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La sinrazón de los gobernantes de Cataluña reduce el potencial de crecimiento de España

La Agencia Europea del Medicamento busca ubicación tras el brexit. Cataluña era la localización más idónea, pero el Finantial Times asegura que Barcelona, que siempre ha sido la niña mimada de los gobiernos españoles, se ha descolgado de la candidatura. A eso ha conducido la sinrazón de sus gobernantes. 

Barcelona-Mataró es la primera línea de ferrocarril que se construye en la Península Ibérica, en 1848. Un siglo más tarde, en 1950, el Instituto Nacional de Industria crea la Sociedad Española de Automóviles de Turismo, SEAT, con el objetivo de motorizar el país. Tres años más tarde, inaugura su primera fábrica, que hoy sigue en pie, en la Zona Franca de Barcelona. En 1992, España celebra los primeros y hasta hoy únicos Juegos Olímpicos de su historia. ¿Dónde?… Sí, en Barcelona… La apuesta por la Ciudad Condal ha sido una constante en los gobiernos de España a lo largo de los dos últimos siglos, no solo en democracia.Agencia Europea del Medicamento

Son solo tres muestras. No las únicas, aunque sí probablemente las más relevantes. Constituyen inversiones lo suficientemente potentes como para propiciar un vuelco en la economía de todo un país, pero del que se beneficia en mayor medida la ciudad o la provincia en la que se localizan. La construcción de las líneas de ferrocarril es un potentísimo dinamizador económico, el caballo de Troya de la Revolución Industrial, a la que Cataluña se sube en primera clase. ¿Qué decir del automóvil, el primer sector exportador del país? Fue la dictadura de Franco la que apostó por esa región, creando con ello un foco de desarrollo por el número de empleos directos que crea y porque propicia el nacimiento y desarrollo de una industria auxiliar. Fue ese mismo Gobierno el que protegió con aranceles el textil catalán, en detrimento de una siempre sana competencia de precios en favor del consumidor. Y ya en las puertas del siglo XXI, en plena democracia, es Barcelona el enclave por el que apuesta el Gobierno de Felipe González para celebrar unos Juegos Olímpicos, es la imagen de Barcelona la que elige el Gobierno para abrir la puerta de la nueva España al mundo. Los réditos en prestigio e imagen no se harán esperar.

El procés impide que el turismo de Barcelona llegue a buen puerto . Otro sector afectado

Barcelona, la niña mimada

Barcelona ha sido la niña mimada de los sucesivos gobiernos de España. Bien por motivos políticos, bien por razones económicas, por su cercanía a Europa también, ha sido un objetivo privilegiado de las políticas industriales del Estado. No es casual que en torno a una cuarta parte de todos los bienes que produce la industria en España se genere en esa comunidad. La última gran apuesta no es baladí: la Agencia Europea del Medicamento. Con sede en el Reino Unido, las autoridades europeas buscan nueva ubicación tras el brexit. Y Cataluña, con tradición en el sector farmacéutico, era la ubicación más idónea. El Gobierno de Mariano Rajoy decidió jugar fuerte a esa carta. Tanto, que obligó a ceder a otras comunidades que estaban más que dispuestas a albergar otros organismos oficiales. Había que apostarlo todo a uno y la Agencia del Medicamento es lo suficientemente potente para echar por ella toda la carne en el asador. Son miles de empleos y, sobre todo, la capacidad de atraer a su entorno a un sector potente no solo por su capacidad para crear puestos de trabajo, también para atraer empresas que destinan un importante porcentaje de sus recursos a la investigación y el desarrollo, a la ciencia, a la economía del futuro.

Los independentistas pueden haberlo echado todo a perder. El Financial Times asegura que Barcelona se ha descolgado de la candidatura. Si es así, reducirá no solo el potencial de crecimiento de la ciudad y la región, sino el de todo un país. Es a eso a lo que ha conducido la sinrazón y la ceguera de sus gobernantes. Tan convencidos han estado de su falsa supremacía, tan arrogantes, que no han sabido ver que eran la apuesta estratégica de todo un país. No han caído en la cuenta de que toda esa mano de obra a la que desprecian, porque procede de otras provincias, porque se apellida García o Jiménez, sin acento catalán, llega allí dirigida por la política industrial de una nación, de todo un Estado. Se perdieron en sus delirios de grandeza y no cayeron en la cuenta de que sin el gran mercado español, que compra más de la mitad de sus productos, no llegarían a ninguna parte.

Imagen de portada: Torre Agbar de Barcelona, que fue presentada como candidata para albergar la sede de la Agencia Europea del Medicamento.
Escrito por

Periodista. Actualmente presentadora de 'TRECE al Día' en 13TV. Ha sido también coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid. Autora del libro "Gabinete de crisis" y "Ana Botín, nacida para triunfar".

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