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“Wonder woman”: si no maravillosa, sí al menos digna

Después de Batman v Superman: El amanecer de la justicia, y antes de La liga de la justicia, Wonder Woman tiene su propia película en solitario. En ella se nos cuentan los orígenes del personaje, conforme al canon del cine clásico… de superhéroes. El espectáculo es entretenido y el reparto cumple, con una brillante presencia de Elena Anaya.

FICHA TÉCNICA

Wonder Woman

EEUU, 2017

DirectorPatty Jenkins

GuionAllan Heinberg (Historia: Zack Snyder, Allan Heinberg, Jason Fuchs; Personajes: William M. Marston)

RepartoGal Gadot, Chris Pine, Robin Wright, Connie Nielsen, David Thewlis, Elena Anaya, Lucy Davis, Danny Huston, Ewen Bremner, Samantha Jo, Saïd Taghmaoui, Lisa Loven Kongsli, Florence Kasumba, Mayling Ng, Emily Carey, Doutzen Kroes

Género: Ciencia ficción

No termina de estallar la burbuja de los superhéroes. Siguen llegando a la pantalla casi cada mes, en todas las encarnaciones que imaginarse pueda. Esta vez, el turno es para Wonder Woman, la “mujer maravilla” (Marvila) de los dibujos animados, con doblaje latinoamericano, que ya había asomado por la televisión con rostro de Lynda Carter. Creada por William Moulton Marston, apareció por primera vez en las páginas de DC Comics, en octubre de 1941. Ahora, con dicha editorial pugnando con la rival Marvel por presentar en pantalla a todo su fondo de armario, por separado o en comandita, llega en una superproducción que ha funcionado de maravilla -valga la gracia fácil- en la taquilla de los países en los que ya se ha estrenado, cosechando, además, comentarios muy elogiosos.

 

Vista la película, estos se antojan un poco excesivos. Que nadie se confunda: Wonder Woman es un filme competente y entretenido. Es infinitamente preferible a todo el aluvión de producciones de superhéroes que nos han llegado en los últimos años. Nada que ver con Batman v Superman: El amanecer de la justicia (Batman v Superman: Dawn of justice, Zach Snyder, 2016) y su grotesca solemnidad impostada, con ese sentido trágico del superhéroe que tan bien le quedaba al primero y tan mal al segundo (fue, precisamente en esa película, en la que hizo su primera aparición esta Wonder Woman, interpretada por Gal Gadot). Pero no resiste la comparación con los grandes clásicos del género. En lo que a personajes con superpoderes se refiere, aquí no hay más canon que el de Superman (Richard Donner, 1978), la incontestable obra maestra que consiguió que volar con capa –y los calzoncillos por fuera- resultara sublime –y no ridículo- sobre la gran pantalla. La secuencia en la que Gadot detiene una bala con la mano en un callejón es un evidente guiño a esa película, que los más jóvenes espectadores quizá confundan con un hallazgo original.

Esta Wonder Woman de Patty Jenkins, al igual que el Superman de Donner, atraviesa varias etapas muy claramente diferenciadas. Las alarmas saltan en la primera, con Robin Wright y Connie Nielsen adquiriendo protagonismo como tía y madre, respectivamente, de la superheroína, a la que vemos crecer en unas secuencias no precisamente memorables. La aparición en escena del personaje al que da vida Chris Pine –airoso en el papel de héroe de acción que tiene que ceder el protagonismo- es un soplo de aire fresco. Se ha hecho un lugar común comparar esta película con la primera del Capitán América, El primer vengador (Captain America: The first avenger, Joe Johnston, 2011). Es un paralelismo acertado. El trasfondo es ahora la Primera Guerra Mundial, y no la Segunda, como en aquella. Un entorno histórico poco explotado y que supone uno de los atractivos de la película. Cuando la protagonista salta de su entorno natural y pasea, más o menos guiada por el personaje de Pine, por las calles de Londres de principios del s. XX, Wonder Woman adopta un tono de comedia “de choque cultural” que hemos visto mil veces antes. Pero hay que decir, en honor al guion que firma el televisivo Allan Heinberg, que los gags que se suceden en este segmento del metraje funcionan sorprendentemente bien.

La experiencia nos dice que cualquier desarrollo argumental desemboca en lo mismo, en las recientes películas de superhéroes. O sea, una verdadera mascletá de efectos digitales, en la que lo inimaginable se materializa sobre la pantalla. Todo es posible, pero nada consigue ser creíble, merced a esa impronta “de dibujos animados” que tienen ese tipo de efectos, por sofisticados que lleguen a ser. Aquí acaba llegando ese momento, pero es injusto no subrayar que el interés no decae en ningún momento del (como siempre, excesivo) metraje. No es poco.

El reparto cumple, en líneas generales. La israelí Gal Gadot da el tipo como el personaje del título. No es Christopher Reeve desdoblado en Clark Kent y Supermán, pero sus hombros soportan bien el peso de la película. Lo que sigue no es chovinismo barato. Pero lo mejor de la función es la española Elena Anaya. Se come la pantalla como una de las villanas, una científica al servicio del ejército alemán que le sirve en bandeja una interpretación medida –este tipo de papeles permiten unas gotitas de histrionismo- que debería abrirle las puertas a mejores personajes, sean en el país que sean.

Olvidemos guiños para iniciados y retorcidas conexiones con otras películas, pasadas o futuras. Quizá la gran ventaja de este filme es que puede abarcar una mayor variedad de públicos. Probablemente no recordemos Wonder Woman dentro de tres meses. Pero puede resolver una tórrida tarde-noche de verano. De esas de palomitas. Y aire acondicionado.

Bienvenida sea una película de esas características que no hace sentir estúpido al espectador.

Escrito por

Periodista. Jefe de redacción en Non Stop People. Ha trabajado en Intermedios de la Comunicación, Onda Cero, Popular TV, esRadio y 13TV.

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