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El BCE y la expansión cuantitativa . La punta de lanza frente a la crisis de la zona euro

La política monetaria del Banco Central Europeo durante la crisis económica ha sido fundamental para evitar un golpe aún mayor en la zona euro. Los analistas se plantean ya qué pasará una vez que se retiren los fuertes estímulos actuales.

En el año 2014, aún con el resuello de la “Gran Recesión” a nuestras espaldas, el Banco Central Europeo (BCE) decidió iniciar un programa de política monetaria destinado a insuflar aire a la todavía convaleciente economía de la zona euro. Este programa, consistente en una batería de medidas ultraexpansivas, recibió el pomposo nombre de “expansión cuantitativa” (del inglés, quantitative easing) y se basó en una inyección de liquidez muy agresiva y sin precedentes en un sistema económico con un crecimiento extremadamente débil y un más que considerable riesgo de deflación, además de en una reducción especialmente acusada de los tipos de interés (hasta llegar al 0% actual).

Otros bancos centrales, como la Reserva Federal de Estados Unidos, estaban aplicando las mismas medidas pero, mientras que la FED ya hace algún tiempo que comenzó a retirar los estímulos monetarios de los que gozaba la economía norteamericana, el Banco Central Europeo ha anunciado que continuará ejecutando estas políticas, al menos, hasta septiembre de 2018 (con compras de activos por valor de 30.000 millones mensuales).

Es evidente que, en un marco europeo en el que los Estados pertenecientes al euro disponían de un limitado margen de maniobra para intervenir en la gestión de la crisis como consecuencia de su elevado sobreendeudamiento y del compromiso establecido con Bruselas de cumplir con los programas de reducción de déficit, la política monetaria ha desempeñado un papel crucial a la hora de pugnar contra la crisis. De hecho, según cálculos del propio Banco de España, aproximadamente la mitad del crecimiento económico que nuestro país está experimentando (un 1,7%) se debe a la política monetaria llevada a cabo por Mario Draghi.

Pendientes de la inflación

Los bajos tipos de interés, las compras masivas de deuda pública y una más que notable mejora en su política de comunicación que permite una gestión más eficiente de las expectativas a largo plazo por parte de los agentes financieros han resultado decisivos para que, desde su puesta en práctica, los sectores de todos los países de la zona euro hayan experimentado crecimiento económico, al tiempo que evitaban la tan temida espiral deflacionista y contribuían a corregir el problema de la fragmentación financiera, consecuencia de la cual el coste de financiación para las pymes de algunos países (caso de España) era sensiblemente superior al de las pymes de otros (caso de Alemania).

En el otro lado de la balanza, hay que destacar los retos con los que el sector financiero ha tenido que lidiar ya que, en ese contexto de tipos de interés a medio plazo reducidos, la presión a la baja para el rendimiento de las entidades financieras en su función de intermediación ha sido notoria, aun sin llegar, ni mucho menos, a ser decreciente. A la vez, estas también han debido hacer frente tanto al aumento de la morosidad como al mantenimiento de un exceso de liquidez que ahuyentara el fantasma del riesgo de pánicos bancarios y que, en la práctica, les obligaba a mantener una importante cuantía de capital inerte en sus balances. Por último, tampoco hay que menospreciar los efectos negativos derivados de algunas cuestiones de carácter político que ya se han empezado a notar, tales como el brexit o, en el caso de España, la grave crisis iniciada por el independentismo catalán. A pesar de todo, el balance de la expansión cuantitativa, tanto para el propio sector financiero como a nivel macroeconómico, ha sido netamente positivo.

El peligro de la deuda pública . El lastre que puede reactivar la crisis económica en España

Con todo ello, resulta pertinente preguntarse qué ocurrirá cuando llegue el momento en el que el Banco Central Europeo retire los estímulos financieros y retornemos a un entorno en el que impere la normalización de los tipos de interés. En ese sentido, la Reserva Federal, que siempre va unos pasos por delante de Europa, ya dejó de comprar deuda pública a finales de 2014 y decidió subir los tipos a principios de 2015. Tal y como se dijo antes, la política de comunicación del Banco Central Europeo es fundamental para su credibilidad y este ya ha comunicado que, al menos en los próximos meses, su política continuará en la misma línea que hasta ahora, como consecuencia de las bajas expectativas de inflación (la inflación objetivo del Banco Central Europeo es algo inferior, pero no muy inferior para evitar el riesgo de deflación al 2%, lo que, de hecho, la sitúa en un 1,8%, aproximadamente). Algunos expertos consideran que los tipos de interés podrían llegar al 1,5% pero que, en cualquier caso, no se volverá a los niveles precrisis. Además, llegado el momento, la retirada de estímulos será gradual y esta solo tendrá lugar cuando la economía de la zona euro sea lo suficientemente robusta y se la pueda permitir. Así pues, de momento, y mientras Mario Draghi siga al frente del Banco Central Europeo, no debería cundir el pánico.

Imagen de portada: Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, sobre el símbolo del euro.
Escrito por

Doctor en Ciencias Económicas por la USP CEU. Profesor de la Escuela Europea de Dirección y Empresa, EUDE.​ Especialista en proyectos de integración económica y acuerdos comerciales internacionales.

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