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Las series españolas y la teoría de la espiral del silencio . Un prejuicio que nos condiciona

La teoría de la espiral del silencio se puede aplicar al aspecto social de las series. Parece que ver ficción española limita las conversaciones con los demás en un mundo dominado por el vacío moral de producciones como The Walking Dead.

Imaginemos que mantenemos una conversación con los compañeros de trabajo o con los amigos sobre las series de televisión que estamos viendo. Las series que aparecerían -que aparecen- en esa conversación cotidiana variarían en función de la edad de los interlocutores, de la forma de acceder a los contenidos y, sobre todo, de las series que estén de moda en ese momento -a veces en mayor medida incluso que los propios gustos-.

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¿De qué series hablarían los demás? Supongamos que nuestros interlocutores son más jóvenes que nosotros. Probablemente escucharíamos títulos como The Walking Dead y Juego de tronos, producciones cuyas altas dosis de violencia son inversamente proporcionales a los valores que transmiten. Pero la pregunta más interesante no es qué series ven los demás porque, al fin y al cabo, cada uno es libre de ver lo que quiera. La pregunta clave es: ¿de qué series hablaríamos nosotros? Si hacemos examen de conciencia, puede que la respuesta a esa pregunta no coincida exactamente con las series que realmente vemos…

Cuando alguien habla del último capítulo que ha visto de Juego de tronos, The Walking Dead, Vikingos o El cuento de la criada, los demás escuchan ensimismados y aguardan impacientes su momento para intervenir y lanzar sus propias teorías. El ritmo de la conversación sube. El volumen, también. En cambio, uno y otro bajan si nos decidimos a compartir las series que vemos con los demás. Si además son series españolas, se produce un silencio, como si hubiéramos estropeado el momento a los demás. O como si sintieran lástima por nosotros. Quizá las dos cosas al mismo tiempo.

Puede que ese silencio, como tantos otros, sea incómodo, pero es honesto. Si los demás hablan de las series que ven, ¿por qué no vamos a poder hacerlo nosotros aunque nuestros gustos se aparten de lo establecido? Sin embargo, hay otro silencio más cómodo y no tan honesto por el que muchas veces optamos en todos los órdenes de la vida, aunque sea uno tan intrascendente como las series de televisión que nos gustan. Es el que se ajusta a la teoría de la espiral del silencio, elaborada por Elisabeth Noelle-Neumann y que Justino Sinova nos explicó en sus magistrales clases de Teoría de la Comunicación Social -junto a otra excelente profesora como Salomé Berrocal- en la USP CEU.

La teoría de la politóloga alemana se basa en cómo los individuos con ideas diferentes a las de la mayoría tienden a silenciar sus opiniones por miedo a un posible aislamiento de la sociedad. Evidentemente, la teoría de la espiral del silencio, inmune al paso del tiempo, tiene aplicaciones mucho más relevantes e interesantes, pero es la que mejor puede definir ese cómodo autosilencio que nos imponemos cuando no queremos exponer nuestras ideas, creencias y opiniones, aunque sean acerca de una serie de televisión.

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Si cuando los demás defienden apasionadamente series vacías como The Walking Dead o Juego de tronos, nosotros ocultamos que vemos series españolas como Cuéntame cómo pasó, es fácil pensar que también esconderemos ante los demás nuestras creencias religiosas o nuestras ideas políticas por temor a que no coincidan con el resto. Y eso, a diferencia de una (algo más que una) forma de entretenimiento como las series de televisión, sí es importante.

Las series españolas, como el cine de nuestro país, son objeto de discriminación. Aún hay muchos que no ven series o películas españolas por el hecho precisamente de ser españolas. Y eso, como todo prejuicio, es un error. Más aún cuando en el fondo subyace la idea de no verla no porque una serie española no tenga calidad o no interese, sino porque no es una de las series de moda de las que hablar luego con los demás.

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Esa idea, también como todas, es por supuesto perfectamente rebatible. Eso sí, yo elegiría otra opción antes que rebatirla con La casa de papel. Hay espectadores que no suelen ver series españolas y que han estado o están enganchados a La casa de papel. A priori sería suficiente para demostrar que no tienen prejuicios y que, si una serie es interesante, da igual que sea española o extranjera. Pero da la casualidad de que La casa de papel, después de su emisión en Antena 3, se puede ver en Netflix y, sobre todo, que la serie -con un brillante Álvaro Morte en el papel del Profesor- se ha convertido en un éxito internacional.

Ya tenemos los dos factores clave para que muchos decidan la serie que van a ver, aunque en el fondo no les interese. “Si está en Netflix -o en otra plataforma- y los demás hablan de ella, pues habrá que verla, ¿no?”, pensará más de uno. No vaya a ser que al día siguiente, en el trabajo o en la cafetería, no tenga de qué hablar…

Escrito por

Periodista. Editor de Cine y Series en Radar, la web de cultura y ocio de El Corte Inglés. Colaborador web en diferentes portales de Antevenio. Antes, en Diario Qué!, Que.es y la web de deportes Grada360 del grupo Vocento.

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