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¿El fin del Banco Popular? . El Santander se prepara para una posible adquisición

La entidad que preside Ana Botín ha decidido dar un paso adelante: hacerse con el Banco Popular. Para ello, va a realizar una ampliación de capital por valor de 5.000 millones de euros para llevar a cabo la compra de la entidad y acabar así con la crisis del sexto grupo financiero español, según informaba Bloomberg citando a fuentes relacionadas con la operación.

En 2011, cuando el Banco Popular lanzó una oferta de compra sobre el Pastor, más de uno se echó las manos a la cabeza. Los Valls-Taberner nunca lo hubieran permitido, dijeron. Su sucesor, Ángel Ron, se lanzó a por el banco gallego, con serios problemas de solvencia por su elevada exposición al sector inmobiliario, en el momento más complicado de la dura crisis financiera y económica que atravesaba España. Pagó por él más de lo que otros desembolsaron al hacerse con otros bancos en apuros, en su oferta solo descontó un 25% del valor en libros, cuando el Banco de España estaba colocando otras entidades prácticamente a precio de saldo. Y, para redondear la operación, decidió no pedir ayuda pública alguna al FROB. Ni siquiera endosó al Sareb o banco malo activos dañados, créditos de dudoso cobro, como sí hicieron muchos de sus competidores. No querían que los mercados pensaran que el Popular era un banco débil. En el entorno de Ron se declaraban satisfechos con esa compra, aseguraban que no solo demostraba su fortaleza, sino que permitía fusionar dos entidades complementarias. Veían muchas sinergias entre ambas. Es más, aseguraban que la adquisición les daba el tamaño suficiente para volcarse en la financiación de las pymes, querían ganar cuota de mercado en ese segmento que, por aquel entonces, muy tocado por la situación que atravesaba el país, se quejaba porque no encontraba créditos. Claro, que tampoco gozaba del nivel de solvencia adecuado para recibirlo.

Pero la digestión del Pastor se hizo muy, muy pesada. Pronto comenzó a dar los primeros réditos. La calificación que el Banco Popular obtuvo en los test de estrés que realizaba el Banco Central Europeo indicaba que necesitaba liquidez, que no gozaba del músculo suficiente para hacer frente a un hipotético deterioro de la situación económica. Comenzaron las ampliaciones de capital para reforzar su balance. Si la coyuntura hubiera sido favorable, quizá hubiera sido suficiente. Pero no lo era. A pesar de que la economía salió de la recesión y volvió a crecer, las entidades financieras estaban obligadas a desenvolverse en un escenario terriblemente complicado, inédito en Europa. Los tipos de interés, excepcionalmente bajos durante un prolongado espacio de tiempo, impedían ganar dinero en el negocio básico. En 2016, la crisis del Banco Popular se recrudece. Solo en ese año, el banco perdió en bolsa el 70% de su valor. En el mercado, olían la sangre. Las sucesivas ampliaciones de capital que emprendió Ángel Ron enfrentaron a los accionistas de referencia, obligados a poner más y más dinero para mantener su cuota de poder en el consejo. Un dinero que se devaluaba con la caída del precio de la acción. A un lado, los mexicanos, capitaneados por Antonio del Valle, exigían un relevo en la cúpula. Enfrente, la Sindicatura de Accionistas, vinculada al Opus. La guerra se saldó con un recambio en el sillón presidencial. En abril de 2017, llegó, procedente de Londres, un histórico de la banca de inversión: Emilio Saracho.

Blomberg asegura que el Santander estudia una ampliación de capital para comprar. ¿Será Ana Botín la que se quede con el  Banco Popular, como su padre hizo con Banesto?

El nuevo presidente tiene tres opciones: solicitar al Mecanismo Europeo la resolución de la entidad, un rescate en términos asequibles para todos. La segunda opción es enajenar activos, que ya lo está haciendo, para aligerar su deuda y, al tiempo, captar fondos en el mercado para fotalecer su posición financiera. La tercera, que no necesariamente debe ser la última, es vender. Cada una de esas alternativas lleva aparejadas sus ventajas e inconvenientes para los distintos grupos relacionados con el Banco Popular. Las presiones que debe haber soportado su presidente en las últimas semanas deben haber sido inimaginables.

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Los primeros interesados en descartar la resolución son los accionistas. Una intervención pública del banco les haría perder lo poco que queda de su inversión. Además, proyectaría de nuevo la imagen de que el sector financiero español atraviesa graves problemas. Por esa razón, es harto difícil creer que agrade al gobierno.

En Italia, sin ir más lejos, las autoridades han huido del rescate como de la pólvora para salvar a sus bancos con problemas. Tampoco una nueva ampliación de capital sería sencilla. La confianza en el banco está muy tocada después de la rebaja del rating a bono basura y de las informaciones y desinformaciones que en las últimas semanas han aflorado en prensa. La única salida parece la venta. Y en eso está, tratando de convencer a los potenciales compradores, el Banco Central Europeo.

El BBVA no ha negado su interés. En la retaguardia, mantiene un discretísimo silencio. En el Santander, su presidenta se ha declarado desde el primer momento reacia a las compras, pero también su padre negaba cualquier operación de esas características justo antes de anunciarla. El presidente de Bankia, el tercero en liza, no parece muy entusiasmado con la idea. Aunque Luis de Guindos, más locuaz de lo que la prudencia aconseja a un ministro de Economía, se ha declarado abiertamente dispuesto a entrar en la puja. Porque en eso han convertido al Banco Popular, en un bien en subasta.

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Circulan rumores acerca de activos contabilizados de forma incorrecta, se asegura que su tasa de morosidad, muy alta, superior a la del mercado, está maquillada. Comentarios que se ponen blanco sobre negro y que no hacen más de debilitar al banco. En solo siete días ha perdido en bolsa más de un cincuenta por ciento de su valor. No se descartan las demandas de accionistas, que ven como su inversión se ha diluido, fruto no solo de una catastrófica gestión, sino también de maledicencias interesadas. Con este panorama, la fuga de depósitos, que lastra seriamente la viabilidad de la entidad, estaba cantada.

En el Santander, su presidenta se ha declarado desde el primer momento reacia a las compras, pero también su padre negaba cualquier operación de esas características justo antes de anunciarla

La cuenta atrás ha comenzado. Antes del verano, habrá que tomar una decisión. Blomberg asegura que el Santander estudia una ampliación de capital para comprar. ¿Será Ana Botín la que se quede con el Banco Popular, como su padre hizo con Banesto? ¿Pedirá que las autoridades bancarias saneen la entidad antes de hacer el desembarco o confiará en la información que aporte Emilio Saracho, antiguo colaborador en el Santander de Negocios? Ni confirman ni desmienten en la Ciudad Financiera. Estas operaciones siempre son muy delicadas. Lo que sí parece claro a estas alturas es que la continuidad del Banco Popular es imposible.

Estaba tocado, pero la crisis de las últimas semanas, que los responsables de Comunicación no han sabido o no han podido evitar y que ha puesto en el escaparate todas sus vergüenzas, hace prácticamente inviable un futuro en solitario.

Imagen de portada: Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid, colabora con EsRadio, El Economista y es profesora de la Escuela de Marketing ESIC. Autora del libro "Gabinete de crisis".

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