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“Perdóname, Señor” . Paz Vega da vida a una religiosa íntegra en el mundo del narcotráfico

El final de la serie Perdóname, Señor subraya el papel valiente de una religiosa cargada de valores y de una integridad que la sociedad se encarga de dilapidar. Paz Vega interpreta a una monja, mujer y madre que se enfrenta con argumentos a su pasado.

 

“Perdóname, Señor, por manchar el hábito con el que me has dado refugio y consuelo. El hábito con el que me has permitido ocultar la culpa. El hábito bajo el que han vivido una mujer, una religiosa y una madre. Como mujer, podía solo sufrir la privación del amor. Como religiosa, podía solo servirte con devoción. Como madre, para mi hijo, podía solo matar… o morir”.

Con esta voz en off, Telecinco puso el punto final a una serie que no pasará a la historia, pero que nos deja con el ceño fruncido y un interrogante: ¿Qué hace una monja en una serie de televisión? El Pájaro Espino (1983) o Ay, Señor, Señor (1994) -protagonizada por Andrés Pajares y emitida en Antena 3- son dos series que se nos vienen rápido a la cabeza si nos ponemos a pensar en la presencia del clero en la pequeña pantalla. El guion se escribía solo hasta ahora: un cura puesto en apuros sentimentales por una mujer.

Perdóname, Señor tiene muchas críticas. La de la interpretación: Paz Vega vuelve a España después de su recorrido norteamericano para dar vida a la monja Lucía Medina. El guion no fue muy original en otorgar a la actriz andaluza la defensa de un personaje con ese nombre y que recorre Barbate en bicicleta. Las similitudes con Lucía y el sexo (Julio Medem, 2001), en muchos planos, son evidentes. Stany Coppet se pone en la piel del narcotraficante Bruno Lachambre. El actor se dio a conocer por hacer de malo en la serie El Príncipe (2014) y ahora interpreta un papel muy parecido. El tercer actor en discordia es Jesús Castro (Rafa Medina), del que pronto se descubre que es hijo de una antigua relación entre la monja y el mafioso.

La ciudad de Barbate contextualiza la serie. Y aquí otra de las críticas: el pueblo gaditano sale beneficiado de unas tomas exquisitas, pero carga con el cliché de que los jóvenes de esa localidad viven del transporte de droga. Llegarán las quejas. Seguro. Así pasó con Ceuta y su barrio de El Príncipe. Con Caravaca y la película Torrente. La televisión lo puede todo.

La serie de ocho capítulos deja una visión poco frecuente de un personaje religioso. Lucía es madre. Lo fue antes de ordenarse profesa. Años después, cuando vuelve desde el Vaticano a Barbate para dar clase de Filosofía, sabe que allí estará su hijo, cuya crianza dejó en manos de su hermano (Paco Tous) y su cuñada nada más nacer. La España más profunda logró hacerle desistir de ser madre y la llamada del Señor la rescató.

El guion juega con el papel de la monja. La acerca a la tentación de la carne con el que fue su pareja y es padre de su hijo. Pero la fuerte convicción de la mujer y su deseo de que padre e hijo dejen de ensuciar las orillas de Barbate con la droga es más fuerte. El amor de una madre traspasa las fronteras célibes del hábito para tratar de entender una forma de vida impropia.

A lo largo de los capítulos, el entorno de Lucía intenta hacer ver a la monja que la vida en el pueblo tiene que ser así y no puede ser de otra manera. Una mentalidad de fracaso que ella nunca asume y lucha predicando con el ejemplo. Pocas veces una serie se ha adaptado tan bien a la realidad social. Sin licencias al guion. Así se vive en una de las zonas con mayor desempleo de España y así trabaja la Iglesia.

Sacar a Paz Vega del papel de española cañí no es fácil. Esta vez, la dirección ha optado por conservar su acento andaluz, pero dotarla de una profundidad mayor en sus diálogos. Reflexiones y consejos de una integridad y unos valores de una religiosa dolida por la deriva de los acontecimientos. A lo que acompaña un rictus serio y melancólico.

Otra de las críticas frecuentes es la del final. Sin desvelar más de lo que ya se ha escrito, hay que decir que una tragedia así suele mascarse en la segunda o en la tercera temporada pero, en este caso, Telecinco no ha anunciado su vuelta.

Hay que poner en valor el papel de Paz Vega como la religiosa Lucía Medina. Los guionistas han sabido respetar los principios morales de la Iglesia y su trabajo en la sociedad. Lo fácil era sacudir a la religión contra la infildelidad, la droga o el sexo. Más aun, en la frivolidad que se mueve cada día el canal de Mediaset. Esta vez, y esperemos que sirva de precedente, la labor silenciosa de muchos sacerdotes y monjas tiene un reconocimiento en ‘prime time’.

Imagen de portada: Telecinco.es
Escrito por

Periodista en El Debate de Hoy. Presentador del programa de fútbol sala, Pista Azul.

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