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China y su creciente interés por influir y beneficiarse de las decisiones de Occidente

De Bruselas a Canberra, resuena el creciente interés de China por influir en las élites políticas. El objetivo del gigante asiático, con su régimen contrario a los derechos humanos, es cumplir sus metas como gran potencia mundial. 

Grecia, en respiración artificial financiera gracias a la Unión Europea, ejerció recientemente su veto contra una declaración conjunta de la misma Unión, denunciando los abusos flagrantes en materia de derechos humanos en China. El ambiente de sinofilia del Gobierno de Alexis Tsipras se podría explicar fácilmente por las ingentes inversiones chinas en Grecia en el Puerto del Pireo. China estaría utilizando una estrategia parecida en el Sudeste Asiático, dentro del área económica del ASEAN, donde las decisiones se toman por consenso: los altísimos montantes de Inversión Extranjera Directa, IDE, y Ayuda al Desarrollo, AOD, de China al país más pobre de la región, Camboya, facilitarían el trabajo de la diplomacia de Pekín. Camboya bloquearía, así, cualquier decisión de la ASEAN contra los intereses de Pekín. Además, el mismo servicio de inteligencia de Alemania denuncia la utilización de las redes sociales para influir en aquellas políticas más adecuadas para dichos intereses entre prescriptores y hombres políticos de peso en Berlín.

La estrategia del collar de perlas . China toma posiciones para ganar la gran batalla comercial

Hace unas semanas, dimitió en Australia el senador Sam Dastyari, acusado de aceptar sobornos de poderosos hombres de negocios chinos. En Australia y Nueva Zelanda, donde el 30% de las exportaciones tiene como destino China, llueven las acusaciones contra grupos de interés próximos al país chino: las donaciones a partidos políticos estarían condicionando decisiones parlamentarias de gran importancia. En suma, todos los países anglosajones, desde Estados Unidos a Nueva Zelanda, pasando por Canadá, Reino Unido o Australia, ya han lanzado las campanas al vuelo sobre el tráfico de influencias y el espionaje chinos; también sobre las presiones recibidas por prestigiosos académicos, obligados a retractarse de los resultados de sus propias investigaciones para no ofender a los mandarines de Pekín; incluso se habría llegado a prohibir el acceso a las bibliotecas chinas a aquellos considerados “persona non grata”.

Tres billones en reservas internacionales en dólares, el PIB de Reino Unido y los Países Bajos, es un volumen de recursos ingente que permite influir, doblegar voluntades y condicionar la opinión pública nacional e internacional. Pensemos, pues, en “La Gran Muralla China de internet”: un ejército de censores y espías en la red, dotado de los más modernos medios tecnológicos, que permite filtrar todo tipo de comunicaciones y opiniones extranjeras al público chino previniéndolo de las supuestas “lacras del mundo occidental”, como la libertad de expresión o la democracia. El sistema online detrás de la plétora de encarcelamientos repentinos sin habeas corpus y palizas sistemáticas, en la misma puerta de sus casas, que sufren aquellos ciudadanos de China con opiniones consideradas “controvertidas”, es ideal para reprimir las decenas de miles de protestas que se dan a diario en las ciudades chinas.

La falta de respeto por la privacidad de los ciudadanos chinos es patente, siendo sus comunicaciones espiadas sistemáticamente. Además, el software de reconocimiento facial combinado, con cientos de miles de cámaras y la internet, permite seguir/limitar los movimientos de aquellos cuya conducta o situación financiera se consideran inapropiadas. Todo ello en el nuevo marco neomaoista de la campaña contra la corrupción llevada a cabo por el presidente, Xi Jinping. Paradójicamente, se trataría de una corrupción ubicua entre los allegados al mismo Jinping, los princelings multimillonarios del Politburó del Partido Comunista de China.

En pos del aplanamiento del sistema económico mundial a la medida de los intereses chinos, no extraña que China se aventure a propugnar redes de relaciones políticas internacionales en sus países “vasallos” o “menos vasallos” a la medida de sus necesidades, las de su sistema económico extravertido orientado a la exportación. En este ámbito, la respuesta de Occidente está siendo contundente, como demuestran la política de Donald Trump contra la piratería de la propiedad intelectual e industrial de las empresas americanas en China y el veto a inversiones chinas tecnológicamente sensibles en sectores susceptibles de usos militares o de afectar la competitividad de la exportación OTAN. La misma comisaria de la Unión Europea para el Comercio Internacional, Cecilia Malmström, también ha denunciado la falta de respeto a la propiedad intelectual europea en China. Si bien la respuesta en el frente económico es contundente en lo relativo a derechos humanos y seguridad, serían necesarias, más que nunca, la coordinación y multiplicación de acciones gubernamentales y diplomáticas, en el ámbito de la OTAN y de los aliados de Estados Unidos en el Pacífico, conocido como ANZUS, reuniendo a Corea, Japón, Filipinas y Singapur; en suma, el mundo libre se juega sus libertades.

¿Importa esto en España? Fue el PSOE el que permitió que la deuda soberana española en manos de China alcanzara el 12 por ciento del total: un Gobierno que hereda 22.000 millones de déficit comercial con China, con elementos secesionistas en pos del desmembramiento de España, difícilmente puede estar interesado en defenderla de las injerencias de posibles enemigos o competidores en la arena nacional e internacional. En el ámbito de la política exterior española, demasiado circunscrita últimamente a todo aquello que va de Perpignan al Palacio de La Moncloa, ¿que piensen estratégicamente en China es pedirle peras al olmo?

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Escrito por

Economista, Doctor en Paz y Seguridad. Investigador del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado-UNED. Consultor económico para el sudeste asiático.

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