Diario de análisis, reflexión y valores    

 

Los desequilibrios comerciales entre China y España . Se necesita cambiar de estrategia

Mariano Rajoy trata de impulsar las relaciones comerciales entre China y España. Su visita al gigante asiático es un buen intento de abrir puertas a las empresas españolas, pero en su viaje se dejan al margen cuestiones como los Derechos Humanos.

Ante la reciente visita del presidente Mariano Rajoy a China, solo cabe resaltar la situación de los intercambios financieros y comerciales con el Imperio Medio: España ocupa la posición 25 en la exportación de China, 24,000 millones. En las exportaciones de España a China, el panorama es francamente desolador: algo más de 6.000 millones y en torno a la posición 40 en el ránking. Un déficit con China de enormes proporciones (18.000 millones) que no se corresponde con el peso de la economía española en términos de exportaciones, la renta nacional y otros indicativos bastante respetables de desarrollo económico y humano. España ya representa casi el 8% del PIB de la Unión Europea.

Esta desproporción se entiende aún mayor después de que, en lo peor de la crisis, Zapatero visitara Pekín para pedir ayuda financiera para resolver el problema de las Cajas de Ahorro españolas, y que se supone China ya mantiene, según estimaciones, del 4,5% al 12% de la deuda pública de España. Ante este panorama y, dada la actitud meticulosa que caracteriza a Rajoy a la hora de afrontar problemas delicados de política nacional e internacional, no extraña que sus mensajes conciliatorios destilen cierta cautela, en el marco de deterioro patente del entorno securitario en el Mar de China y Corea del Norte, cierta voluntad de no importunar al gigante chino. Todo esto, por no hablar de la delicada situación que deja la llamada de cortesía del presidente Trump a la presidenta de Taiwán hace pocos días.

Por una parte, el mensaje de Rajoy es adecuado: China tiene que saber que la situación de la economía española es robusta (creciendo por encima del 3,2%), pero España no es un estado vasallo de China, al estilo de los reinos del Sudeste Asiático de otrora. Por la otra, entendemos que la decisión de Rajoy fue sabia, al suprimir la justicia universal en España para que no se juzgaran los crímenes contra la humanidad de China, en su anexión de la región del Tibet, en pos de los intereses nacionales. Esta situación habría significado una injerencia en asuntos internos de una nación soberana: suficientes problemas tiene España en tiempo de crisis como para ponerse a resolver los de China.

El pulso entre Estados Unidos y China

Sin embargo, puede ser necesaria una reformulación de la política económica exterior española para con China con un tono más proactivo y, por supuesto, con un mayor énfasis en los Derechos Humanos. También un comportamiento más responsable de China, como miembro esencial de la comunidad internacional, que ponga en valor el peso relativo de España en los asuntos globales, nuestros intereses económicos y prestigio nacional. España tiene un problema grave de balanza de pagos, no solo en China sino en toda Asia: Sarkozy lo intentó desde Francia, encontrándose con el rechazo, visceral, de Pekín. Luego, este tipo de estrategias, lógicamente, pasan por una coordinación y planificación a escala europea. El gigante alemán puede tener intereses concretos a la hora de encauzar sus negociaciones con Pekín, pero estos son muy diferentes a los españoles, algo que hay que tener en mente a la hora de promover estrategias.

Las causas del desequilibrio comercial entre China y España

Con todo, detrás del superávit de China con España están el proteccionismo, la corrupción, el dumping social, ecológico y tecnológico, que explican gran parte de su competitividad relativa y su potencial exportador: una buena forma de entender el ascenso chino es pensar en un país subdesarrollado enorme que ha orientado su estructura productiva a la exportación, primero, a su patio trasero, el Sudeste Asiático, y, después, al mundo occidental.

Los tratados de libre comercio, en vilo

Las ondas expansivas de este tsunami se dejan notar en la contracción de la economía japonesa, por problemas obvios de competitividad relativa y demografía, y en la creciente imbricación de la economía coreana y japonesa con la de China. El Este Asiático, y especialmente Japón, necesita de los recursos naturales y el capital humano de la nación más poblada de la Tierra. Con respecto a España, existen graves problemas de inflexibilidad y de asignación de recursos, especialmente en los mercados de trabajo; nuestros niveles de presión fiscal difícilmente nos pueden hacer competitivos frente a la apisonadora china, aunque solo fuera por economías de escala, así como problemas obvios de financiación de las acciones de marketing internacional en el mundo de la empresa, en un momento en el que la deuda nacional alcance niveles récord y no se puede contar con grandes apoyos públicos. Además, las grandes empresas españolas no están bien aclimatadas al mercado chino ni a los mercados del Este de Asia en general.

Esto es preocupante, dado el poco respeto de la propiedad intelectual e industrial en China en la que se basan las exportaciones españolas de tecnologías medias altas a escala global, el 55% del total: no es, pues, de extrañar que las dos primeras exportaciones españolas a China sean “carne” y “metales”, exportaciones típicas de países en desarrollo, predominando las exportaciones intensivas en tecnologías medias bajas y bajas. Si bien es imposible obviar la presencia del gigante asiático, se entiende que ante la China de la “ley de los hombres” frente al “Imperio de la Ley” de los países occidentales, España tiene que jugar sus cartas con sumo cuidado y prudencia. Como bien explicaba el relato de Tim Clissold hace más de una década, Mr. China, las empresas occidentales se encuentran con una carrera de obstáculos para hacer dinero en China y las posibilidades para empresas españolas que ofrece el Banco Asiático de Desarrollo en Infraestructuras, en cuyos fondos participa España, son raramente utilizadas. Lógicamente, el futuro pasa por el turismo y los servicios.

Todo esto, aparte del dinero del nuevo banco liderado por China, el Banco Asiático de Infraestructuras, que lo lógico es que beneficie a empresas chinas: España es líder a escala global en este sector, pero tanto el Sudeste como el Este de Asia se encuentran con una grandísima competencia internacional y se han beneficiado relativamente poco del crecimiento de estos mercados de infraestructuras asiáticos. Se impone un cambio de estrategia que no se resuelve con una gran visita de Estado o con una variedad de misiones comerciales, asistencia a ferias o misiones inversas: en China todo es personal, la “guanxi” a largo plazo lo es todo, hay que ponderar bien cuáles son los intereses de España a nivel regional y no solo en los equilibrios financieros inmediatos.

Escrito por

Economista, Doctor en Paz y Seguridad. Investigador del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado-UNED. Consultor económico para el sudeste asiático.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons