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Los valores del deporte femenino . Las empresas devuelven a la mujer su esfuerzo

El esfuerzo, el tesón y el ahínco del deporte femenino han logrado superar los hitos puntuales del pasado para conseguir más medallas que los hombres en las últimas citas olímpicas y que las grandes empresas españolas se vuelquen en su patrocinio. 

El deporte español ha estado marcado en los últimos años por los éxitos dentro de los terrenos y las pistas de juego. El año 2008 supuso un punto y aparte con las victorias de Nadal, Gasol, Contador, la Selección española de fútbol… Parecía que nuestro éxito ya no tenía límites, pero los Juegos Olímpicos de 2012 nos demostraron que quedaba una frontera por derribar. Ese muro que Blanca Fernández Ochoa resquebrajó en los Juegos Olímpicos de Albertville, el 20 de febrero de 1992, y que la judoca Miriam Blasco terminó de traspasar el 31 de julio de aquel mismo año en la cita olímpica, versión estival.

Eran deportistas de alto nivel que brillaban con luz propia, pero no con el deslumbramiento del metal del que sí gozaban sus homónimos masculinos. Si la diferencia en salarios era notable, la existente en logística e intendencia se agudizaba más, al gozar nuestras féminas de pertrechos e instalaciones muy inferiores. El problema estaba claro pero, ¿y la solución?


Como suele ser habitual, ni fácil ni rápida. Y, como nos tienen acostumbrados nuestras madres y abuelas, llegó únicamente con el esfuerzo, el tesón y el ahínco de las propias interesadas. Esas cualidades que les llevaron a sumar en Londres 2012 más preseas que los hombres (once y seis, respectivamente) y que, como punto de inflexión, sirvió a las marcas para poner por fin en su punto de mira al deporte femenino español.

Marcas que tradujeron su apoyo en patrocinio y que llevaron en Río 2016 a repetir el éxito, con nueve medallas frente a las ocho de nuestros muchachos. Mejoras en instalaciones, en becas y, sobre todo, apoyo gubernamental a través del Consejo Superior de Deportes con el Programa Universo Mujer. Los incentivos fiscales, de hasta un 90% de desgravación para la inversión en eventos de deporte femenino, supusieron un elemento diferenciador para atraer la inversión en forma de patrocinio de las grandes marcas.

¿Suficiente? Con toda seguridad no, pero la brecha se ha reducido y lo que parece claro es que nos hemos acostumbrado a un panorama donde, por fin, el patrocinio al deporte femenino es normal, usual y a nadie le llama la atención. Y para muestras traemos algunos botones en varias disciplinas.

Aunque malogrado mucho antes de lo que se tenía previsto, la apuesta de la aceitera Carbonell por nuestra campeona en bádminton, Carolina Marín, ya es todo un hito del deporte femenino. Aunaba la capacidad de una compañía por querer implantar una excelente imagen de marca en el exterior y la oportunidad de dotar a una deportista excelente, e incluso a toda una federación, de un buen colchón económico y financiero.

En este terreno del patrocinio deportivo femenino español destaca la presencia de Iberdrola. La hidroeléctrica abona crematísticamente varias disciplinas donde destaca su presencia principal en la Primera División del fútbol femenino, cuyo nombre ha cambiado incluso a la de la compañía presidida por Ignacio Sánchez Galán.

Igualmente, también reciben su nombre la División de Honor de rugby y la Superliga de voleibol femeninas, máximas categorías de estos deportes a nivel nacional. Esto ha convertido a la décimo tercera compañía española por volumen de facturación en el principal impulsor del programa gestado por el CSD.

Cronológicamente anterior, y al margen del mundo olímpico, cabe destacar la apuesta que realizó Endesa por la alpinista Edurne Pasabán en la primera década del nuevo milenio y el principio de la segunda. Gracias a la presencia de la compañía eléctrica, Pasabán afrontó con garantías los grandes gastos que suponía terminar su reto de escalar las catorce montañas más altas de la Tierra: expedición propia, sherpas solo para ella, permisos de escalada en Nepal… El resultado fue un éxito, al conseguir su hazaña, que quiso elevar a la categoría gesta con la consecución de la cima del Everest sin oxígeno, aunque la polémica con Juanito Oiarzabal empañó aquellos días de 2011.

Iberia y Supermercados Día, con la selección femenina de baloncesto; plátano de Canarias, con Mireia Belmonte y de nuevo Carolina Marín; Freixenet y sus burbujas, en forma de equipo de gimnasia rítmica; la cadena de gimnasios Go Fit, con el equipo de fútbol CD Tacón; BBVA, con Garbiñe Muguruza… son otros claros ejemplos de que el patrocinio al deporte femenino ha tomado una dimensión tan inusitada como agradecida por el propio mundo del deporte y por los propios aficionados.

Estamos, por tanto, de enhorabuena. Las primeras marcas han realizado su apuesta y sabemos que nuestras deportistas no les van a fallar.

A buen seguro, Tokio 2020 será testigo.

Escrito por

Doctor en Ciencias de la Información. Social Media Manager de la USP CEU y Community Manager de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación.

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