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Prepararse para el éxito o el fracaso . Los niños frente a la excesiva presión en el deporte

La psicología deportiva tiene que ser un aspecto clave en la formación de todos los niños que comienzan una carrera semiprofesional. En paralelo, familiares y demás entorno deben entender que la infancia es lo primero a proteger y que, al fin y al cabo, estamos hablando de un juego. 

“Nadie nos prepara para el éxito y quizás los clubes deberían tenerlo en cuenta”. Son las palabras de un futbolista español que siempre ha estado ligado al mundo del deporte, que empezó en la cantera de un club humilde, continuó entrenando con ilusión, mejorando, progresando… y, en la actualidad, pone en pie Old Trafford -uno de los estadios más importantes de Europa-. Se ha convertido en pieza clave para el esquema de José Mourinho -uno de los entrenadores más prestigiosos del mundo- y hace que el Manchester United -uno de los mejores equipos de la historia del fútbol- juegue a su ritmo.

Ander Herrera ha conocido todo dentro del mundo del fútbol. Su padre fue futbolista y secretario técnico del Real Zaragoza, por lo que su relación con el balompié nació desde bien pequeño. Por eso, llama la atención esa afirmación, tan rotunda como cierta. El jugador bilbaíno se refiere a cómo llevar la fama, a cómo gestionar pasar a ganar una gran cantidad de dinero, a cómo comportarse sabiendo que eres el espejo en el que muchos niños se miran. Comenzar a vivir con la fama, con unas facilidades que (hasta ahora) solo habían visto por televisión y a ser mediático.

Las degeneraciones del deporte

Muchos equipos sí que poseen psicólogos en las categorías inferiores pero, en lugar de preparar al niño para el éxito o el fracaso, tratan de educarlo en valores. Consiste en establecer técnicas de comunicación y un código de conducta junto con los entrenadores, que será lo que ayudará al deportista a enfrentarse al éxito o al fracaso cuando lleguen”, explica a EL DEBATE DE HOY Patricia Ramírez, una de las psicólogas deportivas más reconocidas dentro del alto rendimiento. Entre otros proyectos, Patricia formó parte del Real Club Deportivo Mallorca y del Real Betis, en el que fue pieza fundamental en el último ascenso gracias a sus técnicas motivacionales.

Padres que quieren estrellas a toda costa

“A los niños que comienzan a despuntar y en los que los representantes empiezan a ejercer algún tipo de presión se les intenta mantener los pies en el suelo y hacerles comprender la importancia de poder compaginar una carrera deportiva semiprofesional con un futuro educativo”. Como bien señala Patricia, la presión a la que se ven sometidos los niños por parte de entrenadores y representantes es crucial, pero la más importante con diferencia es la que ejercen las propias familias, en especial los padres, como -desafortunadamente- hemos podido ver en las últimas semanas.

El fútbol y los refugiados

“Esta presión es importantísima. Si un padre solamente valora a su hijo si marca goles, si juega bien o si gana partidos, el niño va a aprender que el querer tiene un precio y puede sentir que pierde valor si juega mal”, apunta. Lamentablemente, en las últimas fechas hemos podido apreciar episodios muy desagradables dentro de un campo de fútbol cuyos protagonistas son los padres de los jugadores: insultos al árbitro, a otros jugadores e incluso peleas. Un comportamiento que será determinante para la educación deportiva del niño y que es la base de todo lo que acontezca en su carrera posteriormente. “El amor de un padre debe ser incondicional. Deberían dejar que sus hijos se diviertan jugando, se relacionen y se eduquen en valores. No tienen edad para jugar con presión”, advierte Patricia Ramírez.

Una visión que concuerda con el pensamiento de Ander Herrera. “Perder el norte o no cuando eres conocido y millonario depende de la educación recibida por cada uno. Si has crecido en un ambiente humilde, es fácil no saber gestionar el éxito”. Ante esto, Patricia puntualiza que la gran mayoría de niños no llegan a ser millonarios y que el salario de los futbolistas que no son grandes estrellas ha bajado considerablemente en los últimos años. “Un jugador de Segunda B cobra el mínimo salarial establecido, unos 60.000 euros anuales, una cifra a la que llegan muchos empresarios o directivos de este país. Hay que desmitificar al futbolista que no es estrella mundial porque puede afectar en la forma de relacionarnos con él”, explica.

A los niños que comienzan a despuntar se les intenta mantener los pies en el suelo y hacerles comprender la importancia de poder compaginar una carrera deportiva con un futuro educativo

Por tanto, las categorías inferiores de los clubes y las familias desempeñan un papel tremendamente importante en la educación deportiva y vital de los niños, lo que será la base que usarán para mantener los pies en el suelo si consiguen el objetivo de destacar y jugar en los mejores equipos del mundo o para ver con perspectiva lo complicado que es triunfar si no consiguen alcanzar la meta. El de Ander Herrera es un ejemplo de cabeza bien amueblada. Después de jugar en el Zaragoza B, en el Real Zaragoza y en el Athletic Club de Bilbao, ha conseguido llegar a la élite soñada pero cumpliendo unas fases previas. No fichó por el Manchester United la primera vez que el club inglés le hizo una oferta. Quiso continuar creciendo con los suyos, madurando futbolística y personalmente hasta que se sintió preparado para dar el paso. Más futbolistas con la personalidad del español le vendrían bien al fútbol (y a los futbolistas) actual y al que se avecina.

Escrito por

Graduado en Periodismo por la USP CEU. Máster en Radio y Periodismo Deportivo de la Cadena COPE. Miembro de la sección de deportes de 13 Televisión.

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