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Silencio, llega el otro Scorsese

Dos jesuitas portugueses reciben una desconcertante noticia: su padre espiritual se ha convertido durante su misión en el Japón del siglo XVII. Hay demasiados baches en el ritmo como para que estemos ante un filme redondo.

FICHA TÉCNICA

Silencio (****) 

Silence

(EEUU, 2016)

Dirección: Martin Scorsese

Guión: Jay Cocks, Martin Scorsese (Novela: Shusaku Endo)

Reparto: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Ciarán Hinds, Issei Ogata, Tadanobu Asano, Shin’ya Tsukamoto, Ryô Kase, Sabu (AKA Hiroyuki Tanaka), Nana Komatsu,Yôsuke Kubozuka, Yoshi Oida, Ten Miyazawa

Duración: 159 min

Género: Drama. Religión

Si a uno le dicen Scorsese, lo más posible es que en su cabeza aparezcan montajes frenéticos, con congelados sobre los que empieza a hablar una voz en off. Un ritmo endiablado que sumerge literalmente al espectador en una experiencia que va mucho más allá de cualquier título al uso. Es el de sus emblemáticas películas de mafiosos: Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990), Casino (1995) o Infiltrados (The Departed, 2006). Pero también el de filmes de otro estilo, como la comedia Jó qué noche (After Hours, 1985) o la casi inclasificable El lobo de Wall Street (The wolf of Wall Street, 2013).

Hay, además, otro Scorsese. El que, ya sea por encargo (Alicia ya no vive aquíAlice doesn’t live here anymore, 1974-) o por empeño personal (La edad de la inocenciaThe age of innocence, 1993) apuesta por otro “tempo” narrativo. Es éste segundo el que firma, que nadie lo dude, la presente Silencio. Se dice que este título vendría a cerrar una no premeditada trilogía sobre la religión, tras La última tentación de Cristo (The last temptation of Christ, 1988) y Kundun (1997).

Son consideraciones que no está demás tener presentes antes de sentarse ante una pantalla que proyecte esta película. A fin de cuentas, estamos hablando de casi tres horas de duración sobre la peripecia de dos (bueno, sobre todo uno) sacerdotes católicos en el Japón del siglo XVII. El argumento se plantea con extraordinaria rapidez, si tenemos en cuenta lo premioso que va a ser el ritmo de lo que sucede después. Dos jesuitas portugueses, Rodrigues (Andrew Garfield) y Garrupe (Adam Driver), reciben una desconcertante noticia: su padre espiritual, Ferreira (Liam Neeson) se ha convertido durante su misión en Japón. Los ecos de las brutales torturas a las que los gobernantes del periodo conocido como Edo o Tokugawa someten a los cristianos para que hagan pública apostasía han llegado hasta Europa. Hay que saber qué ha pasado realmente con Ferreira y por eso, sus dos conmovidos pupilos realizan el peligroso viaje para comprobarlo sobre el terreno.

silencioTal arranque no puede sino, salvando las muchas distancias, recordar a Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979).  Surge un inmediato paralelismo entre Ferreira y aquel coronel Kurtz al que interpretaba un crepuscular Marlon Brando. El viaje en su busca tiene algún punto en común también con aquella inolvidable adaptación libre de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Pero el origen del proyecto es muy distinto. Silencio es una novela de Shûsaku Endô publicada 50 años antes que esta película. De hecho, ya fue llevada al cine por Masahiro Shinoda en 1971.

Ese primer tercio de la película entronca casi con el cine de aventuras. Los dos jesuitas se adentran en el país nipón de un modo totalmente clandestino, guiados por un personaje huidizo que irá dando varios bandazos a lo largo del relato. Ocultos, son protegidos por la comunidad cristiana que aún resiste. Pronto un grupo de fieles les confía su guía espiritual. Después, el relato pasará a centrarse solo en el personaje de Garfield. La crueldad de los mandatarios nipones es mostrada sin concesiones pero tampoco excesivos regodeos. El cara a cara entre el sacerdote y sus enemigos es uno de los aspectos más logrados del filme. Hay algo del soterrado y memorable duelo de Alec Guinness con Sessue Hayakawa en El puente sobre el río Kwai (The bridge on the river Kwai, David Lean, 1957). (¿Quizá un eco subconsciente por el hecho de que ambos sean japoneses?).

El propio Martin Scorsese ha intervenido, junto a Jay Cocks, en el guión de Silencio. Es un dato de especial relevancia, si se tiene en cuenta que sólo lo ha hecho en seis de los 25 largometrajes de ficción que ha dirigido. Si a eso sumamos los intrincados problemas de financiación, que le han llevado a luchar durante más de un cuarto de siglo por llevar a cabo el rodaje, podremos decir sin temor a exagerar de que estamos ante eso que se suele llamar “un proyecto muy personal”. En él no emerge la versión más sobresaliente del influyente director. Pero sí una que es, por lo menos, de notable alto. Hay demasiados baches en el ritmo como para que estemos ante un filme redondo. La belleza de los paisajes suele ser excusa de mal pagador a la hora de defender un filme. Pero todo lo que aquí retrata el director de fotografía Rodrigo Prieto quita el hipo. Aunque la historia se desarrolle a lo largo de un metraje un tanto excesivo, nunca deja de seguirse con interés. Y hay tres o cuatro momentos de sincera emotividad en la lucha de ese sacerdote por poder profesar su fe que ya justifican el pago de la entrada. Es, sin duda, un Scorsese diferente. Pero muy interesante.

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Escrito por

Periodista. Jefe de redacción en Non Stop People. Ha trabajado en Intermedios de la Comunicación, Onda Cero, Popular TV, esRadio y 13TV.

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