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“Van Gogh Alive”, un canto de amor al loco del pelo rojo

Van Gogh Alive propone una original forma de acercarse a la obra del pintor holandés. Un espectáculo de luz y color que envuelve al visitante en los esperanzados y poéticos trazos de cada obra.

FICHA TÉCNICA

Van Gogh Alive

Círculo de Bellas Artes
C/ Alcalá, 42. Madrid

Hasta el 26 de febrero de 2019

Entrada general: 16 €
Entrada reducida: 14 €

Lunes a domingo, de 10 a 23 h.

Sitio web

“Sueño con pintar, y entonces pinto mi sueño”. Son las palabras de Vincent Van Gogh (1853-1890), uno de los grandes maestros de la historia del arte, y uno de los pintores más conocidos y reconocidos. Sobre él se han escrito innumerables libros y se han realizado varias películas.

En la memoria colectiva queda El loco del pelo rojo, película de 1956 en la que un soberbio Kirk Douglas encarnó al artista; el año pasado se estrenó otra genialidad llamada Loving Vincent, la primera película realizada íntegramente al óleo, y la última, protagonizada por Willem Dafoe, se estrenará el próximo mes de marzo.

Su estilo y sus pinturas son familiares para todo el mundo, y sus cuadros se exponen en varios de los museos más importantes del mundo. Sus obras llenan desde láminas y pósters hasta fundas de cojines, pasando por cuadernos y libretas, sábanas e incluso calcetines. Llega ahora a Madrid Van Gogh Alive, una forma nunca vista en España de acercarse al artista holandés.

Hasta el próximo 26 de febrero, el Círculo de Bellas Artes acoge esta novedosa instalación, tras su paso por Alicante y Sevilla. Van Gogh Alive, que viene de arrasar en todo el mundo, es una inmersión multimedia en las pinturas del pintor, un espectacular juego de luces que permitirá que algunas de sus obras más célebres cobren vida. La sala cuenta con numerosas pantallas en las que se proyectan, durante algo más de media hora, unas 3.000 imágenes, acompañadas de un conjunto de piezas musicales que ayudan a crear un ambiente francamente extraordinario.

Si algo se echa en falta en Van Gogh Alive, no obstante, es el contexto de las imágenes. Es cierto que intentan resumir en unas pocas frases las etapas de la vida del genio holandés, pero el que no conozca, aunque sea a grandes rasgos, su trayectoria vital, puede sentirse un poco perdido. Pero, aun así, la media hora que dura la instalación permite vislumbrar la tragedia que se esconde tras el colorido y la belleza de esos cuadros.

Porque la vida de Van Gogh estuvo marcada desde sus comienzos por la desdicha, probablemente provocada por su enfermedad mental. Es de sobra conocido el episodio de la oreja, sin que se haya aclarado nunca la causa ni el alcance de su autolesión. Vincent tuvo que enfrentarse a un mundo que no entendía su arte y que no quiso comprar prácticamente ninguna de sus obras.

Van Gogh sobrevivió malamente gracias a la ayuda inextinguible de su hermano Theo (quien, por cierto, fue uno de los más firmes apoyos del movimiento impresionista en sus inicios, cuando nadie más les hacía caso), hasta que, a los 37 años, superado por las dificultades económicas y, sobre todo, desesperado por no poder liberarse de sus sufrimientos mentales, se quitó la vida. Y es que, parafraseando a Blade Runner, la luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y el loco del pelo rojo brilló con una intensidad inaudita. O, en sus propias palabras: “Puse mi corazón y mi alma en mi trabajo, y en ese proceso perdí el juicio”.

Tormento y esperanza

En Van Gogh Alive queda clara, por otro lado, la fuerte carga poética del pintor, tanto en sus oníricas pinturas, con sus curvas y sus potentes trazos coloridos, como en las citas extraídas de sus cartas (por cierto, las Cartas a Theo, su correspondencia con su hermano, son textos imprescindibles no solo para los amantes del arte, sino para cualquiera con una mínima inquietud espiritual). Todo ello revela un alma atormentada pero esperanzada, un corazón bueno entregado por completo a un proyecto y un sueño, a una forma de contemplar y entender la realidad única y nunca del todo comprendida.

La obra de Van Gogh se desarrolló en un periodo sorprendentemente breve de tiempo: pintó sus aproximadamente 900 obras en una década, en sus últimos años de vida, lo que revela su carácter pasional y entregado exclusivamente a la pintura.

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Y sus cuadros, a pesar de ser pintados casi todos en unos momentos de extrema inestabilidad, no son para nada tristes, sino que la luz y el tono vivo de los colores muestran la esperanza y la alegría de vivir de un hombre que no se rindió fácilmente ante su enfermedad (cuya naturaleza él no pudo entender, ni hemos llegado a conocer hoy), y que presentó batalla ante la pobreza y los males que lo aquejaban hasta el último momento, cuando no pudo más. De nuevo, sus palabras ilustran mejor esta idea: “Tienes que ser claramente consciente de que las estrellas y la infinidad están sobre ti, en lo más alto. Después de todo, la vida es encantadora”.

En definitiva, la instalación Van Gogh Alive hará las delicias de pequeños y mayores, si bien cada uno disfrutará de la experiencia de formas diferentes. Los niños saldrán asombrados del espectáculo de luz y de los vivos e intensos colores utilizados por Van Gogh, mientras que los mayores podrán apreciar hasta el más mínimo detalle de los cuadros, una aproximación nueva al genio. Pese al elevado precio de la entrada, la visita, sin duda, merece la pena. No se la pierdan.

Imagen de portada: Una de las salas de la exposición Van Gogh Alive | vangogh.es
Escrito por

Graduado en Humanidades por la Universidad Carlos III. Crítico de Arte.

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