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Exposición “Nicholas Nixon” . La mayor retrospectiva del fotógrafo llega a España

La Fundación Mapfre de Madrid acoge la mayor exposición del fotógrafo americano Nicholas Nixon. Una retrospectiva, desde sus inicios hasta la actualidad, a través de más de doscientas fotografías en blanco y negro en las que destacan los paisajes urbanos y los retratos.

FICHA TÉCNICA

Nicholas Nixon

Fundación Mapfre. Sala Bárbara de Braganza

C/ Bárbara de Braganza 13, Madrid

Hasta el 7 de enero de 2018

Lunes, de 14:00 a 20:00 horas.

De martes a sábado, de 10:00 a 20:00 horas.

Domingos y festivos, de 11:00 a 19:00 horas

Entrada: 3€

Sitio web

Lento. Suavidad de l, permanencia de n, definición final de t. Movimiento acompasado, sereno, cauto, paciente. Movimiento, modo de ser, tan ausente hoy en día. Entre tanta prisa, tanta celeridad, tanta facilidad, el trabajo de fotógrafos como Nicholas Nixon (Detroit, Michigan, EE.UU., 1947) se vuelve un recodo de tranquilidad, belleza y, también, advertencia: el tiempo, como nuestro frenético correr, no se detiene. Es, probablemente, lo único que con certeza sabemos: el tiempo pasa, aprisa, y no se detiene. La mortalidad de las cosas. Pero como lo más obvio suele ser lo más invisible, Nixon con-vive de forma muy consciente esa invisibilidad: sus imágenes son reflejos puntuales y progresivos de la transformación, el envejecimiento y la muerte; que no son otra cosa que los efectos del tiempo, el tiempo siendo acto. Recordar la certeza una y otra vez bajo distintos rostros.

La delicadeza de su mirada y su proceder, atento y cercano, convierte ese irreversible y desasosegado avanzar de la vida en un trabajo lleno de humanidad cuyo descubrimiento y contemplación son, más que un mero disfrute, un enriquecimiento. La Fundación Mapfre de Madrid acoge hasta el próximo mes de enero la mayor retrospectiva de su carrera realizada hasta la fecha, abarcando desde sus jóvenes inicios hasta la actualidad, a través de más de doscientas fotografías, todas ellas en blanco y negro, todas silenciosas y sentidas. Todas provistas de ángel.

“El fotógrafo ha de ser un hombre lleno de sorpresa ante las cosas –escribe Ramón Gaya–, lo que retrate ha de estar viéndolo por primera vez, virginalmente. No hay más fotografía que la instantánea; una instantánea, una sorpresa, un hallazgo”. Así es Nicholas Nixon: compartir el asombro ante cada inmensidad o pizca de vida que descubre. El tiempo como lugar y la intimidad como forma son las dos claves de su fotografía, realizada con cámaras de gran formato que ralentizan el proceso creativo, lo que le permite mantener un contacto más personal con lo fotografiado y da como resultado “imágenes de una extraordinaria nitidez y claridad compositiva, en las que se percibe mucho más de lo que puede observar el ojo a simple vista”.

Dos grandes temáticas distribuyen su trabajo: los paisajes urbanos y los retratos. Las escenas de ciudad abren y cierran la exposición, entre las vistas, Albuquerque, Boston o Nueva York de mediados de los años 70 y algunas curiosas escenas, casuales y más poéticas, realizadas a lo largo de la última década. El tono diferencia ambas maneras de acercarnos al hábitat: las primeras son frontales, serias, casi rígidas, nitidísimas. Con una voluntad cercana a la crónica muestran “la ocupación descontrolada del territorio periurbano” (del mismo modo que hicieron contemporáneos como Lewis Baltz o Gabriele Basilico). Las segundas, impulsadas desde la emoción, buscan el descanso del ojo y la recreación amena y estética de la mirada. Aceras bajo divertidas luces y sombras, pinturas atrapadas e, incluso, fragmentos de intimidad (Cortina de nuestro dormitorio, Brookline, 2017). En común, la ausencia física del ser humano y el sosiego, a veces sobrecogedor, otras reconfortante.

Entre medias, ocupando gran parte de la muestra y de la propia vida de Nixon, los retratos. Las personas que en sus vistas de urbanidad se hallaban ocultas, insignificantes. “Siempre veo algo tremendamente poderoso en las personas y, puesto que por regla general a ellas les gusta ese reconocimiento (su porte, su sonrisa, sus caricias), se establece una especie de contrato, como una seducción –explicaba el propio Nixon en una entrevista a Carlos Gollonet, el comisario–. A la gente le gusta la cámara. Es de madera, amable, aparentemente lenta, así que hay una mayor sensación de participación”. Sus series, distribuidas en estas salas a lo largo de Porches, Las hermanas Brown, Ancianos, Personas con SIDA, Parejas, Fotografías familiares, Retratos y Bebe y yo nos introducen en el verdadero mundo de Nixon: el de lo imperceptible. Detalles de la piel, de la respiración, del pasado, del alma. Tiernos instantes de la cotidianeidad de Massachusetts, New Jersey o Florida evocan en ocasiones lo pictórico, como ocurre con ¿el abuelo y el nieto? de En Memorial Drive cerca del MIT, Cambridge (1979), viva recreación del Baño en Asnieres de Seurat (1884).

La cámara de Nixon fue, poco a poco, acercándose más a las personas que retrataba, valiente y segura, hasta formar parte, con permiso, de su pequeño privado espacio. Así, series como Ancianos (1984-1985) o Personas con SIDA (1988) resultan doblemente emotivas. Impactantes por su sencillez, amor y rotundidad. Igual de emotivos, aunque bajo un modo muy diferente, resultan los recuerdos capturados de su familia: la inocencia de sus hijos y la afabilidad de Bebe, su mujer, nos hacen testigos de una vida llena de mágicos momentos que un fotógrafo, de igual forma que un poeta, no podría dejar huir sin dar de ellos testimonio. Solo con ella, con Bebe, se fotografía a sí mismo, y es entre ambos donde podemos al fin ponerle rostro y comprobar la complicidad existente entre ellos. Así como entre ella y sus tres hermanas, Heather, Mimi y Laurie, a través de la famosa serie Las hermanas Brown, iniciada en 1975 de forma totalmente casual y espontánea y que continúa, como un ritual anual, hasta hoy.

https://twitter.com/eldebatedehoy/status/882211173428539392

El tiempo, que no cesa, que no da tregua. Y que es pura vida que roza, abraza o hiere. Hermoso leitmotiv de Nicholas Nixon. “Me hubiera gustado hacer mejor los proyectos sobre las personas –reflexiona en la entrevista anteriormente mencionada–. Haberles pedido aún más de sí mismas y de mí mismo. Haber sido mejor. He disfrutado mucho haciendo esta retrospectiva”. ¿Y ahora, con el tiempo que queda? “Ahora empezaré con algo nuevo. No sé exactamente qué todavía, pero creo que implicará buscar más personajes de los míos. Quizá desconocidos otra vez, no estoy seguro, pero me siento bastante osado al respecto, si no es demasiado presuntuoso por mi parte decirlo”. Lo que la vocación pida.

Escrito por

Ilustradora, graduada en Humanidades por la USP CEU y máster en periodismo cultural. Ha trabajado en medios como la revista Leer y Hombre en camino.

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