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“La marca Barcelona está muerta” . El ‘procés’ impide la expansión empresarial en Cataluña

La frase fue pronunciada por José Luis Bonet, presidente de Freixenet y de las Cámaras de Comercio, durante la celebración del último Congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE). La eliminación de Barcelona, en primera ronda, como posible sede de la Agencia del Medicamento es una consecuencia más del daño que está haciendo el independentismo al sector empresarial y económico de Cataluña.

Un reciente artículo de la experta en marcas Gabriela Salinas, publicado por el Foro de Marcas Renombradas, calcula, basándose en una estimación de Brand Finance, que el 72% del valor que tienen las empresas en los Estados Unidos lo aportan sus intangibles. Entre ellos, uno de los más relevantes es su marca, el distintivo más reconocible por el potencial consumidor. Solo apreciando el valor que tiene se puede explicar que compañías nacidas en el marco de la economía colaborativa, como Arbnb, la plataforma de alquiler de pisos turísticos, esté valorada en 10.000 millones de dólares cuando ninguno de los inmuebles que ofrece es de su propiedad. El verdadero valor de la empresa lo proporciona su nombre, sinónimo de confianza para aquellos propietarios que desean alquilar una vivienda y para los que la buscan. El contacto entre ambos es seguro y efectivo.

La fórmula para calcular esos intangibles no es matemática y está sometida a debate, pero lo que no se discute es que ese valor existe y genera negocio, rendimientos económicos. No estaría de más que el hombre o mujer que el tras el 21 de diciembre tome posesión de las llaves del Palacio de la Generalitat de Cataluña lo tenga en cuenta. En sus oídos, debería resonar aún la sentencia lapidaria que esta semana, en el Congreso de CEDE, ha pronunciado José Luis Bonet, presidente de Freixenet y de las Cámaras de Comercio: “la marca Barcelona está muerta”.  “La estabilidad y la seguridad jurídica -decía- son fundamentales para captar inversiones. Los políticos separatistas han primado su ideología, basada en la confrontación, despreciando sus evidentes consecuencias, al interés de los ciudadanos”. Ese era el lamento de Bonet horas después de que su ciudad, Barcelona, perdiera la batalla por convertirse en la sede de la Agencia Europea del Medicamento. Un golpe duro, durísimo, no solo para la ciudad, sino para todo el país.

¿Era Barcelona la gran favorita?, ¿la única favorita? Probablemente no, aunque sí era junto a la ganadora, Amsterdam, y la finalista, Milán, una de las mejor posicionadas en el concurso de méritos. La ciudad holandesa gozaba de mejores condiciones de transporte que la española, tiene también más publicaciones científicas y Holanda ocupa un lugar mucho más relevante en los rankings de empresas dedicadas a la biotecnología que el reservado a España. Objetivamente, era mejor candidata. Pero Milán, que ofrecía una hoja de servicios más pobre que la de Barcelona, fue descartada en el último minuto. Y por sorteo. La ciudad condal podría por tanto haberse hecho con la candidatura. Entre otras cuestiones, porque era la gran favorita para buena parte de la plantilla, conformada por 890 profesionales, que trabajan en la Agencia del Medicamento. ¿Qué pensarían ellos cuando en las últimas semanas vieron en los medios de comunicación a los niños, de la mano de sus profesores, en manifestaciones, pegando carteles contra la Guardia Civil? ¿Les asustaría pensar que en los centros en los que tendrían que matricular a sus hijos les adoctrinarían siguiendo el “manual del buen catalán”, forzándoles a despreciar el español, la segunda lengua más hablada en el mundo?  Es difícil de creer que después de ver y oír todo lo que ha ocurrido en los colegios no sintieran cierta desconfianza pensando en que en Barcelona tendrían que escolarizar a sus casi 650 niños.

¿Ha sido esa una de las razones de peso para descartar la ciudad española? Si lo ha sido, no será la única. A la abierta inseguridad jurídica provocada por el golpe de los independentistas, hay que sumar el rechazo explícito a la instalación de la Agencia del Medicamento en la ciudad condal no sólo de la CUP, partido minoritario pero llave de gobierno, sino también de la formación que sustenta en la alcaldía de la ciudad a Ada Colau. Los comunes no querían a la Agencia del Medicamento en su territorio. Y lo hicieron saber. Con ella, pierden no sólo la institución, sino la actividad que genera en su entorno: alquileres y ventas de viviendas, hoteles, restauración, 35.000 visitas de profesionales de todo el mundo cada año, un presupuesto de 300 millones de euros por ejercicio… y prestigio. Sobre todo, prestigio.

 El Mobile Congress en el horizonte

La Agencia del Medicamento, que es la que evalúa y permite la comercialización de nuevas fórmulas de farmacia, mueve en torno a sí a una de las industrias más pujantes de Occidente, una punta de lanza en la economía del siglo XXI. La farmacia es I+D+i, son científicos, es tecnología, es en definitiva una de las mejores armas que pueda empuñar cualquier país que quiera ganar la batalla en la economía globalizada del futuro. Por eso, su pérdida para Barcelona, para España, tiene tanto calado. Porque no sólo se va el potencial foco de crecimiento que generaba, sino que, con la negativa a conceder la sede a España se envía al mundo el mensaje de que la ciudad, tal vez también el país, no es fiable para hacer negocios. Es el golpe más duro que puede recibir una marca, el intangible más valioso de cualquier empresa, herido seguramente por mucho tiempo.

“La marca Barcelona está muerta”, decía Bonet. La sentencia es dura. Dolorosa sobre todo porque es cierta. ¿Quién querrá venir a instalarse aquí? Me lo reconocía, en una conversación privada un miembro del Gobierno: más que el impacto presente en la economía de la deriva independentista de los catalanes, lo que se hará notar es el efecto disuasión que ha provocado su comportamiento. Esperemos que no lo corrobore dentro de unos meses el Mobile Congress. Ya ha dejado sobre la mesa una advertencia…

Imagen de portada: Imagen de la Torre Agbar, en Barcelona, lugar elegido como sede de la Agencia del Medicamento | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Coordinadora de Economía de los Servicios Informativos de Telemadrid, colabora con EsRadio, El Economista y es profesora de la Escuela de Marketing ESIC. Autora del libro "Gabinete de crisis".

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