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El golpe de la Generalitat se convierte en factor de desestabilización económica para España

La decisión de los líderes catalanes de seguir adelante con el proceso de sedición es un factor de desestabilización económica que preocupa a los inversores españoles y a las empresas, y también ha puesto en alerta a los analistas extranjeros. El Ibex y la prima de riesgo ya dan serios toques de atención. 

Juan Roig está “asustado y preocupado”. Como tantos y tantos españoles. Su voz no es una más. Y no solo porque Roig es presidente de Mercadona y una de las grandes fortunas del país, sino sobre todo porque es una de las pocas voces de la empresa que se pronuncian sobre la tensión que, con temeridad, han provocado los partidos que gobiernan la Generalitat.

Hace solo dos años, y para disgusto de Artur Mas, los presidentes de Caixabank y Sabadell se pronunciaron en un comunicado sin precedentes, advirtiendo que el referéndum del 9-N ponía en riesgo su implicación en Cataluña. Las dos entidades financieras están ahora en el punto de mira de los inversores. En bolsa, sus títulos caen en picado, están perdiendo valor a marchas forzadas. Y es que una hipotética independencia de Cataluña, la comunidad en la que se establece su sede social, los situaría automáticamente fuera de la Unión Europea. Y eso tendría graves consecuencias en la práctica. En primer lugar, puede provocar una fuga de depósitos que pondría en riesgo su solvencia. Es un escenario que hoy no se contempla en absoluto, pero, ¿cubriría el Fondo de Garantía de Depósitos, que se nutre de las aportaciones del sector financiero, los cien mil euros por depositante que garantiza la ley española? Ante esa coyuntura, altísimamente improbable, no habría que descartar tampoco que las autoridades catalanas en rebeldía, una vez declarada la independencia, decretaran un corralito. Pero es que, además, en caso de desequilibrio grave, quedarían fuera del paraguas protector del Banco Central Europeo y sus inyecciones de liquidez imprescindibles en momentos de tormenta.

Tanto Sabadell como Caixabank aseguran que no hay retiradas de dinero importante en sus ventanillas. Pero ante la tensión creciente que estos días se vive en Cataluña, algún temor debe haber, porque en las últimas horas se han visto obligados a salir a la palestra. Josep Oliú no ha dudado en garantizar públicamente la solvencia de la entidad que preside, al asegurar que está dispuesto a tomar las medidas suficientes para proteger los intereses de su clientela. Y en una nota interna, convenientemente filtrada a la Prensa, ha hecho lo propio la entidad que preside Isidro Fainé. Hasta el ministro de Economía ha reafirmado la españolidad de ambos bancos: “Los clientes no tienen nada que temer, son bancos españoles y también europeos”, ha dicho Luis de Guindos. Y es que una ley promulgada precisamente para proteger a las empresas ante un escenario como este les permite cambiar su sede social en tan solo 24 horas.

Pánico bursátil y desestabilización económica

Un análisis racional de la situación confirma que hay poco o nada que temer. A medio y largo plazo, los valores se estabilizarán, pero cuando el pánico se adueña de las bolsas hay poco margen de maniobra. La situación política en Cataluña es un altísimo factor de riesgo en este momento, así lo leen los inversores. Por eso, ha subido en vertical, casi un 30% intradía, Oryzon, la farmacéutica que ha anunciado que se traslada a Madrid. Y, por eso, caen los bancos, arrastrando al Ibex, y sube la prima de riesgo. Entramos en una espiral endemoniada. Si se eleva el coste de financiación del Estado, desequilibrará las cuentas públicas, pero también subirá automáticamente el precio que pagan nuestras empresas por financiarse en esos mismos mercados. Eso lastrará sus resultados. Ganarán menos dinero. Y, por eso, caen en bolsa. A pesar de todo, callan…

Ese silencio de las empresas contrasta con la ausencia de complejos a la hora de introducir el factor político en los análisis económicos que las firmas de bolsa y bancos de inversión internacionales hacen sobre cualquier empresa o país. Un factor que hay que tener en cuenta porque, según reconocen off the record empresarios españoles, aquí la política es hoy, como lo ha sido siempre, el gran factor de desestabilización económica. En los últimos meses, economistas de prestigio en universidades internacionales, Javier Sala i Martí entre otros, se han prodigado en los foros de decisión para explicar, con todo lujo de detalles, las supuestas bondades de una hipotética independencia catalana. Nadie o casi nadie ha contrarrestado ese discurso.

Citi ha recomendado a sus clientes deshacer posiciones en empresas vinculadas a Cataluña por temor a que el conflicto se alargue y acabe dañando su negocio. Teme una rebelión civil si se aplica el artículo 155 de la Constitución, que se agravará si los Mossos ignoran la legalidad vigente y defienden los intereses de la Generalitat. Pero es España lo que preocupa a los analistas extranjeros, España como conjunto, porque así, como una unidad, nos ven fuera de nuestras fronteras, mal que le pese a Carles Puigdemont. Y el verdadero riesgo es que la tensión en Cataluña acabe desestabilizando al Gobierno de la nación. Un ejecutivo en minoría que, ante el vacilante y esperemos que temporal paso atrás del PNV, siempre presto a recoger las nueces de la violencia que otros provocan, no ha podido llevar en el tiempo marcado en la Constitución, el 30 de septiembre, los Presupuestos Generales de 2018. Pese al pánico vendedor que parece haberse adueñado del parqué, son solo avisos, toques de atención. Advertencias que demuestran que el problema real no es Cataluña, es España y su estabilidad institucional. Por eso, Citi les ha dicho a sus clientes que, aunque no es previsible, si se desestabiliza a Mariano Rajoy y sigue subiendo la izquierda en las encuestas, la prima de riesgo de la deuda española volverá a subir. A los inversores internacionales, un gobierno del PSOE o Podemos les da mucho, mucho miedo.

Ilustración de portada: La estelada y la desestabilización económica de Cataluña | Pablo Casado
Escrito por

Periodista. Coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid, colabora con EsRadio, El Economista y es profesora de la Escuela de Marketing ESIC. Autora del libro "Gabinete de crisis".

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