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Cuba, “cuentapropismo” y estancamiento sin libertades . La reforma castrista más cómica

El cuentapropismo es el programa de reformas económicas más cómico del Gobierno cubano. Permitió a la gente buscarse la vida al margen de la estatalización completa vigente y facilitó el acceso a divisas extranjeras, pero el país sigue sin las mínimas libertades básicas.

El grifo de los subsidios a Cuba desde la antigua URSS fue cortado a la caída de esta. Luego vino la ayuda del petróleo venezolano, que llegó a alcanzar los 115.000 barriles diarios de crudo -ahora en contracción como en Angola- y que, teóricamente, son el pago por los asesores militares y de inteligencia, junto a médicos y maestros cubanos que intentan dar una nueva vertebración “socialista” al país y que se estima pudieron llegar hasta los 40.000.

Desde la llegada al poder de los hermanos Fidel y Raúl Castro en 1959, Cuba ha vivido inmersa en continuas reformas y “actualizaciones” económicas, que han ido adoptando diferentes nombres. Siempre contra algo o alguien. Contra Estados Unidos, el imperialismo, el capitalismo, el FMI, la OEA, el Banco Mundial, los embargos, Naciones Unidas o la comunidad internacional… Los espantajos que se han ido esgrimiendo por sus dirigentes han sido variopintos. Todo para justificar el atraso y distanciamiento tecnológico, el estancamiento agrícola, la falta de libertades y el empobrecimiento en que el país se ha ido sumiendo. El clan de “los gallegos”, como se denomina a los Castro y a los hijos y nietos de españoles que se hicieron con el poder tras Batista, han controlado la isla con mano de hierro. No hay estadísticas económicas solventes. Igualmente, se suspendieron las convencionales que seguían la evolución de la población “blanca”, “negra”, “mulata”… pero la simple visualización de los componentes y líderes principales del Partido Comunista cubano hablan de la consolidación del desequilibrio a favor de la primera. Y esto a pesar de la importante emigración de dicho colectivo al exterior. Para el resto, la música y el deporte han servido de adormidera, autoestima y escaparate.

Que algo cambie para que nada cambie

Descubriendo la pólvora: iniciativa y competencia

Pero, a finales de 2010, el Gobierno cubano inició el más cómico de sus programas de “reformas económicas”, el llamado: “cuentapropismo”. Reconocido “de facto” el fracaso socialista y la capacidad de la empresa pública para dar empleo a los once millones de cubanos, la “reforma” vino a permitir a la gente “buscarse la vida” al margen de la estatalización completa vigente y las omnipresentes empresas y entidades del sector público. Las actividades más comunes del cuentapropismo son transporte, venta de alimentos, alquiler de habitaciones, puestos de bebidas, restaurantes o “paladares”, la venta ambulante y las actividades de albañilería, arreglos de viviendas, reparaciones, mantenimientos y venta ambulante de todo tipo. Empleos que antes se desarrollaban en la clandestinidad, pero que ahora facilitan el acceso a divisas extranjeras, que es el gran objetivo de los cubanos por el poco valor de su moneda.

Han descubierto la competencia. Caso peculiar el de los taxis, antes estatales, cuya gasolina y reparaciones eran pagadas por el Estado, aunque los taxistas negociaban el precio con el cliente y, sin poner el taxímetro, se quedaban con el dinero, como recuerdo en la Polonia de los años ochenta. Ahora ya no lo pueden hacer y deben pagar el alquiler del vehículo.

Así, se crearon 178 categorías de autoempleo, luego incrementadas a 181 y, más tarde, nuevamente ampliadas con la enfermedad terminal de Hugo Chávez. Se introdujeron en 2011, complementándolas con una batería de 300 nuevas reformas y modificaciones llamadas lineamientos, potenciando el citado “cuentapropismo”. En 2013, según el informe presentado a la llamada “Asamblea Nacional del Poder Popular” de Cuba, sumaban 429.000 personas, cifra que no ha dejado de crecer. Lo mismo que la entrada de divisas que llegan vía remesas y que alcanzan ya casi los 4.000 millones de dólares al año, un puntal para la supervivencia de la economía cubana que ahora Trump amenaza.

En línea con el “cuentapropismo”, se han autorizado las cooperativas de ciudadanos en cualquier actividad, mientras que antes eran solo permitidas en la agricultura. Y hay gente que sigue conservando su empleo público, pero está pluriempleada para sobrevivir. Y se sigue sin unas mínimas libertades básicas.

Premio libertad de conciencia al líder del MCL

Para animar desde fuera la defensa y el establecimiento de las libertades en Cuba, el reciente 13 de julio se concedió en España el “Premio a la Libertad de Conciencia” al preso cubano Eduardo Cardet, otorgado por la entidad Paz y Cooperación.

Imagen del acto de entrega del Premio a la Libertad de Conciencia a Eduardo Cardet

Cardet es médico de familia en el pueblo de Velasco, en Holguín, y fue elegido coordinador Nacional del Movimiento Cristiano de Liberación, MCL, en 2014, después de la muerte del anterior coordinador nacional y fundador del MCL, Oswaldo Payá. Es promotor de la campaña ciudadana “Proyecto Varela “y coordina en Cuba la propuesta de reforma de la ley electoral “Un cubano, un voto”, que está siendo entregada a los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Ha sido condenado en Cuba a 3 años de cárcel por un delito que Amnistía Internacional en su informe considera que no tiene ninguna relevancia jurídica, como “preso de conciencia”.

Nada altera la situación de Cuba

Como ha señalado Joaquín Antuña: “El Jurado, del que forman parte, entre otros, la excomisaria de la UE y exministra austríaca Benita Ferrero-Waldner; el exalcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano; los expresidentes del Parlamento Europeo Enrique Barón, José Borrell y José María Gil-Robles; el exdiputado Eugenio Nasarre; los catedráticos Javier Morillas y Rafael Rubio, de las universidades CEU San Pablo y Complutense; los embajadores Javier RupérezVan Hellengerg Hubar, de Holanda; el presidente de la Comunidad Judía de Madrid, David Hatchwel; el empresario y jefe de Protocolo del Arzobispado de Madrid, Alfonso Ramonet, y el periodista Manuel González Orbaneja, ha considerado el premio a Cardet como un apoyo a todos los presos de conciencia cubanos y a la voluntad de diálogo que el MCL y el proyecto Varela significan”.

Imagen de portada: Taxi en La Habana.
Escrito por

Catedrático de Economía Aplicada en USP CEU. Colaborador en medios como La Razón, Expansión y El Economista.

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