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Unamuno ante sí mismo en el Teatro de La Abadía . Espejos para entrar en su conciencia

José Luis Gómez interpreta al escritor vasco en la obra Unamuno: venceréis, pero no convenceréis, que repasa la actitud del autor ante el alzamiento de Franco. Un excelente trabajo en la piel de los dos Unamunos: la del actor y la del literato en el inicio de la guerra.

FICHA TÉCNICA

Unamuno: venceréis pero no convenceréis

Dirección: Carl Fillion y José Luis Gómez

Teatro de La Abadía

Sala Juan de la Cruz

Calle Fernández de los Ríos, 42

Del 14 de febrero al 4 de marzo de 2018

De miércoles a sábado, 20:30 h.
Domingo, 19:30 h.

Duración aproximada: 1 h. y 10 min

Sitio web

 

En su ensayo Sobre la soberbia, Unamuno recuerda una frase de Ralph Waldo Emerson que dice: “Es fácil vivir en el mundo según la opinión del mundo, y fácil vivir en soledad según la nuestra; pero el hombre grande es el que en medio de la muchedumbre mantiene con perfecta mansedumbre la independencia de la soledad”. A este último grupo de personas pertenecía Unamuno o, al menos, pretendía pertenecer. Un hombre de un pensamiento lúcido y personal fundado en la profundidad de un alma que buscaba la verdad al margen de ideas preconcebidas o simplistas. Este es el hombre al que interpreta estos días José Luis Gómez en el Teatro de La Abadía en Unamuno: venceréis, pero no convenceréis.

Esta original obra adopta la forma aquella de los monodiálogos, tan del gusto del escritor, en los cuales se desdobla para discutir consigo mismo, aunque en este caso Unamuno dialoga con un actor que más de ochenta años después va a interpretarlo. El resultado permite al espectador ahondar en la conciencia del Unamuno de 1936 que apoyó el alzamiento franquista, el mismo que increpó a Millán Astray con su famoso “¡Venceréis, pero no convenceréis!”, cuando el legionario, en un derroche de clarividente fanatismo, gritó aquello de “¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!”

Es difícil, al presenciar la representación, desprenderse de la idea de que el propósito de la obra es justificar las opiniones y la postura del autor noventaiochesco. Algo que desde la perspectiva de casi un siglo después no se puede comprender. Parece un intento de redimir al escritor de sus actitudes y de hechos como el de haber donado 5.000 pesetas – aproximadamente su sueldo de un año- a la causa de los sublevados. La redención de Unamuno está en su obra y en la lucidez de sus principios, que revelan a un hombre complejo, inmune a los fanatismos, que creyó ver en el alzamiento de 1936 una alternativa o un mal menor y que, con el tiempo, como tantos otros, quedó defraudado. Luchó por ser ese “hombre grande” del que hablaba Emerson, que ante el panorama de una España dividida sus ideas personales le obligaron a renegar de ambos bandos.

José Luis Gómez hace un excelente trabajo poniéndose en la piel de los dos Unamunos: la del actor del siglo XXI que interpreta al escritor y la del escritor en los albores de la guerra. No es tarea sencilla esta, ya que exige del actor interpretarse a sí mismo, por una parte, e interpretar al mismo tiempo a Unamuno con una fidelidad mayor que casi rompa los límites del arte dramático para irrumpir en la realidad. El resultado es una lección magistral de mímesis y talento interpretativo que solo queda empañada por un hecho anecdótico, y es que la voz grave y profunda de José Luis Gómez poco tiene que ver con el tono algo atiplado de Unamuno.

El actor ya interpretó a esta figura de las letras en la película de Manuel Menchón La isla del viento y en la obra Azaña, una pasión española, estrenada en 1988 en el Centro Dramático Nacional, por lo que después de este proyecto se declara absolutamente “unamunizado”.

En lo demás, merece reconocimiento Carl Fillion, que dirige la obra junto a José Luís Gómez. La escenografía que ha diseñado para posibilitar el supuesto diálogo entre los dos Unamunos responde a una concepción muy inteligente de entender las posibilidades expresivas de la escena. Se sirve de los juegos de espejos para crear esta conversación que, si bien en la primera impresión parece algo artificial, tras unos pocos minutos el espectador toma como natural y queda absolutamente sumergido en la obra.

Escrito por

Periodista especializado en cultura y crítica literaria. Graduado en Humanidades y Periodismo.

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