Diario de análisis, reflexión y valores   

 

Llega la última temporada de “House of Cards”, una buena serie presidida por la maldad

La última temporada de House of Cards está marcada por la polémica en torno al actor Kevin Spacey. Llega el final de una serie que, siendo buena en calidad, está protagonizada por la maldad de sus personajes.

Nos enfrentamos ante la última temporada de House of Cards, pero antes lanzo la siguiente pregunta: ¿Puede una serie de televisión ser buena y mala al mismo tiempo? No me refiero a que tenga virtudes y defectos, que eso lo tienen todas, igual que los tenemos nosotros. La pregunta, como la misma serie que abordamos en esta crítica, tiene trampa. House of Cards es, más que una mala serie buena, una buena serie mala. Aclaro el lío y explico la trampa. También al mismo tiempo.

La trampa está en el concepto de lo bueno y lo malo. House of Cards es una buena serie porque es un producto de calidad que sabe despertar y mantener el interés -más en las primeras temporadas que en la quinta- y cuya realización e interpretación brillan a gran altura. Sin embargo, muy lamentablemente, con la actuación de Kevin Spacey en la vida real parece ocurrir lo contrario por las denuncias de presunto acoso y agresión sexual que acumula el actor y que han llevado a Netflix a prescindir de Kevin Spacey de cara a la sexta y última temporada de House of Cards, cuyo estreno está previsto para el próximo 2 de noviembre.

Esa es la cara mala que ha dejado House of Cards entre bastidores. La peor, sin lugar a dudas. Pero si decimos que House of Cards es una buena serie mala es también por lo que vemos e intuimos en la pantalla. House of Cards se inclina siempre hacia el mismo lado de la balanza: el del mal.

A partir de aquí, lector, hay varios SPOILERS

Basta con preguntarse si hay algún mandamiento que sea capaz de cumplir Frank Underwood, el congresista y después vicepresidente y presidente de los Estados Unidos interpretado por Kevin Spacey. Pues no. No lo hay. Ni siquiera un mandamiento como el quinto es capaz de guardar el retorcido Frank Underwood. Tampoco su mujer, Claire –Robin Wright, al igual que Kevin Spacey, realiza una excelente interpretación-, se libra de incumplir muchos de los Diez Mandamientos.

Nuevos capítulos de “House of Cards” . Trump y Clinton reviven en algo más que una serie

El gran pecado de House of Cards no es la falta de verosimilitud. Y eso que cuesta creer que un presidente de Estados Unidos sea capaz de cometer las aberraciones que comete Frank Underwood. O las de su mujer. O las de su ayudante más fiel, Doug Stamper (Michael Kelly). O que también sea poco creíble que el matrimonio Underwood -aunque la palabra “matrimonio” les viene muy grande- comparta como si nada sus aventuras extraconyugales y uno de ellos llegue incluso a alojar a su amante en la mismísima Casa Blanca. El peor pecado es querer que empaticemos como espectadores con las perversiones que maquina Frank Underwood.

La prueba más clara es que el personaje de Kevin Spacey acostumbra a hablarnos directamente a la cara para compartir sus maquiavélicos pensamientos y buscar nuestra complicidad, pero no es la única. House of Cards pretende que nos olvidemos de las injusticias y, aún peor, atrocidades que cometen los protagonistas, incluso aunque se hayan producido en el capítulo anterior.

A House of Cards solo le interesa el mal. Y si no, solo hay que hacer balance de lo que hace con los personajes que muestran algo de bondad, desean redimirse o simplemente buscan la verdad. La mayoría de ellos se queda por el camino de una forma u otra -alguno, simplemente, cae en el olvido-, ya sean políticos, periodistas, humildes propietarios de un sencillo restaurante, como el personaje de Freddy encarnado por el actor Reg E. Cathey -fallecido el pasado mes de febrero a los 59 años-, o personas del equipo de seguridad de la Casa Blanca capaces de dar su vida por salvar la del presidente. Frank Underwood, después de todo el mal que ha provocado y que, en teoría, ya no va a poder causar en House of Cards, no debería buscar nuestra complicidad con una mirada aún más sucia que su política. Y Claire Underwood, de paso, tampoco.

Un consejo para la nueva presidenta de los Estados Unidos en la última temporada de House of Cards: Claire, las decisiones, cuando se toman desde el mal, nunca pueden ser buenas…

Imagen de portada: Fotograma promocional de la última temporada de House of Cards | Netflix
Escrito por

Periodista. Editor de Cine y Series en Radar, la web de cultura y ocio de El Corte Inglés. Colaborador web en diferentes portales de Antevenio. Antes, en Diario Qué!, Que.es y la web de deportes Grada360 del grupo Vocento.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons