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¿Por qué triunfan las películas de animación entre los adultos?

No es raro encontrar más adultos que niños en las salas de cine cuando se estrena una película de animación. Los largometrajes de estudios como Pixar o Studio Ghibli consiguen atravesar barreras y llegar a lo más profundo de las emociones.

Creo que únicamente he llorado con dos películas en mi vida. No estoy orgulloso de ello. De que sean solo dos, me refiero, no del hecho de haber llorado. Más bien es al contrario: me avergüenzo de las veces que me he esforzado más de lo necesario por sujetar las lágrimas en el cine o delante de la televisión. De los esfuerzos por no llorar con La vida es bella. Con La lista de Schindler. Con Tierras de penumbra. Con El hijo de la novia -cuando la emoción se combina con el humor, soy más vulnerable-. Con tantas y tantas otras.

Si comparto este secreto para intentar explicar por qué triunfan las películas de animación entre los adultos -imagino que además de para redimirme-, es fácil suponer a qué género pertenecen las dos cintas. Sí, las dos son películas de animación. Y las dos son de Disney Pixar.

La primera es Up. No sé cómo -y tampoco es algo de lo que me enorgullezca-, pero pude contener las lágrimas la primera vez que vi esa lección de vida, mucho más que de cine, representada en la secuencia que resume la vida en común del matrimonio formado por Carl y Ellie. La segunda vez también quise aguantar, pero no pude. Y tampoco creo que pueda resistir en futuras ocasiones.

Es asombroso cómo se pueden contar tantas cosas y describirlas tan bien en los poco más de cuatro minutos que dura esa secuencia de Up que llega a lo más profundo del alma. ¿Cómo se puede resumir una vida -dos vidas que se hacen una- en ese pellizco de tiempo solo con imágenes animadas y música? La pregunta nace de la más absoluta admiración y me lleva a pensar en otra pregunta: si Carl y Ellie hubiesen sido de carne y hueso y no personajes de animación, ¿nos habrían hecho llorar? Para esta pregunta sí encuentro respuesta: seguramente no.

Aquí viene la primera de las razones que explican por qué las películas de animación triunfan entre los adultos. El cine de animación es capaz de derribar esos muros invisibles que muchos espectadores levantamos, consciente o inconscientemente, entre una película de acción real y nuestras emociones. Con una película de animación, al menos hasta ahora, es más probable que nos confiemos. Que bajemos la guardia. Que subamos la barrera que normalmente impide el paso hasta nuestras emociones.

¿Cuáles son las claves para que el cine de animación consiga algo que antes quizá solo habían logrado unas pocas películas a lo largo de nuestra vida? Puede que la fórmula del éxito no sea tan secreta como otras. Puede que esa fórmula tenga como componente principal la excepcional combinación de talento y trabajo que aglutinan los estudios de animación.

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Sabemos que sacar adelante una película de animación supone miles de horas de trabajo de muchas personas con un talento innegable. Pero, si no lo supiéramos, lo podríamos descubrir fácilmente por la calidad del resultado, igual que podemos adivinar la pasión por su trabajo, la dedicación y el grado de perfeccionismo que hay detrás de ellas.

Hay más componentes en esa fórmula del éxito de las películas de animación entre los adultos -aunque me centre en Disney Pixar, el éxito se extiende a otros estudios y al anime japonés, con el maestro Hayao Miyazaki y Studio Ghibli a la cabeza-. Unos tienen que ver con la forma de trabajar de los estudios de animación, como el exhaustivo análisis de laboratorio de las emociones para saber cómo dar con la tecla. La extraordinaria película de animación Del revés es, seguramente, el ejemplo más visible. Y puede que también sea el mejor ejemplo de lo que es, desde hace tiempo, un secreto a voces: que las películas de animación no se hacen tanto para los niños como para los adultos. Wall-E es otra buena muestra. Y, sin ser un ejemplo tan claro porque divierten tanto a niños como a mayores, Los Increíbles y Los Increíbles 2 no tienen nada que envidiar a las mejores películas de acción.

Películas de animación para niños y no tan niños

Otros componentes de esa fórmula están directamente relacionados con nosotros como espectadores, como la nostalgia. Las películas de animación nos llevan a pensar en los dibujos animados de nuestra infancia. Y esa es una época que, como casi todas las pasadas, nos parece mejor que el presente. La infancia es -debería ser para todos- un lugar seguro y feliz que recordamos con cariño y con nostalgia. Por eso nos sorprendió Toy Story, nos gustó Toy Story 2, nos volvió a sorprender Toy Story 3 y nos volverá a gustar Toy Story 4.

En las tres entregas que hemos visto hasta ahora de Toy Story, como en otras películas de animación, planea la idea del paso del tiempo, de cómo los niños se hacen -nos hacemos- mayores más rápido de lo que nos gustaría. Bao, el cortometraje que precedía a Los Increíbles 2, expresa esa misma sensación de forma magistral. Tanto que aquí tampoco pude cerrar las compuertas.

Esto me recuerda que aún debo el título de la segunda película con la que lloré. No me escapo. La película es Coco. Y aquí, a diferencia de la famosa secuencia de Up, sí que fue a la primera.

Imagen de portada: Personajes de Toy Story | Pixar
Escrito por

Periodista. Editor de Cine y Series en Radar, la web de cultura y ocio de El Corte Inglés. Colaborador web en diferentes portales de Antevenio. Antes, en Diario Qué!, Que.es y la web de deportes Grada360 del grupo Vocento.

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