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“Un don excepcional”: una película sobre la educación de los superdotados

Son muchos los pensadores que nos han dejado su opinión acerca de la educación. Aristóteles le escribió a su hijo La ética a Nicómaco, intentando explicarle cómo llegar a la felicidad desde la virtud.

FICHA TÉCNICA

Un don especial

Gifted

EEUU, 2017

Duración: 101 min.

DirectorMarc Webb

GuionTom Flynn

Reparto: Chris Evans, Jenny Slate, Octavia Spencer, Lindsay Duncan, Mckenna Grace,Keir O’Donnell, John Finn, Kelly Collins Lintz, Joe Chrest, Scott Christopher Kelly,Cameron Mills, Jeremy Ambler, Candace B. Harris, Jona Xiao,Michael Kendall Kaplan

Rousseau hizo lo propio con su Emilio, guiando al resto de los mortales en la formación de chicos en estado de naturaleza en un sociedad corrupta y corruptora. Pero la proliferación posterior de pedagogos ha sido soberbia. Nombres como el de Skinner, Piaget, Dewey, Montessori Gardner, inventor de las inteligencias múltiples, y tantos otros, forman hoy el interminable catálogo de los distintos modelos del maestro perfecto.

A pesar de que las diversas teorías siguen blandiendo su propio discurso como un bálsamo de fierabrás poseedor de la deseada infalibilidad y universalidad educativas, la experiencia nos sigue mostrando que tenemos mucho camino que andar todavía. La prueba fehaciente de esto son los niños con necesidades especiales, y especialmente aquellos que las tienen por arriba y no por abajo. Esto es, los así llamados superdotados.

Cada vez son más los estudios que muestran cómo estos alumnos son los más incomprendidos por nuestro sistema educativo. Ejemplo de ello son dos hechos que claman al cielo: sufren mucho más acoso escolar que cualquier otro grupo; y, curiosamente, el 68% de ellos padece fracaso escolar o deja los estudios.

Altas capacidades, un reto para el futuro. Buscar la excelencia educativa de cada alumno

Es verdad que las asociaciones de padres de alumnos de altas capacidades han conseguido sensibilizar a las administraciones y a alguna que otra escuela al respecto, pero se echa de menos una defensa de esta minoría, tan necesaria y a la vez tan ninguneada, en la cultura pop. Es verdad que ya hay representantes de este colectivo protagonizando series, aunque, en su mayor parte, han seguido el estereotipo Rain Man (1988), que vincula las altas capacidades al autismo más o menos Asperger, como vemos en el Sheldon Cooper de la comedia televisiva Big Bang Theory (2007-) o en la muchos menos exitosa Touch (2012-2013).

Son contadas las ocasiones en las que los superdotados aparecen retratados con su abanico de diversidad. Tenemos una digna excepción de esto en la teleserie Scorpion (2014-), que ya va a estrenar su cuarta temporada. A pesar de que Walter O’Brien -personaje inspirado en un caso real que hackeó la NASA a los trece años- y su banda –una especie de X-Men cuyos dones residen en sus configuraciones neuronales- son todos ellos bastante brillantes académicamente hablando, sólo Sylvester Dood, y quizás un poco Ralph, el hijo de Paige, encajan en el cliché de don calculito.

Por eso es de agradecer la recientemente estrenada Un don excepcional (2017), de Marc Webb. En ella no solo se nos presenta el caso de una entrañable niña de 8 años con unas capacidades intelectuales inauditas, sino que se nos plantean dilemas en torno a las pretensiones y miedos que su presencia despierta en el sistema educativo.

Un don excepcionalLo que se nos cuenta en sencillo. Un filosófico soltero de oro llamado Frank Adler e interpretado por el apolíneo Chris Evans, trabaja en un pueblo costero de Florida, donde cría a su sobrina, Mary. Tras educarla él mismo en casa durante años, decide por fin llevarla a un colegio convencional para socializarla, ya que se da cuenta de que no tiene amigos de su edad. Su llegada a las aulas va a poner en evidencia muchos de los dramas que viven los superdotados: su ostensible diferencia; el impulso irracional a hacerlos pasar por el aro; la consiguiente incapacidad del colegio para acogerlos; la tentación de los familiares de reducirlos a máquinas por afinar; la necesidad de equilibrar su lado afectivo –muchas veces poco desarrollado para su edad- e intelectual –correspondiente al de chicos mucho mayores que ellos; etc.

El largometraje es simple pero bello, con un guión bien cuadrado y con interpretaciones muy solventes por parte del mínimo reparto, que sabe mantenerte en la butaca sin mirar en momento alguno el reloj. Su valor más subrayable es el ya mencionado compromiso con la educación adaptada a las altas capacidades. Algo que tienen muy claro en Estados Unidos, donde se beca sistemáticamente a estos chicos porque allí están convencidos de que eso es un modo seguir siendo lo que siempre han sido: pioneros. Algo que nos cuesta mucho aprender por estas hispanas latitudes.

Son muchos los retos que necesitan de solución en el futuro inmediato. Elon Musk ha conseguido que Tesla fabrique coches eléctricos en cadena a un precio relativamente competitivo. Algo que parecía imposible hace diez años. Además, está empeñado en llevarnos a Marte. A la vez que esto sucede, en España nos urgen otro tipo de cosas, como conseguir que se sigan cobrando las pensiones, que se reduzca el paro o que aparezcan nuevos empleos a mayor velocidad que se destruyen los antiguos. Sin embargo, mientras en nuestro querido país nos llenamos la boca con palabras rimbombantes como emprendeduría e innovación, asfaltamos una de las mayores fuentes de talento en esa dirección.

Pese a todo, como se ve en la película, no se trata de instrumentalizar a los superdotados, sino de facilitarles una educación a la altura de sus necesidades. Y, como ya vio Aristóteles -aunque solemos olvidarlo en el plano educativo: no se le puede dar lo mismo a aquellos que no son lo mismo.

Escrito por

Periodista, escritor y profesor en la Universitat Abat Oliba CEU.

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