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“Spiderman: Homecoming” . Un superhéroe con historia, reducido al estilo ‘millennial’

Spiderman vuelve al cine en su tercera “vuelta a empezar” en apenas quince años. Poco más que añadir. Toda la parafernalia del “universo Marvel” se pone al servicio del personaje que, cual becario del superheroísmo, no parece ser objeto de la suficiente confianza por parte de sus responsables. Tom Holland resulta simpático en un entorno en el que casi nada lo es.

FICHA TÉCNICA

Spiderman: Homecoming (**)

EEUU, 2017

Director: Jon Watts

GuionJohn Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna, Jon Watts, Erik Sommers

Reparto: Tom Holland, Robert Downey Jr., Michael Keaton, Marisa Tomei, Jacob Batalon, Zendaya, Jon Favreau, Tony Revolori, Laura Harrier, Angourie Rice, Kenneth Choi, Michael Barbieri, Logan Marshall-Green, Donald Glover, Tyne Daly, Martin Starr, Hannibal Buress, Abraham Attah, Michael Mando, Bokeem Woodbine, Jona Xiao, Chris Evans, Gwyneth Paltrow, Tiffany Espensen, Garcelle Beauvais

Spiderman: Homecoming es una película antipática de juzgar. El motivo hay que buscarlo en su misma génesis; todo un ejemplo, quizá el mejor, del estado de las cosas en Hollywood. Sí, el hombre araña era una asignatura pendiente en el cine. Aquellos telefilmes con Nicholas Hammond que en Europa llegamos a ver en salas -aunque fuera un cine de verano en Conil, quince años después, damos fe- eran casi una mancha en el expediente fílmico del personaje. Nunca sabremos qué tenía pensado la Cannon, pero algo nos dice que es mejor quedarse con la duda. Pero la prueba se superó con nota en 2002. Sam Raimi, de la mano del guionista David Koepp y con la complicidad de Tobey Maguire y Kirsten Dunts, entre otros, consiguió que Spiderman tuviera un reflejo en el cine (casi) tan digno como el de Superman 25 años antes y superior al que Batman había tenido en la década anterior (ya ajustaría luego cuentas Christopher Nolan). La secuela fue incluso mejor y la tercera entrega no mereció, en nuestra modesta opinión, la mala prensa de la que aún hoy es objeto. Con una cuarta película en marcha, Columbia decidió derribar el castillo de arena y empezarlo desde cero. A Batman y a James Bond les había salido bien la jugada. ¿Por qué no al superhéroe arácnido? Solo había pasado una década, pero en 2012 volvimos a ver la historia del adolescente Peter Parker picado por una araña radioactiva. Andrew Garfield y Emma Stone -esta vez como Gwen Stacy- fueron la pareja protagonista. No es que las masas enloquecieran, pero hubo segunda parte. Esta vez sí fue difícil no hablar de fracaso. Pues nada. A empezar otra vez. De este modo, el personaje vuelve al punto de partida por tercera vez en quince años.

spidermanNo lo hace solo. En este tiempo, la editorial Marvel ha asumido un papel muy activo en las adaptaciones cinematográficas de sus personajes. Está bajo el manto de Disney, aunque Sony mantiene legalmente la voz cantante sobre Spiderman. La estrategia ha pasado sobre todo por potenciar que los distintos superhéroes aparezcan juntos en las películas, dando lugar a una nueva saga, la de Los Vengadores, cuyos integrantes protagonizan sus propias series fílmicas en paralelo. Un lío. Pero sirve para explicar muchas de las cosas que no funcionan en Spiderman: Homecoming. De hecho, la película es casi una continuación de Capitán América: Civil War (Joe y Anthony Russo, 2016), en la que se presentó este Peter Parker interpretado por Tom Holland. Si no la ha visto -y ese era el caso de este cronista- puede sentirse incluso un poco perdido. La presencia del Iron Man/Tony Stark de Robert Downey Jr. sobrevuela -perdón por la gracia fácil- todo el metraje. Su excesivo protagonismo en los materiales promocionales ya da una idea de por dónde van los tiros. Los responsables de este Spiderman para millennials no deben tener mucha confianza en él, ya que fuerzan desde el principio que este quede eclipsado por otro superhéroe. Es como si, imitando el organigrama de una empresa, le otorgaran el estatus de “adjunto”, incapaces de soltarle solo a seducir al público.

Seis (¡seis!) nombres distintos firman el guion, entre ellos el propio director, Jon Watts. Conviene desconfiar de un libreto con tantos padres. Los temores son fundados: Spiderman Homecoming adolece de una estructura harto endeble que, de manera inexplicable, se traduce en más de dos horas de metraje. La película vive de repetir el mismo clímax cada media hora; el que enfrenta al protagonista con la banda de malhechores que lidera el personaje interpretado por Michael Keaton. El tono tampoco está muy conseguido. Peter Parker ya era un adolescente en sus anteriores reencarnaciones, pero la juventud de Holland permite al personaje mostrarse mucho más verosímil en ese contexto. Así que hay mucho de comedia de instituto. Y de comedia en general. Pero el camino es el de la gracieta fácil, en la mayor parte de las ocasiones. Los constantes guiños a eso que los muy iniciados llaman “universo cinematográfico de Marvel” terminan por conformar una barrera entre el filme y un buen número de sus espectadores potenciales.

Spiderman Homecoming acaba siendo lo que uno se temía. Una vuelta de tuerca innecesaria a una historia que ya habíamos visto mucho mejor contada. Su protagonista resulta bastante simpático en el papel y eso es algo que, en medio de tantos elementos antipáticos, es de agradecer. (Lo que viene a continuación puede ser eso que hemos dado en llamar SPOILER, así que deje de leer en este punto, si quiere). Una de las últimas piruetas del guion tiene cierta gracia. Afecta al personaje de Keaton y, aunque no es muy original, sí añade algo de perspectiva al relato. Y es que un megalómano con armamento alienígena en sus manos da mucho miedo. Pero no tanto como el que puede provocar un suegro.

Imagen de portada: Fotograma de Spiderman: Homecoming | Marvel Studios
Escrito por

Periodista. Ha trabajado en Intermedios de la Comunicación, Onda Cero, Popular TV, esRadio y 13tv. En la actualidad es jefe de redacción en Non Stop People.

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