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El Renacimiento nostálgico de Venecia . Una atractiva apuesta por la exaltación de la belleza

Quizá por su atractivo, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid ha subtitulado su exposición El Renacimiento en Venecia como Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura. Una muestra que agradará a quienes aman el estilo tradicional y místico de esta escuela.

FICHA TÉCNICA

El Renacimiento en Venecia

Museo Thyssen-Bornemisza.

Paseo del Prado 8, Madrid

Hasta el 24 de septiembre de 2017

De martes a domingo, de 10:00 a 19:00 horas (excepción entre el 29 de junio y el 2 de septiembre; de martes a sábado, de 10:00 a 20:00 horas)

Entrada: general 12€, reducida 8€

Sitio web

No fue destrucción, sino mera, lógica, silenciosa transformación. Cómo tener además lugar la violencia en los óleos del siglo XVI italiano; voz de aquel espíritu melancólico y delicado. Quizá por su atractivo, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid ha subtitulado su exposición El Renacimiento en Venecia como Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura. Hubo rescate de la belleza, mas no catástrofe. Hubo aires nuevos que hicieron suyo el aliento clásico, pero su partida, al igual que su llegada, fue lenta y discreta. No es, en cualquier caso, esa supuesta brusquedad última el núcleo y apuesta de esta exposición, comisionada por Fernando Checa, sino su inicio y desarrollo: la exaltación de la belleza.

Venecia ha sido siempre un pequeño universo particular dentro de la geografía y espíritu de Italia. Poderosa, cauta y hermosa, la ciudad ha vivido cada época bajo sus propias normas, especialmente en el arte. Durante el Renacimiento, movimiento que recuperó el antropocentrismo y volvió la mirada hacia la Antigüedad clásica, se dulcificaron las formas, los rostros y las escenas, y el color, como la belleza, triunfó sobre el dibujo. Esta muestra, que agradará especialmente a quienes aman el estilo tradicional y místico de la escuela veneciana, tiene como brújula la reflexión teórica y ha apostado principalmente por la temática frente a la cronología o el estilo. Un camino por las distintas formas en que grandes pintores, como Tiziano, Veronés o Giorgione, adoptaron la seña de identidad de este renacimiento: el clasicismo.

Oriente y Occidente: la ciudad más bella del mundo y Venecia y el sueño del clasicismo prologan cómo la ciudad de los canales sustituyó en sí, tanto en arquitectura y estética como en pensamiento, el oscuro eco del Medievo por la nueva voz renacentista. La maravillosa xilografía Vista de Venecia de Jacopo de’ Barbari (1500) o el retrato de Veronés de Vincenzo Scamoszi (1585), autor de importantes nuevos tratados sobre urbanismo, nos señalan el camino que siguió la pintura: sobriedad, armonía en formas, melancolía en rostros y un hálito de misticismo. Los retratos fueron una frecuente manera de expirar ese sentimiento de tristeza y refugio, a través de obras como el meditabundo Retrato de un joven en su estudio de Lotto (hacia 1528-1530) o el Retrato de Antonio Anselmi de Vecellio (hacia 1550). Esta aura embriagada recuerda al que también sobrevolaba recientemente en la exposición Retorno a la belleza, de la Fundación Mapfre, donde la Italia de entreguerras encontró una pequeña cavidad de pureza que miraba de igual modo a lo clásico con inocente y hermosa veneración.

Que gran parte de las obras expuestas tengan como fecha años aproximados parece una casualidad causal: la ambigüedad, después de todo, forma parte de este renacer veneciano. Ojos que inspiran indefinida lejanía, manos suspendidas, mitología de metáforas, huidiza y carnal feminidad. Y la adopción de un formato más grande para que cupieran esquivos y numerosos detalles de la idealización: Imágenes venecianas de la mujer se erige como tercera parte del viaje, centrada en la sensualidad y la refinada seducción. Céfalo y Procris (hacia 1580) de Veronés, o Retrato de una mujer joven llamada «La bella» (1518-1520) de Palma el Viejo son buenos ejemplos de dicha sinuosa personalidad. Mención especial se hace a las Magdalenas de Tiziano, situadas «a medio camino entre la imagen de la belleza y la pintura de devoción».

El brillo del poder –tanto metafórico como literal– y Pastorales venecianas abordan otros dos vértices, diferentes entre sí y respecto a los demás, de la pintura veneciana. Alegoría de la Paz y Alegoría del Buen Gobierno de Veronés (ambos de 1552) o el icónico Joven caballero en un paisaje de Carpaccio (hacia 1505) son espejo de la primera sección mencionada, así como el Acteón contemplando el baño de Diana y sus ninfas de Veronés (de la década de 1560); cuya posterior versión de Giuseppe Cesari (1603-1606) pudo contemplarse en este mismo museo en la anterior exposición, Obras maestras de Budapest. Del Renacimiento a las Vanguardias. En las escenas pastorales, por otro lado, basadas en los Idilios de Teócrito y la Arcadia de Sannazaro, de nuevo la idealización, cierta pureza, cierto secreto. Referentes de ello son Dos ninfas en un paisaje de Palma el viejo (1513-1514) –todas sus obras llevan por oxígeno la etereidad– o El nacimiento y La muerte de Adonis de Del Piombo (hacia 1510).

Culmina la exposición, en nombre y grito, con El ocaso del Renacimiento. La caída de la suavidad y la atmósfera de añoranza, el rechazo de la línea. El claroscuro, que tiene en el contemporáneo Caravaggio a su máximo representante, se fue apoderando de las últimas obras de estos artistas, metamorfoseando así, lentamente, no destruyendo ni asesinando, la pintura clasicista renacentista. Judit y Holofernes de Veronés (hacia 1680) o Tarquinio y Lucrecia de Vecellio (hacia 1579-1576) son obras habitadas por el velo negro. Y al fondo, en un espacio separado e íntimo, como punto y final de una esplendorosa y sentida época, el Cristo crucificado de Vecellio (hacia 1565). Metáfora y literalidad de la muerte –y posterior resurrección, pues el anhelo de belleza siempre regresa– del Renacimiento nostálgico de Venecia.

Ilustración de portada: Retrato de un joven en su estudio (Lotto 1528-1530)
Escrito por

Ilustradora, graduada en Humanidades por la USP CEU y máster en periodismo cultural. Ha trabajado en medios como la revista Leer y Hombre en camino.

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