máximas, eliminando cualquier incentivo para trabajar más, para prepararse más con el fin de acceder a sueldos más elevados. Cuanto más se igualen las pensiones, más motivos tendrá un trabajador para resistirse a la promoción o para percibir parte de su salario como aportación a un fondo privado de empresa, escamoteando el ingreso correspondiente en la Seguridad Social. Si, además, se destopan las cotizaciones sin destopar las pensiones máximas al mismo tiempo, la justicia inherente al propio sistema corre el riesgo de desaparecer por completo.

Es de ley que la cuantía de las pensiones permita a sus beneficiarios vivir con dignidad, pero no pueden emprenderse continuas mejoras a costa de cargarse la esencia del modelo a largo plazo y  de hipotecar el futuro de los nietos. Pero nadie quiere explicarlo, nadie quiere poner el cascabel a ese gato.

Escrito por

Periodista. Actualmente presentadora de 'TRECE al Día' en 13TV. Ha sido también coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid. Autora del libro "Gabinete de crisis" y "Ana Botín, nacida para triunfar".

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons